Ambientazo en Miribilla

Ambientazo en Miribilla. / Pedro Urresti / Juanma Mallo

9.644 espectadores, lo nunca visto en la LEB, Oro llenan el pabellón para arropar a los hombres de negro en la cita decisiva para llegar a la Final Four

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

22.22 horas. Quedan 1'28 minutos para el final del encuentro que certifica el pase delRETAbet a la Final Four. Tiros libres para los bilbaínos. La ola en la grada, confeccionada por una marea de 9.644 espectadores. Lo nunca visto en la LEBOro. Insuperable. «¡Qué bote Miribilla!», corea un pabellón que se ha entregado a los bilbaínos, que ha cumplido con su parte y les ha llevado a la victoria. A escalar otro peldaño más hacia el objetivo, hacia el ascenso... Hacia la ACB.

22.26. Termina el encuentro. Edu Martínez levanta los brazos, Matulionis le copia; Rigo se abraza con Iván Cruz. Álex Mumbrú, caballeroso, se dirige al banquillo rival, saluda y mira al centro de la pista, donde se sienta su amigo Leiva. Cierra el puño, se miran, y sonríen con rabia. Otra meta volante superada. Quedan dos finales. Pero el equipo celebra esta primera victoria. Hacen la piña. Y sus compañeros levantan en hombros a Javi Salgado, el hombre de la casa. Su mujer, en la grada, se emociona. Cuando le bajan, el vizcaíno se dirige al córner, allí le esperan sus hijos. «¡Vamooos!», les grita. Es el rostro de la felicidad, del triunfo, del alivio. Y cuando ha pasado ya un rato del encuentro, la hinchada espera a sus héroes. Abrazos, aplausos. Es tarde, mañana hay que trabajar, pero ahí están, en el exterior del pabellón, con los deportistas que lucharán por devolver al baloncesto de Bilbao a la elite.

La hora de la verdad

Luces fuera. Se acerca la hora de la verdad. Quedan cinco minutos para que el balón vuele al aire de Miribilla, para que se active el último duelo de la serie de cuartos de final. Cara o cruz. El que gane pisará dentro de ocho días este mismo parqué, jugará en este mismo pabellón, seguirá en el raíl que tiene como estación la Liga ACB. Luces fuera. Linternas de los móviles encendidas. Presentación de los equipos. Con el RETAbet, la hinchada truena. Ha respondido al llamamiento realizado estos días por la plantilla. «Necesitamos Miribilla a reventar», reclamó el capitán Javi Salgado. Y la marea negra, cómo no, respondió. Y con refuerzos. A pie de pista estaban Leiva, amigo íntimo de Mumbrú, Iago Herrerín, e Ibai Gómez, que empleó su móvil para captar la emocionante puesta de largo de la escuadra local.

Como en las mejores noche

Pero el sonómetro alcanzó su mayor punto de medida de decibelios en los primeros instantes del encuentro; por supuesto, superado al final.La grada, en pie. Aplaudidores, negros cómo no, funcionando. Y la música de Aida de fondo.«Lo, lo, lo». Máxima presión, como aquellas noches de Euroliga, igual que si fuera un derbi contra el Baskonia. Vamos, como en los mejores tiempos. Sin embargo, un triple nada más empezar heló una pizca la embestida de la hinchada bilbaína.

Duró poco el impacto. Pronto se rehizo. Cuando anotó Brown el 8-7, pegó un acelerón. «Bilbao,Bilbao». El recinto vizcaíno vestía su mejor traje. Impecable, con todas las entradas vendidas. Sold out. Otra cosa es que algunos abonados no ocuparon sus asientos. Pero la noche era de gala. Se animaba cuando el equipo lo requería. Ya lo dijo Mumbrú la víspera: «Con la gente, el cansancio se nota menos». Y ese mensaje también aterrizó en el buzón de una grada que se encendía cuando los árbitros, en su opinión, erraban. Osi consideraban que algún jugador delPalencia debía ser descentrado. Ahí entró el factor Zubizarreta; su salida provocó una pitada. En líneas generales, de todos modos, la grada cumplió con su misión: espolear a la tropa local para crear una atmósfera nunca vista en un pabellón de LEBOro.

Testigos de esa coreografía entre el público y los jugadores eran Juan Mari Aburto, alcalde de la villa y candidato a la reelección, Lorea Bilbao, diputada de Euskera yCultura, Oihane Aguirregoitia, concejala de Juventud y Deporte, Xabier Otxandiano, encargado de Desarrollo Económico, Comercio y Empleo en el Consistorio bilbaíno, y Alfonso Gil, concejal del Área de Movilidad y Sostenibilidad y cabeza de lista del PSE en las municipales. Comedidos en su posición, las celebraciones eran cosa de la marea y de aficionados como Leiva, que celebró la raza de Lammers para atrapar un rebote, rectificar y anotar. «¡Vamos!», gritaba el cantante, igual que Herrerín e Ibai.

El tiempo pasaba, la energía de los deportistas bajaba –era el quinto partido en tan solo 13 días–, pero la de la hinchada no. Si eso, aumentaba.Cada punto de los vizcaínos era como gasolina para las gargantas de la marea. «¡Arribaaa Miribilla!». Y Miribilla se venía arriba. Cuando Iván Cruz cogía un rebote y lanzaba una contra, o Schreiner metía un triple desde su casa ya en el tercer cuarto...

La zona reservada a los familiares de los jugadores era un hervidero de nervios, pulsaciones disparadas, también un banquillo que siguió el último parcial en pie: Edu Martínez Huertas, Dani Martín... Los seguidores del Palencia, llegados en cinco autobuses, intentaban levantar a su equipo. Pero no fue suficiente. «Sí, se puede», gritaban cuando el Bilbao Basket se escapa de diez puntos. No surtió efecto.

El RETAbet jugaba con el cobijo de su afición, ésa que nunca falla. Ésa que el primer fin de semana de junio intentará guiar a los hombres de negro hacia ese sueño que tiene tres letras:ACB. Locura en el Bilbao Arena. Sonrisas.