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El Barcelona lo cedió el año pasado en Bilbao y ahora lo ha hecho en Palencia. Víctor Quintana
«Alguna lágrima se me va a escapar en Miribilla»

«Alguna lágrima se me va a escapar en Miribilla»

Agustín Ubal, exhombre de negro y ahora en las filas del Palencia, vuelve a un pabellón en el que fue feliz: «Tengo mucho sentimiento con Bilbao y lo llevo en la piel»

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Jueves, 2 de mayo 2024, 00:19

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Agustín Ubal (Montevideo, 20 años) atraviesa por un momento de congoja. El Zunder Palencia acaba de certificar su descenso matemático a falta de tres jornadas para la conclusión de la fase regular y la sensación es de frustración y desamparo. «Nunca había vivido una situación tan fea. La ciudad está volcada con el equipo y no hemos llegado a las expectativas de la gente. Son días duros», confiesa el exjugador del Bilbao Basket, quien cambió el color negro por el morado palentino. El sábado (18 horas) regresa a una ciudad de la que está enamorado y a un pabellón donde fue feliz. Aún conserva bien frescos los recuerdos de aquellos cánticos de «¡uruguayo, uruguayo!» cada vez que se jugaba el pellejo en una bandeja. «Alguna lágrima se me va a escapar en Miribilla. Tengo mucho sentimiento con Bilbao y lo llevo en la piel», comenta un joven deseoso de reencontrarse con su antigua afición.

El sudamericano estuvo el año pasado en el Surne cedido por el Barcelona con la misión de cubrir la baja del lesionado Rigo. Terminada la temporada, el recién ascendido Palencia le incorporó a sus filas con esta misma fórmula. Ha sido una experiencia positiva en cuanto a lo personal pero decepcionante desde el punto de vista colectivo. «Ha dolido», dice en sobre el descenso certificado la pasada jornada ante el Baskonia. «Desde el sábado apenas he salido de casa. Con eso le digo todo. Ahora tenemos que dar la cara por la gente». Ubal asegura que quieren despedirse de la ACB «con una victoria» y regalar así una alegría a su fiel afición. «No estamos desmotivados. Debemos cumplir y jugar con el corazón», indica Ubal.

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Cuando se le recuerdan sus antecedentes como hombre de negro, el baloncestista se deshace en elogios hacia su exequipo, en el que se sintió respetado, querido y bien acogido. «Tengo unas ganas tremendas de volver a Bilbao. La gente me ha tratado increíble, me ha apoyado en las buenas y en las malas. Estoy con ganas de regresar desde que empezó la temporada». Confiesa que estaba pendiente del calendario y que no se ha perdido ningún partido del Surne. Siempre pendiente del club que le dejó huella. «Sabía que cuando pisaba Miribilla podíamos ganar a cualquiera, al Barcelona o al Real Madrid. Lo que generaba esa cancha –en referencia al público– era algo que nunca había sentido en mi vida. Me sentía muy identificado con todo aquello y cada vez que entraba quería morir por el escudo».

Europa y orgullo

Ubal recuerda con cariño extremo los partidos en el Bilbao Arena, «donde ganamos a equipos grandes como Barcelona y Valencia. Se me ha quedado grabado». Habrá una buena entrada el sábado y el uruguayo sabe que será recibido por aplausos. ¿Está preparado para ello? «Alguna lágrima se me va a escapar», reitera, impaciente por reencontrarse con Miribilla. Sabe que el Surne tiene lesionados a Adam Smith y a Keith Hornsby, que tanto Rabaseda como Andersson andan renqueantes, pero conoce el carácter de su antiguo club. «Los equipos de Jaume (Ponsarnau) siempre le dan la vuelta a estas situaciones y buscan la manera de atacar al rival. Es verdad que les faltan dos de sus principales anotadores, pero hay que estar preparado para todo».

Disiente cuando se le deja caer que el Palencia puede venir relajado porque está descendido y que los hombres de negro tienen los deberes hechos, aunque comprometidos con las plazas continentales pese a las bajas. «El Bilbao Basket se está jugando la Champions y nosotros el orgullo. Va a ser un partido lindo. Lo afrontaremos como si fuera muy importante y sabemos que será duro». El base, que actúa de «tres» por las exigencias del guion –«es una posición en la que no he jugado en mi vida»–, cuenta los minutos que faltan para pisar Miribilla. Allí, entre sus paredes, rememorará aquello de «¡uruguayo, uruguayo!». Hay sonidos que son para siempre.

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