Igokea 80 -Bilbao Basket 85

El Surne mete la directa en Europa

Robert Basic
ROBERT BASIC

El Bilbao Basket ha parido este miércoles una victoria con mucho dolor, empapada en sudor y rematada con un salvoconducto virtual a los octavos de final de la Basketball Champions League (BCL). Los hombres de negro derrotaron al Igokea bosnio en un encuentro feo, repleto de errores y trabado de principio a fin, en el que el mérito fue llevarse el gato al agua sin aproximarse siquiera a su mejor baloncesto. En un duelo marcado por el perímetro –62 triples intentados entre ambos equipos–, los de Jaume Ponsarnau supieron reinar en el caos y sumar su tercer triunfo en Europa que les afianza en la primera plaza del grupo, la única que concede la clasificación directa para el Top-16. Además, y no es un asunto menor, el Surne cortó así la racha de tres derrotas seguidas en la ACB y recuperó parte de las sensaciones perdidas. Sumar siempre sana.

Pronto se dio cuenta el Bilbao Basket de que enfrente no había ninguna 'cenicienta', sino un equipo con colmillo. El Igokea entró mejor en el partido que los hombres de negro, siempre a remolque en el marcador. Avanzaban a golpe de riñón, entre errores y pérdidas absurdas, pero no dejaban que los bosnios liderados por cuatro americanos descosieran el encuentro. Cada vez que amenazaban con perderse en el horizonte aparecía alguna mano amiga de la que colgarse y coger impulso. No dejó de ofrecer la suya un entonadísimo Ignacio Rosa, quien ante la baja de Denzel Andersson por un golpe y los problemas físicos de Emir Sulejmanovic decidió jugar con el fuego. Escupía veneno desde más allá del 6,75 el de Badalona, letal en cada contacto con el balón naranja. Antes de irse al descanso, en su tarjeta de tiro ponía cinco de cinco en lanzamientos de tres además de una canasta de dos. 17 puntos. Fue el único que brillaba, aunque tras el paso por los vestuarios no volvió a encestar.

Al Bilbao Basket le costaba un mundo desarrollar su baloncesto y su defensa era una suerte del queso Gruyère. Tampoco cogía rebotes –en el primer cuarto capturó cuatro por los diez de los locales– y llegaron cinco pérdidas en un puñado de segundos. Aun así, los hombres de negro mantenían contacto con un Igokea en el que sobresalían Waller, Crawford y Stephens. ¿Por qué? Porque Rosa trabajaba con la precisión de un relojero suizo. Todo lo contrario que Adam Smith, quien sufre en las tareas de base y su efectividad se resiente. Su primer punto llegó desde la línea de castigo en el tercer cuarto, en el que por fin metió un triple, y acabó con 10 y un raquítico tres de once en tiros de campo.

Trabajo de Hakanson

A los dos equipos les hubiera venido bien un cubo de hielo en la zona de cambio para enfriar las muñecas. 62 intentos de triple entre ambos dibujaron el perfil de un choque loco, por momentos caótico y hasta incomprensible. No anduvieron mal en este sentido los vizcaínos, con 15 conversiones de 35 lanzamientos (42,8%). Trabajaba bien Ludde Hakanson, autor de 16 puntos y seis asistencias, un seguro de vida en el Surne, y también Withey, quien con 11 puntos y cinco rebotes contribuyó al triunfo. El equipo se vio varias veces seis abajo, la última con una canasta de Crawford (47-41), pero aún sin fluidez supo seguir conectado y dar la vuelta al duelo. Se puso por delante por primera vez justo antes del descanso (47-48), pero se fue a los vestuarios uno abajo.

El decorado empezó a cambiar en la segunda parte, con una defensa un poco más decente y el rebote controlado. Un parcial de 0-6 puso tres arriba al Surne (53-56) y la ventaja, escueta, comenzaba a sostenerse en el tiempo. El joven Ubal dispuso de minutos y clavó dos triples, el último de ellos sobre la bocina del tercer cuarto. Valió. Seis arriba (66-72). El Igokea apretó en defensa en el período final y el Surne sufrió para anotar. Cuando Hakanson metió desde la línea mágica y le secundó Smith (73-82), la autopista hacia la victoria estaba asfaltada. La recorrió el Surne, no sin sustos, hasta colocarse a la puertas del Top-16.