El sufrimiento más dulce

Los jugadores dan las gracias al público. /Luis Ángel Gómez
Los jugadores dan las gracias al público. / Luis Ángel Gómez

El RETAbet supera con suspense al Melilla y consigue el factor cancha para los play-off

JUANMA MALLO | J. A P. CAPETILLO

No firmó este domingo el RETAbet el mejor partido de la temporada, ni mucho menos, pero supo apretar los dientes para superar al Melilla y certificar el factor cancha en el play-off de ascenso. El Bilbao Basket, fallón en el triple y desde la línea de tiros libres -excelente, en cambio, en el rebote ofensivo-, pasó serios apuros para tumbar a un adversario con una mínima rotación. Se empachó de la escasa velocidad que quiso colocar en el parqué el cuadro visitante y sufrió. Sin embargo, a base de defensa, de saber sufrir y ser un equipo, sumaron un triunfo que sirve para demostrar que, cuando las cosas no salen, también se puede ganar.

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Comenzó el RETAbet como un torbellino. Le concedió la primera canasta al Melilla, a modo de buen anfritrión, para luego encender la apisonadora, sin dejar respirar a un adversario que malvivía gracias a las canastas de Dos Anjos. De hecho, en el 21-8, los puntos anotados por los norteafricanos pertenecían al brasileño. Ésa fue la máxima renta de unos hombres de negro que se desinflaron con el paso de los minutos. Permitió crecer una pizca a su contrincante, que maquilló el primer parcial con un 0-5 que le dejaba a menos de diez puntos de distancia, esa renta que llaman psicológica. Y apareció Gilling para, después de 8 minutos y 20 segundos, colocar otro nombre en el apartado de anotadores visitante.

Ese arreón, mínimo pero acercamiento al fin y al cabo, del Melilla gozó de continuidad en el segundo cuarto. Los hombres de negro, sin el empuje de la primera fase, contagiados del ritmo lento de su oponente, no encontraban el camino para percutir en el aro rival, ni para detener a un equipo que, con el paso del tiempo, adquirió esa confianza que, en ocasiones, te permite coger el rival, en este caso el Bilbao Basket. No se puede decir, ni mucho menos, que los vizcaínos no estuvieran enchufados -celebró Rafa Huertas un saque de fondo a favor de la tropa de Mumbrú igual que se festejaría un triple en el último segundo-, pero la cuestión es que la renta adelgazaba. Porque volvió esa cuestión que tantos quebraderos provoca en esta formación, el escaso acierto desde la línea de tres: al descanso un 26,7%, esto es, cuatro de quince intentos. Al descanso, la renta era de cuatro puntos...

Lo peor estaba por llegar

Pero lo peor estaba por surgir en el Bilbao Arena. Un terrorífico tercer cuarto: malas elecciones de tiro, fallos, precipitación, lentitud... Un cúmulo de causas que provocaron que los hombres de negro, después de muchos minutos, se vieran por detrás en el marcador de nuevo. Fue un 38-39. Ahí arregló Salgado el desaguisado con un triple. Resultó efímero. Imprecisiones, malos entendidos entre los hombres de negro, un pase interpretado de la manera errónea, sin rapidez... Varios contratiempos que dieron vida al Melilla y le permitieron situarse incluso cinco puntos por encima (44-49). Tampoco hay que olvidar, aunque a Mumbrú y su tropa no le gusta hablar de los árbitros, que algunas decisiones del trío colegial causaron desconcierto; por ejemplo, una falta señalada a Cruz en la que el madrileño firmó un tapón perfecto.

No era el día. Ni el parcial. Huertas, desde el 6,75 arreglaba las cosas, pero Agaba, que robó el papel estelar en los norteafricanos a Dos Anjos, replicó. Cuatro abajo y a remontar en diez minutos.

El asunto empezó bien. Canasta del Bilbao Basket. Un triple de Schreiner (55-54) y un señor mate de Lammers (57-54)... Pero el Melilla no se podía permitir hincar la rodilla, está en el límite para el play-off. Y lo demostró. Empate (59-59). Desde ese momento, el caos protagonizó el encuentro. Pérdidas de balón, lanzamientos fallados. Ninguno de los dos oponentes acertaba. El que tuviera los nervios más templados se iba a llevar el encuentro. Y fue el RETAbet, no sin una dosis enorme de sufrimiento y con una defensa sensacional. Dos tiros libres de Edu Martínez (61-59).

Un minuto y medio sin anotación, cada uno hacía la guerra por su cuenta. Tic-tac. Pasaba el tiempo. Y Demetrio anotó otro tiro libre, tres arriba. Quedaban, eso sí, 43 segundos. La tuvo Zyle para empatar, un triple. Erró. Y el brasileño de los hombres de negro contó con otros dos tiros. También los falló, pero Larsen estaba atento, un nuevo rebote ofensivo -20 recaudaron los vizcaínos, una cifra brutal, cuatro en el ocaso del duelo-, y el triunfo se quedó en casa. Uno más. El sexto consecutivo. Un nuevo aprendizaje para el play-off de ascenso.