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El mejor ensayo general para la Copa

Imagen del encuentro de ida entre el Bilbao Basket y el Huesca./Photo-deporte
Imagen del encuentro de ida entre el Bilbao Basket y el Huesca. / Photo-deporte

Victoria, average y segundo puesto en solitario, triple recompensa para el RETAbet en Huesca

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Cincuenta efectivos de la marea negra desafiando uno de los fines de semana en que puede resultar menos grato coger el coche y hacerse cuatro horas de trayecto. Esta afición es fiel a una causa y pide a su equipo que obre en consecuencia. El numeroso grupo no salió defraudado de lo que presenció en Huesca donde el RETAbet recibió una recompensa triple al buen trabajo coral. Victoria, average y, con la derrota del Oviedo en Pumarín ante Ourense, segundo puesto en solitario en LEBOro. Se puede hablar del mejor ensayo general para la Copa de la Princesa a la que, desde ya, toca mirar. Un partido en el que lo imaginado y lo vivido se distanciaron en matices. La senda marcada en la pizarra se proyectó a un parqué resbaladizo, en el que acabó siendo retirada la mayor parte de la publicidad adherida a la madera. Fue como el presagio de que al Peñas se le derrumbaba el que imaginaba como irreductible feudo. De hecho la sometida por el equipo de Miribilla es la segunda que los aragoneses sufren como locales.

61 Huesca

Sans, Johnson (8), Haws (12), Gjuroski (16), y Nurger (7) -equipo inicial-; Aukstikalnis (2), De Blas (2), Hartwich (5), García (6) y Karahodzic (3).

74 Retabet

Schreiner (13), Brown (10), Matulionis (7), Demetrio (13) y Larsen -equipo inicial-; Rigo (3), Cruz (17), Salgado, Edu Martínez, Huertas (3) y Lammers (8).

Parciales
17-19, 14-22 (31-41), 17-16 (48-57), 13-17 (61-74).
Árbitros
López Lekuona, Franquesa, Albacete.

Hay evidentes síntomas de mejoría en el juego. También en la voluntad. Quizá todo vaya unido. Porque en este episodio se ha descubierto algo realmente valioso. En un pulso con muchas trampas e improvisaciones ajenas por el camino, el Bilbao Basket no sólo no perdió la compostura sino que avanzó serpenteando cuando la ocasión lo requerió. Un Huesca al que su olfato anotador se le congeló con la rasca que hacía en el exterior frente a un RETAbet en el rol del furibundo viento que asolaba la ciudad y que también se llevó por delante a su equipo de basket.

Fue uno de los triunfos más corales vividos esta temporada. Con Cruz en modo estelar en ambas canastas y Demetrio demostrándole a su hermano menor –que ayer sólo chupó banco en el bando rival– el poderío de la genética importada de Curitiba en el roster bilbaíno. Además Larsen picó piedra en la pintura y Lammers resultó menos brillante pero más intimidador si cabe. La tónica general refrendó la idea de Álex Mumbrú de no permitir que nadie se quede rezagado, al margen del minutaje que le otorgue.

Tenía el técnico claro cómo se las gasta el Huesca, el modo que tiene de intentar entrar en los partidos de casa como elefante en cacharrería, sin respetar reglas, buscando la indefinición del prójimo ante la posible avalancha que se le venga encima. Así que había que ponerse en marcha con la máxima concentración posible, cada uno en su puesto y la partitura siempre fijada para leer el pentagrama. Por eso quiso ser la franquicia de Miribilla la que diera primero. Lo hizo. Sus ventajas iniciales enervaron a los oscenses, que no tardaron en mostrar sus cartas marcadas. Remontaron desde el 4-8 hasta dar por bueno un intercambio de canastas que dejaba el marcador al final del primer cuarto en un 17-19 que hablaba de la esperada igualdad entre dos oponentes empatados a casi todo técnicamente. La mejor lectura la encontraban los hombres de negro, capaces de desconectar la primera carga de profundidad que sabían les llegaría.

Y lo que fue mejor, sentaron las bases para que dos productores fundamentales para los de casa, Gjuroski y Haws, permanecieran en cuarentena. El macedonio sufriendo las ayudas defensivas que le limitaron espacios cargándose de faltas en ataque cuando ofrecía bloqueos de la marca 'todo vale'. Y el americano incapaz de desprender del empecinado marcador que fue rotándose en su custodia. En el segundo acto el RETAbet se metió en un laberinto de malas decisiones de tiro acompañadas de los inevitables errores que el Huesca canjeó para, con un parcial de 8-1, obligar a los de Mumbrú a apretarse otro agujero el cinturón.

La acción-reacción fue demoledora para los locales. Con la inclusión de un frenético Rigo en defensa y la confirmación de que el rebote era la oferta del día en el menú vizcaíno, los visitantes dieron el golpe en el parqué en el momento preciso. Ninguna escaleta lo habría ubicado mejor. Defender y correr. Y eso que seguía habiendo algunos lanzamientos que provocaban que los malos ejecutores (Schreiner tuvo una racha fina) recibieran miradas de rayos letales por obrar así. Pero globalmente el equipo actuaba como tal y con una tacada de 0-14 condenó cinco minutos sin anotar a los del Pirineo para llegar a los anuncios con dos dígitos que manejar como renta en la reanudación.

El descanso fue como la campana que salva al púgil grogui de comerse la mano o la serie cargadas de cloroformo. Regresó el Huesca hiperactivo, pero recibió otro escarmiento. Pasó de recortar distancias con un 6-0 en tres minutos a ser flagelado con una respuesta cargada de TNT. 0-7 de los hombres de negro en 70 segundos. Ahí claudicaron ya los oscenses, devorados por la eficacia reboteadora bilbaína. No tiraron la toalla, pero quemaron todo el explosivo que les quedaba sin ton ni son, agobiados, incómodos en todas las líneas. Llegaron a acercarse a cinco puntos (56-61) con la lengua fuera y les cerró la boca Schreiner con dos triplazos desde una distancia sumada de 16 metros. El austríaco también purgó sus pecados y todos contentos.

 

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