Las enseñanzas del señor Miyagi

Las enseñanzas del señor Miyagi
Fernando Gómez

El RETAbet necesita ponerse a la altura de la dureza del Valladolid para sumar la quinta victoria que le mantiene colíder

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Este colíder tiene buena salud. De hierro. Energía suficiente para solventar las pruebas a las que sus osados rivales le someten cada semana. Unos lo hacen por atrevimiento, inspirados en la conquista de un estandarte que aún huele a ACB. Otros porque tienen un caché similar y saben que en esta categoría hay que porfiar hasta las últimas consecuencias, con el 'morir matando' tatuado junto a sus corazones. El Valladolid responde al perfil B y, como se esperaba, le ha hecho sudar, deshacer entuertos y enfrascarse en un tipo de batalla que no es la suya a un RETAbet que salió de Miribilla reforzado, con el mentón alto, ganador de una pantalla que requirió de otros argumentos añadidos.

Porque tuvieron los hombres de negro que enfangarse para sacar adelante un partido libre, sin dueño mientras las defensas fueron vulnerables. Las facilidades fueron limitándose en ambos bandos y entonces tocó acceder al lodo, salir de las trincheras y aceptar la consigna del señor Miyagi su «dar cera, pulir cera» como si se tratara de una obligación, de una condición ineludible. El problema surgió cuando los locales, que bastante tenían con garantizar su integridad física, se despistaron porque el arbitraje hablaba dos idiomas, dependiendo del lado de la muga en que se encontrara la acción.

84 Bilbao Basket

Schreiner (12), Brown (17), edu Martínez (9), Cruz (5) y Larsen (16) -equipo inicial-; Rigo, Salgado (10), Huertas (3), Lammers (6), Demetrio (6).

77 Valladolid

Alvarado (5), Gantt (12), Novas (3), De la Fuente (18) y Aboubacar (2) -equipo inicial-; Torres, Kazadi (6), Álex Reyes (17), Hayes (10), Adekoya (4).

Parciales
: 26-22, 16-20 (42-42), 25-19 (67-61), 17-16 (84-77).
Árbitros
: Zafra, Caamaño, Pinela. Lamentables. Sin eliminados.
Incidencias
: presenció el encuentro el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto.

Zonas, pasos y más manos que en el próximo Lejarraga-Gavin sin sanción para los pucelanos y acumulación de faltas por malas ideas en el debe bilbaíno, ya que catalogar el roce como delito deportivo suena muy excesivo. Preocupado del rival y de los colegiados, el RETAbet jugó la segunda parte demasiado tiempo con el freno de mano echado. Hasta que entendió que ya que te van a pitar, que sea por algo. Cuanto más visible, mejor. Y cuando se equilibró la intensidad de los empujones, placajes y manos voladoras en el rebote, los silbatos enmudecieron.

Hasta ese instante, sobre todo en los veinte minutos del tramo de ida, los de Mumbrú adolecieron de una defensa permeable. De la Fuente abrió la barra libre y Álex Reyes trasladó los problemas al perímetro. El resto lo conseguían la tropa de Paco García con intensidad, mucha, extrema, como debe ser. Ventajas testimoniales, imposibles de ampliar con el partido constreñido al formato intercambio de canastas. 22 puntos encajados en el primer cuarto, más veinte en el segundo. Demasiados. El primer conato de reacción correspondió a las 'ardillas' pucelanas, con un 0-7 que les puso por delante en el luminoso (33-34) antes de que los anfitriones repitieran ese mismo trance para volver a escapar 40-34. Solo eran amagos.

Igualdad al descanso

Reyes acallaba los espasmos vizcaínos. Lo mismo clavaba triples solo en la esquina, con tiempo sobrado para recolocar los pies y casi peinarse, que atinaba sobre la bocina emulando la variante zancuda de Llull desde lontananza. Empate a 42 para visitar un vestuario en el que Álex Mumbrú trató de poner las pilas mentales a sus hombres. Inferiores en el rebote y con el triple aún como materia a recuperar, los tiros libres constituían un nutriente indispensable para mantenerse en la pelea, ya que tampoco se había sacado demasiado rendimiento a las ocho pérdidas provocadas.

La reanudación presentó a un Bilbao Basket más enojado consigo mismo. Parcial de 6-0 con el primer triple de Brown y un dos más uno de Salgado. La línea mágica volvía a ser amiga y todo apuntaba a que el viento rolaba y propulsaba a los vizcaínos hacia aguas más navegables. Craso error. Entró en bonus a los cinco minutos y uno después el contador de personales en ese cuarto arrojaba un inexplicable saldo de 7-1. Había patente de corso para que Hayes impusiera su anatomía a la de Lammers, o para que los empujones se sucedieran cada vez que se pretendía frenar una incursión. Esa bipolaridad en el criterio aturdió al RETAbet, pero ya se veían otras hechuras en su comportamiento. Schreiner era un seguro de vida, Brown ampliaba su producción y a Larsen poco le importaban las moles con que lidiaba. Sacaba rebotes y recursos sudados y sangrados. El danés sería decisivo.

Mumbrú no quiso quedarse de brazos cruzados. Alineó para el sprint final a tres pequeños tutelados por Edu Martínez al cuatro. El alero sigue siendo un caso a analizar. Sus estadísticas, siendo aceptables, no despiertan loas hasta que la atención se centra en el más-menos que refleja el marcador del equipo con un jugador determinado en pista. Su saldo, el mejor, era de +21 en un encuentro jugado a la piedra, sin tirones ni ventajas más allá del simbolismo de media docena de puntos. Sus intangibles son más invisibles que en otros casos, pero la realidad es que ahí están.

Con 72-63 y posesión, el Bilbao Basket pensó tener media vaca ya vendida, pero tuvo aún que pagar el último peaje arbitral. Deslomado Lammers por un empujón sin castigo, la transición concluyó con un tres más uno para De la Fuente por recibir una mala mirada de Tomeu Rigo. El parcial de 0-6 dejó a tiro de triple al Carramimbre, pero los locales no permitieron más insubordinación. La hora feliz de la estopa dejó atónitos a los árbitros, que recularon y dejaron que cada cual hiciera uso de la leña. Y ya en igualdad de condiciones, la experiencia de Schreiner y el brutal despliegue físico de Larsen solucionaron el rompecabezas. Una filigrana, que en realidad fue un 'airball' del austríaco al quedarse sin tiro y buscar anotar de espalda, acabó en manos de Larsen con el tiempo justo para dejar una bandeja. En la siguiente acción en la pintura visitante, Larsen se dejó la vida en un rebote de ataque que derivó en una asistencia para triple de Brown. Partido resuelto, porque la defensa coral fue sublime en la última media docena de posesiones vallisoletanas. La quinta al zurrón.

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