El rugido de Miribilla vale un ascenso

El rugido de Miribilla vale un ascenso
MANU CECILIO

Diez mil integrantes de la marea negra asistieron a una jornada histórica en la que empujaron sin descanso hacia el éxito

J. A. PÉREZ CAPETILLO

19.48 de la tarde de este domingo. Vuela un lejano triple de Schreiner. Dentro. El increíble rugido de Miribilla se escuchó en todo Bilbao. Saltó todo el banquillo local a la cancha hasta que Mumbrú fue a buscar a sus jugadores. Y, a continuación, se coreó la marcha de Aida. El Bilbao Basket, unos minutos después, confirmó su anhelada vuelta deportiva a la ACB. Todos los jugadores se abrazaron y saltaron como posesos en la pista. No cabían en sí de gozo. Ni la afición, siempre enchufada. Miribilla explotó de alegría. Casi 10.000 personas habían sido el mejor aliado. Siempre ahí.

Luego, Jorge Garbajosa, presidente de la Federación Española, y Juan Mari Aburto, alcalde de Bilbao, entregaron la bandeja de vencedores de la Final Four al gran capitán Javi Salgado, el que también siempre está ahí. Cuando se retiraban, la plantilla manteó a Mumbrú, que lo primero que hizo cuando su equipo había logrado el objetivo fue ir a saludar al entrenador rival y a los colegiados. Los jugadores se pusieron una camiseta roja con el lema: 'Kaixo ACB. Es hora de volver', el mismo que hace 15 años. Y Rigo fue ayudado a cortar la red de la canasta donde entró el triple de Schreiner. Aunque la imagen que quizás mejor reflejó lo ocurrido resultó el fuerte abrazo entre Álex Mumbrú y Javi Salgado, que luego se subió a la valla y levantó sus brazos hacia esa afición que nunca falla. Inolvidable tarde.

La marcha triunfal de Aida coreada al principio por la marea negra fue un buen presagio. El Bilbao Arena estaba casi lleno, con más público que el sábado. Y todas las personas asistentes a la final acudieron con las mismas y enormes ganas de animar. '¡Que bote, que bote Miribilla!', se escuchó antes del salto inicial. Y, como ante el Melilla, fue ya un no parar hasta el explosivo final. Hubo exclamaciones que pusieron los pelos de punta, como el triple de Javi Salgado en la acción final del primer cuarto, o tras un estratosférico 'alley oop' de Lammers a dos minutos del descanso. La sinfonía de pitos hacia el trío arbitral también se repitió en el segundo día de una Final Four con un magnífico ambiente de baloncesto. Pero lo que más predominó fue la fidelidad absoluta. Como rezaba el lema inscrito en la pancarta de la Peña Arantxapel tras una canasta: 'You'll never walk alone' (muy de moda durante el fin de semana). Y la afición nunca abandonó a los suyos.

«Jo, a ver si volvemos», deseaba Arantza justo antes de empezar el tercer cuarto. Era la esperanza generalizada. La del retorno a la ACB. Se cumplió. También por los 300 aficionados del Palma que se dejaron escuchar entre 9.000 personas con sus vuvuzelas. Nadie veía nada claro con el 42-40 a diez minutos de la conclusión. Así que la marea negra volvió a ponerse en pie y romper en aplausos y ánimo. Fue un último cuarto de nervios con mayúsculas en la cancha y en la grada. De gritos de 'manos arriba, esto es un atraco' después de una antideportiva a Schreiner. De cansancio de los jugadores en la pista, pero nunca el de una afición entregada. Solo el triple del Palma para el 55-55 a menos de dos minutos silenció un poco Miribilla. Pero las gargantas redoblaron su potencia en el emocionante final. Fue el colofón que había guionizado toda la plantilla del Bilbao Basket. ¡Kaixo ACB!