Final de la Copa de la Reina

Bastante más que un simple título para el RETAbet

Jugadores del Bilbao Basket a su llegada a Sevilla. / FERNANDO GÓMEZ

Con los elementos en contra, desde el factor cancha a un rival que no recuerda lo que es perder, Mumbrú y sus hombres confían en su valentía

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Copas. De todos los colores, formas y tamaños. Ganada la de la LEB2 cuando nadie se hacía una idea de la propulsión celérica que tendría el proyecto. Perdidas dos en LEB Oro, a cambio de un ascenso a ACB que lo cambió todo. El torneo del k.o. siguió llamando a la puerta de la franquicia vizcaína con el marchamo del Rey y también traspasando fronteras en la Eurocup, donde el Bilbao Basket era año sí año también uno de los candidatos a la gloria. Recordaba hoy mismo Álex Mumbrú que está muy bien eso de jugarlas. Y él, que en otras vidas ajeno al uniforme negro, las ganó reconoce que eso, vencer, es lo que las hace realmente diferentes.

El sábado (18.00), como si de una producción Disney se tratara la cita es con la Princesa de Asturias. El trofeo que lleva su nombre enfrenta a, cosas del destino, los dos equipos que están este curso en la LEB limpiando sus almas tras los pecados que les empujaron a un infierno en la tierra como es la segunda categoría del baloncesto estatal. Pero es en la que están y estúpidos serían si no le dieran valor a una cita que tiene todos los ingredientes para hacernos pasar una gran tarde de sábado en el pabellón San Pablo.

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Con todo en contra, el RETAbet busca el trofeo. Quiere, levantándolo, agradecer a su marea negra que no le haya dado la espalda. Al contrario. El aforo de Miribilla se sigue contando por millares de asientos ocupados cada jornada. Además, ser campeón tiene un premio que sólo podría satisfacer el Bilbao Basket. A falta de 13 jornadas el Betis lleva cinco victorias que son como cuerpos de ventaja que le auguran una llegad triunfal y relajada a meta. Suyo será, si no se produce un cataclismo, el ascenso directo. Y al trofeo de la Copa Princesa va grapado el privilegio de acceder como segundo clasificados a la lucha por la otra plaza en la Liga Endesa, vía formato play-off y posterior Final Four. Si los de Mumbrú salen en la foto bajo la lluvia de confeti, dejarán de preocuparse tanto de los resultados y averages para centrarse más en el juego y la conexión de todos sus elementos.

Impone la misión, por mucho que Mumbrú busque resortes emocionales para cargar las baterías de su tropa. El Betis es local, viene de acumular dieciocho victorias consecutivas en una racha que mantiene abierta y el síndrome del visitante lleva diez años sin permitir que una Copa se le escape al equipo anfitrión. Para los perspicaces, ceño fruncido con la designación arbitral.La Federación no entiende de aquello de que «además hay que parecerlo». De las siete derrotas que tienen los hombres de negro cuatro se acumulan en partidos pitados por el trío copero, con cuyos integrantes nunca han ganado. Por supuesto que hay que confiar en la mente virgen con que acuden los trencillas a su trabajo. Pero no deja de ser un dato (y el basket es un deporte empírico donde los haya) que llama la atención.

Entre 100 y 200 aficionados de la franquicia vizcaína estarán in situ en San Pablo. Hay una tirada hasta la capital andaluza, los aviones salen por un pico cuando aún colean las consecuencias de los gastos navideños, y meterse diez horas de coche en pleno invierno tampo es agradable. El aforo que ronda las 1.500 plazas de la zona habilitada en el Palacio Euskalduna para seguir el partido a través de una pantalla de 25 metros cuadrados se va a quedar pequeño para quienes tiren de pulmón y proyecten desde el corazón del 'botxo' su aliento al equipo. Como el que brinda EL CORREO con un patrocinio constante desde la fundación del club en el año 2000. Porque una Copa es cosa de todos.

 

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