RETABET BILBAO BASKET 98-REAL BETIS 68

El RETAbet le deja al líder bien servido

Cruz suelta una bombita ante Stainbrook con Lammers pendiente del rebote. Ambos han jugado de sobresaliente /Fernando Gómez
Cruz suelta una bombita ante Stainbrook con Lammers pendiente del rebote. Ambos han jugado de sobresaliente / Fernando Gómez

Los hombres de negro apalizan al Betis y devuelven Miribilla a un estado catatónico de complacencia y felicidad

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZASBilbao

Ni en los sueños más rebuscados. No por falta de confianza, que también tras la decepción de Valladolid. Pero la capacidad del Real Betis para hacer daño al prójimo pesaba mucho en el ambiente y en la previa. El RETAbet partía con la espada de Damocles sobre su cabeza, forzado a marcar esta muesca para no perder terreno en la defensa del segundo puesto y hasta en el margen de credibilidad acerca de su rango de mejora en la recta final de la temporada. Claro que se podía pensar y apostar que había espacio para un golpe en la mesa de los hombres de negro reivindicando su lema del curso, «Nuestra casa, nuestras reglas'. pero crean que ni en el más feliz de los vaticinios figuraba que el Bilbao Basket le diera un repaso tal al líder casi intocable de la LEB Oro. Partidazo, se mire por donde se mire, éxtasis en las gradas y sonrisas inabarcables hasta en quienes no jugaron. Equipazo, habría que añadir dado lo coral y solidario del trabajo realizado.

Era obvio que algo había cambiado. Lógico porque ciertos aspectos del juego de la franquicia de Miribilla corrían el riesgo de enquistarse. Como el manido tema del acierto exterior y el bucle sin fin de equipo que tira solo y falla provoca mayores facilidades aún del rival, que prefiere no salir de su guarida y apostarse para que nadie perturbe su paz en las distancias cortas. Mumbrú cambió de plan y le salió de lujo. Si se jacta, con razón, de modo habitual de contar con un gran elenco interior y sabe que en el juego medio dispone igualmente de estiletes con punta cortante, sólo le quedaba al técnico proyectarlo a la cancha. Quiso llevar el partido a un terreno mucho más directo, también complicado y machacante para el físico. Conectar con los pívots o en su defecto abrir vías de acceso al aro. Erre que erre, aparcando la querencia a buscar el perímetro cuando las cosas no salen o el castigo corporal comienza ya a doler.

Fue un buen arranque para mantener el pulso en sus marcas de salida. Ida y vuelta en el luminoso (0-3, 9-3, 9-11) hasta el 17-21 de la bajada de bandera en el primer cuarto. Un RETAbet duro, bien puesto, que no tardó en provocar dudas a los béticos con sus intermitentes defensas zonales. Un conjunto local que no se arrugaba pese a que ante el líder parece que todo lo evidente, desmedido y descarado vale. Curiosa reacción plañidera de Curro Segura desde las primeras de cambio pese a que a sus hombres les dejaban hacer. También en la pista mostraban sus progresos en el método del 'Actors Studio' y eso que los palos que ellos firmaban eran de los que suenan. Lo único que hicieron los de Miribilla fue aplicar el espejo y así todos en las mismas condiciones.

Con una tacada de 14-3 en los primeros cuatro minutos y medio del segundo acto, la obra cambió por completo. Sin despegarse en el marcador más allá de los cinco puntos, el anfitrión sí había impuesto una norma que podía parecer suicida. Asumía plantarse en mitad de la lona e intercambiar dinamita. Y sin que sus mentes trastabillaran con brotes de psicodelia arbitral. Una zancadilla de Stainbrook a Brown de roja directa sobre un césped al cortar una contra. Ni sancionada con falta. En el siguiente ataque el pívot, que se pagó su MBA en Xabier trabajando como conductor de Uber con su Buick Rendezvous, sacó a pasear su codo y sólo la falta de filo evitó que Schreiner acabar degollado. No contento con ello, retó al base austríaco con gestos para seguir la pelea fuera del recinto.

La primera premisa estaba cumplida. El Bilbao Basket iba a llegar vivo, entero, sin la cara marcada, al descanso. Pudo hacerlo mejor ya que Brown, que se había enmendado de sus pérdidas y era ya un atacante descarado y directo, se sacaba un dos más uno cuando inició la última posesión a diez segundos de la chicharra. La réplica bética se tradujo en un triple a un pie de Dani Rodríguez tras combinar con Borg y avanzar a campo local. Todo ellos en menos de cuatro segundos. 43-42 y un dato que verificaba la nueva hoja de ruta. Bueno, dos. La entrada en rotación de Rigo, acabando inactivo Huertas, y la insistencia en que el triple se quedara sólo como un recurso. En los veinte minutos iniciales 23 tiros cercanos y únicamente seis desde la línea mágica. La consecuencia empírica, incontestable. 30 puntos canjeados en la pintura. Y no con exclusividad para los pívots.

Volvieron los duelistas del vestuario y germinó la semilla vizcaína. Con rabia, una marcha más, llegando a cada punteo, no cediendo un centímetro. Y en ataque, con el aro entre ceja y ceja y la intención de visualizarlo lo más de cerca posible. Matulionis firmaba su tercer triple, que eran todos los del equipo, para iniciar el despegue (50-47). Porque los 7.000 espectadores que renunciaron a una matinal de buen tiempo para cumplir con su compromiso de que los hombres de negro caminen en la mayor compañía posible tenían ya el cosquilleo que prologaba que algo iba a pasar. O ya estaba pasando.

La efervescencia del RETAbet era incontrolable. Minuto de oro con una secuencia que provocó daño físico a la hora de prolongar el aplauso. Triple de Cruz, tapón de Lammers, triple de Brown. 58-47 y hasta luego, Lucas. Tacada de 15-5 en menos de cuatro minutos. Partido sentenciado. Por mucho tiempo que restara, un mundo, sobre la madera había dos rivales en sentidos cruzados. El Bilbao Basket avanzaba levantando polvareda a cada paso y el Real Betis vio que se había dejado en San Pablo los polvos mágicos y sucumbía en efectividad, juego a la mano, intensidad. En todo. Acabó doblando el anfitrión al líder en valoración (132-67), con siete jugadores de Mumbrú en dobles dígitos de valoración, sumando 55 créditos entre Iván Cruz y Ben Lammers.

La recta final incluyó cierta sobreexcitación que se atemperó desde la banda. No había por qué lacar el partido con una mano para atenuar los brillos. ¡En absoluto! Brillos en las ropas de Freddy Mercury y Amy Winehouse, presentes en Miribilla entre los disfraces que respondieron a la llamada de la franquicia para colorear el ambiente. Destellos en el parqué. Los que emitía un equipo que se hizo grande, enorme, solvente, disciplinado. El mismo que le hizo irse bien servido a un líder que, tras la Copa, se ha comido dos polvorones en la treintena en tres partidos. Ya avanzó Mumbrú que no había ánimo de revancha porque incluso ganando de 30 no te devuelven el trofeo. Cierto. Pero qué bien sienta una paliza así para que las gradas de Miribilla recuerden lo que es entrar en un estado catatónico de complacencia y felicidad.