Veremos cuánto habrá que esperar hasta que tengamos otro Javi

Veremos cuánto habrá que esperar hasta que tengamos otro Javi
XABI MADINA

Hablar de Javi Salgado es hablar de la historia reciente del baloncesto en Bilbao. Sin duda hay muchos protagonistas en la etapa post-Caja Bilbao en lo que al baloncesto profesional de la capital vizcaína se refiere, pero pocos con derecho a poner su nombre en letras más grandes y brillantes que las de Javi. Y no solo por el plus que supone el ser nacido en la propia ciudad, veremos cuánto habrá que esperar hasta que tengamos otro bilbaíno que se acerque a su nivel, sino porque su crecimiento como jugador y el del Bilbao Basket como club fueron de la mano y el uno no puede entenderse sin el otro.

Muchos de los que vivimos de cerca la desaparición de aquel Caja Bilbao que se ganó sobre la cancha el retorno a la ACB, y la consiguiente travesía por el desierto del baloncesto vizcaíno, casi habíamos perdido la esperanza de volver a ver baloncesto de primer nivel en Bilbao. Pero la oportunidad apareció en forma de un nuevo club en la tercera categoría estatal. Tras un primer año de experimentos con gaseosa, la siguiente pretemporada apareció sobre la pista de entrenamiento del polideportivo de Zorroza un chaval joven al que le sobraba tanta calidad como desparpajo. Rápidamente se echó el equipo a la espalda y lideró un proyecto ganador que en poco tiempo puso a Bilbao en el mapa europeo del baloncesto.

Han sido muchos años en la élite, y Javi Salgado ha sido capaz de mantenerse a un alto nivel competitivo en un baloncesto cada vez mucho más físico. Siendo un base pequeño, Javi sacó enorme rendimiento a su aparente hándicap físico, compensando su estatura con una movilidad y visión de juego sobresalientes. Siempre en los primeros puestos en la estadística de asistencias repartidas, su inteligencia a la hora de elegir la mejor opción ofensiva siempre fue una de sus armas, y con el paso de los años su mayor conocimiento del juego no hizo sino mejorar su capacidad de generar juego para su equipo.

Quizá le haya quedado clavada la espinita de no haber podido disfrutar sobre la cancha de Miribilla de los años más gloriosos del Bilbao Basket, pero el haber sido pieza fundamental a la hora de devolver a su equipo a la élite en su última campaña de corto seguro que le deja un sabor de boca inmejorable a la hora de cerrar su etapa como jugador profesional.

Tras tantos años en primera fila, y con el agradecimiento eterno de las gradas del Bilbao Arena, el mejor homenaje que se le puede hacer a Javi es cuidar muy bien ese proyecto llamado Bilbao Basket que él ayudo a cimentar primero y a colocar después en el lugar que le corresponde. Seguro que él, como siempre ha hecho, pondrá su granito de arena para conseguirlo.