A pedir de boca

A pedir de boca
Pedro Urresti

Victoria contundente del RETAbet ante un Palencia sobrepasado, que allana el camino de los hombres de negro hacia los play-off como cabezas de serie

J.M. CORTIZAS

Uno de esos días en los que todo sale a pedir de boca. Hay que valorarlos, por escasos. Victoria contundente, espectáculo muy entretenido para más de seis mil aficionados, segundo puesto en solitario y la ecuación para ser cabeza de serie en los play-off casi despejada. Una matinal dominical en la que imperó el deseo, la tensión, la excitación de querer jugar versus el sentido victimista del juego. Así pareció llegar el Palencia a Miribilla, a que no le hicieran mucho daño. Y se llevó una buena tunda. Sólo con el triple de Hermanson que abrió el marcador y un par de fases iniciales en las que el arbitraje desquició a los hombres de negro pudieron los chocolateros estar en el partido. El resto fue encajar y encajar hasta que su mentón dijo basta.

Es indudable que el Bilbao Basket va in crescendo. No sólo porque lo diga su racha abierta de cuatro victorias seguidas. Álex Mumbrú sigue dando vueltas a la tuerca de la implicación y tiene a todos sus efectivos enchufados, con el pique sano por ser cada cual más útil al grupo. Se nota atrás, donde los rivales sienten que la defensa es una actitud, un estado de conexión mental entre los cinco compañeros en pista. Muerden por intensidad sus jugadores, negando espacios, usando manos en las líneas de pase para la rapiña de balones. Esa condición es vital. El equipo lo ha entendido y va perfeccionando su sistema de contención ante oponentes de todo pelaje. Y cuando le salen las cosas y las cuentas, reflejadas en un tanteador bajo del prójimo, se viene arriba, corre, confía y triunfa.

Un arbitraje demencial

Ser poderoso en el rebote y mejorar notablemente los porcentajes de tiro van en el mismo lote. Parece que son estaciones incomunicadas por la misma vía, pero se combinan para que el RETAbet avance multiplicando sus leguas. Con Brown como primer ejecutor enchufado y Schreiner leyendo bien el prólogo, los de Miribilla abrieron fuego y establecieron una primera tacada para irse 14-5 en el luminoso. Un arbitraje demencial, que perduró todo el encuentro e indignó a jugadores y grada hasta ganando por 30 puntos, descolocó a los locales. Con 7-1 en faltas y el Palencia abusando de los contactos, las distancias decrecieron. pero fue solo un reajuste.

Aprendieron los anfitriones a convivir con esas atípicas reglas del juego y convirtieron el mosqueo por no ser medidos por el mismo rasero en energía, rabia y ambición.El aro empequeñecía cuando apuntaban los palentinos, que dejaron una buena muestra de airballs en Miribilla. Aunque Vasturia se ponía en faena sacando sendos dos más uno, acabó mimetizado entre la nada. Sólo había un equipo sobre el parqué bilbaíno y era el de casa. Matulionis y Demetrio mantenían el listón inalcanzable y Larsen se desquitaba de su frustración en jornadas anteriores y con su oficina permanente instalada en la pintura no dejaba de extender certificados de anotación, casi siempre desde la línea de castigo tras ser objeto de un acoso constante, llegando incluso al derribo.

Con Salgado, Cruz y Lammers llegó lo más parecido al tramo escandaloso de la mañana. Cambio automático, gas a tope y rebote y velocidad movían sin cesar el contador hasta doblar al Palencia (44-22) cuando aún se estaba en el minuto 17. Todo rodado, salvo que el Bilbao Basket desempolvara su querencia a meterse en problemas sin haberlos. Esta vez, no. Para plantear la cura lo ideal era regresar del vestuario con idéntico caché, con una imagen aguerrida, ambiciosa, activa. Parcial de 10-2 para llevar al luminoso un hiriente 58-31.

El partido estaba resuelto y quizá por ello sobraron varios episodios. Los deslices arbitrales seguían con la inquina. Lammers se quedaba en la estadística sin dos soberanos tapones legales, a un muy mejorado Edu Martínez le pitaban hasta por respirar, pero no sucedió lo mismo cuando Zubizarreta ponía precio a la cabeza de salgado. Una cosa es seguir con el plan trazado por Carles Marco de intentar desestabilizar al de Santutxu. Hasta ahí, de acuerdo. Lo de abusar de la intensidad, la reincidencia –favorecida por la apatía arbitral de un trío que pitó la víspera el Gernika-IDK de Liga Dia–, con atisbos incluso de provocación hacia un excompañero y una exafición carecían de recibo en el caso del base gipuzkoano. Si quería demostrar algo, no eligió bien el marco para hacerlo.

Cruz fue el ejecutor del Palencia. El madrileño se puso tibio con su muestrario de opciones al poste bajo. Demetrio y Larsen acabaron acumulando el trabajo interior con Lammers reservado para futuras ocasiones. Huertas volvió a ser el jugador valioso, combativo y con recursos en el tiro y el RETAbet pudo endosarle al visitante una derrota de escándalo de no haberse dejado arrastar a un correcalles cuando su renta máxima fue de 36 puntos. Los chocolateros, con mucha sobreinterpretación en su clan balcánico, recurrieron al infalible Urko Otegi, a los puntos contenidos de Vasturia y a la faena de maquillaje de Kone Moussa en los minutos de la basura.