La cara B del RETAbet, un suplicio

La cara B del RETAbet, un suplicio

Se queda en 45 puntos en Palma, sin average ni la segunda plaza y con la confianza en cuarentena porque cuando falla se descalabra

J.M. CORTIZAS

No. No se nos han traspapelado las estadísticas. Ojalá, pero no. Están anotadas todas las puntuaciones, los parciales, cada tiro canjeado en la ventanilla correspondiente. Y la suma no da para más de 45 puntos. Huelga decir que con tal guarismo no se gana un partido de minibasket, así que mucho menos se le puede hincar el diente a un rival que en su casa se ha hecho fuerte a base de subir líneas, ser duro y correr. Podría tener un pase que la explicación, o parte de ella al menos, tuviera que ver con que el Palma fue un carcelero implacable, de los que disfruta con su profesión. Y tampoco es el caso. La secuencia de punto por minuto y un poquito más entra de lleno en la saca del demérito de los hombres de negro, causantes de un suplicio en Son Moix.

Cierto que todos habíamos relamido quizá durante más tiempo del preceptivo el rastro de la paliza al Betis de la semana anterior. Se le dejó en 68 puntos como uno de los pilares del polvorón de 30 que se llevó para San Pablo. Este domingo en Palma el Iberojet ni siquiera llegó a esa marca. Pero sus 67 palotes se tradujeron en la cuenta del ábaco en un triunfo por 22, que descabalga al RETAbet de la segunda plaza, pone en cuarentena la corriente de confianza que había despertado y le hace perder además el average con uno de los posibles aspirantes a las cabezas de serie en los play-off. Vamos, que todo lo que pudo salir mal, sucedió. Porque este equipo se está especializando en que cuando falla se descalabra.

Lo dicho, demérito. Para empezar por arrancar en frío. Sólo los primeros instantes permitieron ver a un RETAbet reconocible. Fue un visto y no visto porque el luminoso no tardó en mostrar un 20-6 que despedía un tufillo recordatorio a lo padecido en el pabellón Pisuerga en la última salida a territorio enemigo. No, en ese momento la defensa no existía, pero en el tramo final del cuarto la eficacia de Lammers maquilló tan desmesuradas ojeras. Un mate del ingeniero de Georgia Techa, un robo que proyectó otro ataque para canasta de Cruz y, con sólo tres segundos para crear algo, saque de lateral de Brown en formato alley-oop que el texano convirtió en otra para abajo sobre el sonido de la bocina. 22-12. Llovía menos. O eso parecía.

Porque al Bilbao Basket le pasó lo que a los cicloturistas que se encuentran una rueda fuerte por la carretera, se aferran a ella en un repecho prolongado y cuando la dejan se percatan que se han quedado sin piernas para el resto de la excursión. Era todo cuestión de dureza porque de ella se extrae la tensión, un factor determinante no solo para defender. Se tiró varios lapsos de más de tres minutos sin anotar el RETAbet, pero a cambio había acercado el pulso a un estadio menos nocivo. Llegaba a ganar el parcial por un punto y se iba al vestuario con una gran preocupación. Bueno, unas cuantas más.

Era una pesadilla

Aunque el dato triplista era atroz, apilado en la cajón de la basura, más sangrante era la colección de canastas fáciles falladas. De lejos se tiraba muchas veces en soledad y agua. Desde el poste bajo, Larsen y Cruz se enfrascaron en una cruzada condenada al fracaso. Ganchos cortos por intimidación o falta de cálculo, bandejas pasadas de rosca, entradas superando el límite de velocidad. Había que verlo allí, a pie de pista, a pellizco limpio para corroborar que era una pesadilla, pero no un sueño.

Quitando a Lammers y buenos momentos de orgullo herido de Schreiner, el naufragio fue colectivo. Entre ambos sumaron 29 de los 35 créditos de valoración del equipo. Brown era una máquina imprecisa y atropellada; Salgado no llegaba a destino desde el primer cuarto en su sociedad con Lammers; Rigo volvió a lo residual y Huertas al menos tuvo cierta verticalidad. Lo dicho de Larsen y Cruz. Y nos detenemos en el puesto básico en el juego medio. -12 de valoración entre la pareja de aleros. Matulionis desbordado, mal elector de tiro, siempre tarde. Edu Martínez, abriendo otro capítulo en su desgracia deportiva personal.

67 Palma

Hernández (12), Motos (2), Gilbert (7), Ucles (5) y Guerra (10) -cinco inicial-; Bivia (11), Gluditis (2), Serra, Quintela (5), Barac (5), Barber (8).

45 RETAbet

Schreiner (6), Brown (7), Matulionis, Demetrio (2) y Larsen (2) -cinco inicial-; Rigo, Cruz (7), Salgado (2), Edu Martínez (2), Huertas (7), Lammers (10).

PARCIALES
22-12, 15-16 (37-28), 10-7 (47-35) y 20-10 (67-45)
ÁRBITROS
Sacristán, Fernández Carretero y Areste. Eliminado, por faltas personales, Edu Martínez.

La cara B sonaba a vinilo rancio, de giradiscos. Hubo un arrebato de vergüenza torera en el cuarto final con un parcial de 0-7 que llevó a los de Mumbrú a colocarse a nueve (56-45) con casi cinco minutos para solventar tanta carencia. La no reacción maniató a los de Miribilla, que ya no volvieron a anotar. Rosario de pérdidas por malos pases, canastas imposibles por olvidarse de que el abecedario del basket impone el dentro-fuera cuando te han tomado la matrícula. Rematadamente mal, todo. Y el Palma, celebrándolo, claro.

Álex Hernández y Fran Guerra era el principio y final. La esencia ACB al servicio de un equipo que por mucha pasta que se haya gastado en la plantilla no es mejor libra a libra que la de la franquicia de Miribilla. Pero chapeau para el rédito que le saca. Aunque en ello influyera un Bilbao Basket que se inmoló en la pista balear quizá por no haber sabido tener anclados los pies en el suelo tras una semana de halagos y parabienes.

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