En bandeja de plata

Javi Salgado busca un pase ante la oposición de Hayes./Pablo Requejo
Javi Salgado busca un pase ante la oposición de Hayes. / Pablo Requejo

El RETAbet se aleja de su genética convertido en un sumiso rival en manos del Valladolid

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Un pasito adelante, otro para atrás. No vamos a ponernos musicalmente moñas, pero viene la abrasiva idea del estribillo de marras que ni pintada para escribir la necrológica de lo vivido este viernes en Valladolid. Porque se trató de un hecho luctuoso, inesperado al ser tantos los pilares que se daban por bien cimentados que crujieron para que todo el tenderete se viniera abajo. Ha podido ser la derrota más anunciada de la temporada, porque desde que el Carramimbre pegó un tirón al cierre del primer cuarto tras ir a rebufo buena parte de ese tramo nunca dio la sensación de que aquello tenía remedio. Bromeando, comentábamos en la narración online en elcorreo.com que no lo enderezaba ni un técnico de Ikea. Y así fue.

No hay nada peor que perder con la sensación de habérselo puesto fácil, tirado, al competidor que viste distinto sobre el parqué. Incluso en los deportes populares, entendidos como las pachangas que podemos jugar en el frontón, al pádel, y también en un deporte de equipo, incluso cuando te ves perdido con la cabeza irremisiblemente a punto de caer en el cadalso le dices a tu pareja: «Venga, al menos que lo suden». 'Nanai'. Eso no pasó en el pabellón Pisuerga, cuyos moradores en las gradas se lo pasaron pipa con la no aportación de los vizcaínos como convidados de piedra.

Ni se acaba el mundo, ni las consecuencias van más allá de una derrota que, eso sí, contribuye a que la fricción crezca entre los casilleros de los perseguidores del Real Betis, aunque en adelante habría que referirse al cuarteto que quiere garantizarse el factor cancha favorable en el cruce de play-off previo a la Final Four. Para eso queda un mundo y quizá entre todos hemos cometido la torpeza de darlo como un objetivo ya conquistado. Este es un buen recordatorio de cómo están las cosas.

Durante ocho minutos, el efecto espejismo presidió el duelo. Lammers era un tormento para un Aboubacar al que Paco García había enviado de avanzadilla a modo de zapador de desgaste, pero la réplica local la aportaba en forma de serie sin mácula de triples el vitoriano De la Fuente, uno de esos jugadores que sí las meten cuando están solos. Recibía y flipaba. Solo, sin punteo. Hacían un par de pases mágicos en forma de cruces en los bloqueos las ardillas pucelanas y vía libre al ejecutor. Los primeros se los comió Demetrio. Le puso Mumbrú a Cruz como carcelero y en la primera posesión le levantó el juego de llaves.

En el segundo cuarto, que partió desde la marca del 23-18, el partido debía de algún modo clarificarse. Entraría en juego la capacidad de Larsen para ayudar o no y de los hombres de negro para liberarse de la opresión que lo mismo les conducía al embudo de los horrorosos tiros sobre la bocina, o a autoadjudicarse, con las muñecas heladas, el papel de héroe salvador. Poco punteo, siempre la sensación de que los bilbaínos llegaban un segundo tarde para bajar la barrera e impedir el paso o el tiro, y notables espacios sin cubrir en la cuadrícula del rebote. A fuerza de sufrir en modo almorranas evitaban los del Bilbao Arena que el Valladolid hiciera de Correcaminos y con su mítico 'Mic Mic' les dejará clavados, atónitos ante la cortina de polvo que ocultaba su marcha definitiva del Coyote. Un símil perfecto. Porque la acción-reacción no tenía nexo alguno. Anotaciones lastimeras, al límite, con notables pero muy aisladas excepciones y casi siempre Lammers en la salsa más gustosa versus el 'Pase usted sin llamar' que el Carramimbre, obediente y agradecido, cumplía al pie de la letra.

Y no le hacía falta al anfitrión, pero algunas decisiones arbitrales encendían a la parroquia, que no quería despertar de tan bello sueño tras la angustia de la pesadilla de la jornada anterior cayendo ante el colista. Fue a raíz de un triple de Reyes que rebotó tres veces en el aro antes de pasar por él y la anotación fue anulada porque Astilleros buscando el rebote había contactado con el hierro. El ambiente caldeado continuó hasta el descanso. Y también esa imagen desconocida, de desconexión casi permanente, de los hombres de negro. Última posesión previa al intermedio. Cinco segundos. La sube Torres, Schreiner se queda a su espalada y el resto de jugadores vizcaínos se cierra en torno a la pintura cuando al dominicano no le quedaba otra que tirar o tirar. Solo, sin ningún brazo a menos de cuatro metros. A la cazuela y 45-37.

No eran números para escandalizarse o dar por perdida la jornada. La sensación era, sin embargo, radicalmente opuesta. Llevaba el reborde negro de la esquela, quisíeramos verlo o no. Mejoró en defensa el RETAbet, reconozcámoslo, y mantuvo el choque en ficticias cercanías (50-47, 52-49). Los rescoldos de fe se consumían con un 'airball' de Edu Martínez, la sucesión de triples fallados por Salgado cuando realmente debía tirarlos, y la incapacidad para leer dos líneas de pase seguidas. Un tres más uno de Novas sobre Lammers (66-55) marcó el desenlace, ya sí, anticipado. Mumbrú no arriesgó con Larsen y colocó a Demetrio de cinco. Al final probó una defensa zonal en tres ataques seguidos del Valladolid con el resultado de canasta en suspensión desde cinco metros en la esquina del poste Hayes, triple de Torres y un robo.

Y los locales no bajaron el pistón. ¿Para qué hacerlo cuanto te lo ponen tan en bandeja? Hasta quisieron anotar en su última posesión, lo que es lícito, y Torres pidió a los suyos un aclarado cuando ya se sabía el MVP de la contienda. Llevaba muchos minutos el banco visitante emanando la imagen de la derrota y eso sí que nunca lo había hecho antes el grupo de Álex Mumbrú. Muy rebotado, tardó tanto en salir del vestuario que se varió el protocolo y fue Paco García el primero en atender a los medios. «No hay quien lo entienda. Unos días nada y otros te sale todo», le comentaba el preparador pucelano a una aficionada. Aunque hablaba de los suyos, este viernes no hubo que preguntar quién fue el que no dio una a derechas.