Mumbrú, en su despedida del Bilbao Basket. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Bilbao Basket «Cuando vi mi camiseta alzada en Miribilla supe que era el momento de salir», confiesa Mumbrú entre lágrimas

El técnico protagoniza una emotiva despedida y asegura que echará «muchas cosas de menos. Me voy como un bilbaíno más»

Robert Basic
ROBERT BASIC

Álex Mumbrú se ha roto donde siempre había permanecido entero, en la victoria y en la derrota, junto a la cancha de Miribilla en la que ha trabajado con alegrías y tristezas. Voz desgarrada, lágrimas en los ojos, sorbos de agua para tragar un adiós en teoría feliz pero amargo por lo que significa: despedirse de la que ha sido su casa durante los últimos 13 años. El entrenador del Bilbao Basket ha confirmado este lunes en una multitudinaria rueda de prensa que deja el equipo de su vida. Primero lo lideró en la cancha y luego desde el banquillo, un hombre de negro que ahora cuelga el color oscuro para teñir su carrera con otras tonalidades.

«Como todo en la vida, hay un principio y un final. Cuando vi mi camiseta alzada en Miribilla supe que era el momento de salir», ha acertado a articular un par frases entrecortadas por la emoción. Acompañado por la presidenta, Isabel Iturbe y el director deportivo Rafa Pueyo, además de su familia, amigos y empleados del club, el técnico catalán ha dado por finalizada su etapa en el Surne. «Echaré muchas cosas de menos. Me voy como un bilbaíno más».

Incluso en uno de los instantes más importantes de su vida, extremadamente emotivos, Mumbrú se ha acordado de otros. Antes de oficializar su adiós, el técnico ha querido trasladar ánimos a Pablo Laso, entrenador del Real Madrid, ingresado por un infarto de miocardio. «Es un momento complicado. Estamos con él. Quiero enviarle desde aquí mucha fuerza. Estoy convencido de que irá ganando poco a poco este partido».

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Y entonces se ha roto por completo. No podía hablar. Lo que iba a decir le encogió el corazón y la voz. «Llevo 13 años con el Bilbao Basket, la ciudad y su gente. Llegué de la mano de José Cobelo -su agente- y le agradezco haberme traído y dado la oportunidad de estar en un club que me lo ha dado todo. Me han hecho sentir de aquí». El ya exentrenador del Surne ha subrayado que tenía la decisión tomada «hace tiempo» y que solo esperaba el momento adecuado para comunicar su marcha. Cuando le fue retirada la camiseta con el número 15 el pasado 13 de abril, en un acto memorable, decidió que había llegado la hora de hacer las maletas. «Hablé con mi hijo en el coche. Gracias Aleix por guardarme el secreto. Gente mayor no es capaz de aguantar 12 horas y lo acaba diciendo. Este ha sido mi último año como entrenador del Bilbao Basket», explicó.

El catalán ha hablado de una decisión «muy meditada. Ha sido difícil. Un buen amigo me comentaba al acabar la temporada que yo ya tenía un demonio ahí que me decía lo que tenía que hacer». Fue el principio del fin de una relación de 13 años, resuelta con honor, elegancia y cariño. Mumbrú ha explicado que era el momento perfecto de despedirse. ¿Por qué? «En las épocas malas siempre he decidido quedarme. El club está ahora en Europa, perfectamente dirigido y llevado, y por eso es hora de irme», justificaba. Ha acompañado este último comentario con lágrimas, que retrataban su estado de ánimo. En el apartado de agradecimientos se ha acordado de todos los estamentos del conjunto bilbaíno, y también de José Manuel Cortizas 'Corti', periodista de EL CORREO fallecido por la covid y con el que le unía una bonita amistad.

LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Mumbrú ha asegurado que no tiene nada hecho con ningún club, pero ha confesado que está en «conversaciones con otros equipos». Lógicamente, no ha dado pistas, pero se le vincula sobre todo con el Valencia y el Gran Canaria. Es un entrenador muy apetecible y cotizado en el mercado gracias a su gran trabajo en el banquillo de los hombres de negro. Ha asegurado que no ha habido discrepancias económicas con el Surne, que hace tiempo sabía lo que iba a hacer y que simplemente se habían dado un tiempo para reflexionar. «Hay que saber salir de los proyectos, de los sitios».

Cuando se le ha preguntado por su mejor y peor momento en Bilbao, no ha tenido dudas. «Lo peor ha sido el descenso. Fue un año largo y duro, más difícil que la época de estrecheces económicas. Sentía que habíamos defraudado una ciudad, la afición. Y lo mejor ha sido la temporada en la LEB, la Final Four y el ascenso».

Ha admitido que lo más duro es dejar una ciudad que ha hecho suya y mover a sus tres hijos. «Han llorado mucho con esta decisión. Tienen amigos en el cole y encima no podían decir nada. Es difícil explicarles que su aita se va de Bilbao». Ha insistido en que no se marcha por tener algo ya hecho en otro sitio: «Acabará a lo mejor siendo así, pero ahora no lo es. Mi decisión no dependía de si me quisieran otros o no. He sido siempre muy honesto con el club. Tenía que irme así». Ha recordado las finales jugadas, «tocar la gloria, tocar el infierno, afrontar el cambio de jugador a entrenador». Todo ello vestido de negro, color que ahora deja para probar con otras paletas. Su camiseta con el número 15 seguirá colgada en Miribilla, un pedazo de historia que lleva su nombre.