Desconectados en el peor momento

Desconectados en el peor momento

Los hombres de negro ceden el factor cancha al Palencia al bloquearse tras el descanso en un partido rebosante de cera

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

La letra pequeña. Lo avisábamos la víspera no por alcanzar un estado de iluminación, sino por las horas de vuelo acumuladas. Es más viejo que la 'Chelito' recordar que el play-off es un submundo, una competición formada por episodios independientes, en los que los mismos protagonistas pueden desempeñar papeles antagónicos. El bueno deja de serlo por exigencia de la trama. O el que solo aparecía en un cameo en el capítulo piloto puede acabar como héroe en su continuación. Mejor dar primero, como hizo el RETAbet el viernes. Pero eso no garantiza que no te vayan a temblar las piernas pese a estar sujetas por el apoyo de más de 8.000 seguidores de una causa que sigue vigente. «Es hora de volver». Con la serie contra Palencia empatada y necesitando al menos una victoria a domicilio la próxima semana para recuperar el factor cancha por si fuera necesario, el RETAbet ya trabaja en la cura de sus heridas.

Incluso saber que puede suceder, que no es una sorpresa, no evita la sensación de frustración. Estaba todo a favor de los hombres de negro y el 'efecto Miribilla' fue vulnerado. No parecía que fuera a darse el caso como empezó el partido. El Palencia salió de su madriguera y decidió combatir en campo abierto. Por un momento sonó a rendición prematura porque un intercambio directo de golpes se antojaba favorable a los de casa. Brown enchufado de nuevo, como el viernes; Edu Martínez clavando el primer triple que buscó y Salgado propulsando el vuelo de Lammers después de que Mumbrú acelerara el ritmo de rotaciones respecto a su esquema tradicional. 22-13 en el luminoso, que se redujo a 22-17 al final del primer cuarto. Perspectivas, óptimas.

Hasta quedaba en segundo plano la querencia de Aitor Zubizarreta por aplicarse en ser el malo de la función. Se esmeró lo suyo. Y cuando lo hace, queda en evidencia como un mal actor y un jugador vulgar que, además, pega a destiempo y sobreinterpreta. Guardó su verdadero daño para más adelante e hizo olvidar temporalmente el déficit de bases que tiene la franquicia palentina. Y que nadie confunda intensidad o implicación con lo que supura su no juego.

Volvamos a lo nuclear. Fue como si rolara el viento y pillara al timonel confiado con el último parte recibido, el que refería brisa estable. Vasturia emergió de donde había estado recluido por la defensa vizcaína y pobló sus hombreras de galones. El viernes, la entrada de Rigo le quitó al estadounidense buena parte de las ganas de enredar. Esta vez no hubo un cuidado especial. Carles Marco incitó a los suyos a cerrar el rebote y correr. Así se entró en el nacimiento de un vórtice cuya fuerza centrífuga succionó y desencajó a un Bilbao Basket que fue adentrándose en un mar de dudas.

Mumbrú no quiso añadir más materia en la mente de sus jugadores y retrasó el cambio de cromos. Lo hizo cuando la ventaja ya se había difuminado (32-31) camino de un descanso al que se llegó con tablas en el luminoso. 37 puntos cada bando. Tampoco era lo esperado, pero si hay más o menos unanimidad en el que el fondo de armario favorece a los de Miribilla, recurrir a la paciencia a la espera de mejores minutos sobre el parqué relativizaba la sensación de haber pinchado en hueso.

Arbitraje lamentable

Y menos nubarrones aún cuando Edu Martínez dio por estrenada la segunda parte con un triplazo. Y, sin mayor explicación que una desconexión total, el RETAbet se quedó petrificado. Desde la casilla de ese 40-37 fue perdiendo de vista al Palencia. Primero con los puntos trabajados por Gustys en el rebote de ataque ante Lammers. Después con el relevo tomado por Grimau. La primera tacada se concretó en un 0-11 (40-48) en menos de cuatro minutos. Fue una daga que alcanzó una arteria vital, aunque la hemorragia tardara en avisar de la gravedad. Brown se cargaba con la cuarta personal en la maceración de un arbitraje que ruborizaría a un aficionado neutral. Barra libre. Los locales se habían olvidado tanto de defender como de tener mesura en busca de buenas opciones de tiro. Aun así, en el tercer cuarto se embolsaban un 9-5 en faltas (creció hasta un 20-11 durante el total de la segunda parte).

Que influyó el lamentable arbitraje, concediendo 34 visitas a la línea de castigo (el doble que el Bilbao Basket), es una verdad tan irrefutable como que en el lapso en el que los de Mumbrú perdieron el norte fue cuando menos incidencia tuvo el doble rasero de un trío que no incluyó la ecuanimidad en sus bolsas de viaje. Un parcial arrastrado de 7-20 (13-26 en el cuarto) destrozó todo lo plantado anteriormente. Tocaba repasar el tomo de las heroicidades en busca de algún episodio similar, que los hay. Pero no dieron con ese mapa salvador y permanecieron perdidos en el laberinto al que ellos mismos contribuyeron a espesar sus paredes.

Los triples de Matulionis abrieron una rendija, pero fue demasiado enjuta para que cupiera por ella la esperanza de remontada. El mal, además de estar hecho, había arraigado. Palencia jugó sus cartas a la perfección y el arbitraje siguió ahorrándole energía a consumir. Agradecido, el conjunto de Carles Marco lo usó como comodín. Mumbrú trató en vano de reformular el juego colocando en pista a sus dos bases y sus dos pívots, con el alero lituano como nexo. Pero el gancho en el cuello les impidió maniobrar.

Media semana de reflexión, terapia y recuperación. Y a Palencia a arreglarlo. Si la cera de los chocolateros ha hecho 'chof' en el Bilbao Arena, que se preparen los hombres de negro para la cita del viernes noche. Ese es ahora el partido más importante del año. Quien lo gane se habrá calzado las botas de siete leguas camino de la Final Four.

Más información