Final feliz a un año en el infierno

Los jugadores del Bilbao Basket celebran el ascenso a la ACB./MANU CECILIO | FERNANDO GÓMEZ
Los jugadores del Bilbao Basket celebran el ascenso a la ACB. / MANU CECILIO | FERNANDO GÓMEZ

De las catacumbas de la LEB al averno de Miribilla, listo para la ACB, el Bilbao Basket ha concluido con éxito un viaje maldito del que debe haber aprendido

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

No estamos demasiado acostumbrados a la gloria entre canastas. Por eso, cuando hay algo que celebrar la sensación inicial de vacío es tal que todo comienza a verse con perspectiva. Como si el sueño resultara tan agradable que temes que te atrape su necesidad, una adicción en toda regla. Porque no todos los objetivos, las metas, tienen que ver con levantar un trofeo y que suene el 'We are the champions'. Sucedieron ambos rituales ayer en Miribilla como ejemplo póstumo de por qué había que salir pitando de una competición infame como la LEB. Ojo. La salvan sus equipos, las aficiones, el orgullo que se respira en canchas de 600 incondicionales o ante 10.000 endemoniados aficionados. Ellos dan sentido a una categoría que la Federación española difama tratándola como una birria, ninguneando su capacidad para crecer y generar ingresos con un atropello demencial en el asunto de los derechos televisivos (8.000 euros anuales por franquicia, recuerden, a cambio de que algunos de sus partidos se vean por una aplicación), convirtiendo la Copa Princesa en una pachanga organizativa y haciendo de su Final Four un cuadrangular en busca del segundo clasificado. No vamos a ir de desagradecidos, pero el campeón lleva siéndolo dos meses y vive en Sevilla. Ahora el Bilbao Basket es su acompañante en el regreso a la ACB.

Había que salir pitando de una competición con arbitrajes paupérrimos -en esta Final Four, señores aficionados presentes en Miribilla, estaban supuestamente los seis mejores, tela-, con una infraestructura de dibujos animados y una facilidad para mirar por encima del hombro en un entablado de provincias que no se repite, ni por el forro, cuando un evento toca la capital del reino. Mediocridad.

No nos hagamos trampas al solitario. Estábamos en ella porque nosotros mismos nos metimos. Fue la franquicia en lo económico primero y lo deportivo después la que engrasó el tobogán por el que el RETAbet se precipitó a la LEB Oro. Habría que analizar, además, si no se trata de una publicidad engañosa en el nombre porque los quilates no salen por ningún lado. Tiene más bien pinta de pirita, el mineral con el que hacían el tocomocho los primeros buhoneros. Un año de luto, de penitencia, de penar por un infierno de competición, sabiendo que para recibir la absolución no sólo había que ser estricto con los dineros, bajo la lupa de un afortunadamente comprensivo personal concursal. La bola tenía que pasar por el aro con un técnico debutante y una plantilla con algunos galones, horas de combate en ese campo de batalla y una importante dosis de acné foráneo.

Presionados desde el minuto uno al comprobar que estar en las catacumbas no impedía que la llama de su infierno de Miribilla siguiera activa, los hombres de negro han ido pasándola de varios colores, pero sin sobresaltos. Mumbrú ha logrado desterrar buena parte de su perfil como jugador y ha sabido hacerse valer sin estridencias, sin héroes ni iluminados. El equilibrio ha acabado por ser su gran obra en el grupo. Se notó hasta ayer, hasta el último instante.

62 RETAbet Bilbao Basket

Schreiner (15), Jaylon Brown (8), Matulionis, Demetrio (16) y Larsen (6) -cinco inicial-; Salgado (9), Rigo, Edu Martínez (3), Cruz, Lammers (5) y Huertas.

55 Iberojet Palma

Alex Hernández (3), Bivià (10), Gilbert (3), Barac (6) y Guerra (9) -cinco inicial-; Quintela (10), Joan Tomás (6), Barber (8) y Uclès.

parciales
21-15, 33-27 (descanso); 42-40 y 62-55 (final).
árbitros
Ángel De Lucas De Lucas, Yasmina Alcaraz Moreno y Joaquín García González. Eliminados por faltas Larsen (m.34) y Bivià (m.40).
incidencias
Final de la Final a Cuatro de la LEB Oro, disputada en un Bilbao Arena de Miribilla abarrotado por 10.000 espectadores. Entre ellos en torno a medio millar de seguidores mallorquines.

El último chispazo

Ha dispuesto de un elenco al que convenció para convertir el verbo defender en el de conjugación obligatoria y constante. Todos. Desde un Brown que llegaba de otras latitudes con licencia para matar y ha agachado el culo convertido en acosador de escoltas a Edu Martínez, fajador en proporción inversa a su efectividad en el tiro en un curso romo en puntos.

Su último chispazo mantuvo en la plantilla la corriente constante y necesaria. Entrenamiento del jueves en Miribilla. Los hombres de negro regresan tras la sesión fotográfica que dio pie a la portada de EL CORREO el sábado con 'Maman', la escultura de la araña que se quedó a vivir junto al Guggenheim, obra de Louise Bourgeois. Charla en el círculo central y aviso. Sólo quiere mentes concentradas en la Final Four. «Mi prima de ascenso es (dice la cantidad que no llega a las cinco cifras). Es vuestra, os la repartís como queráis. Venga, ahora a pensar sólo en el Melilla».

El dos más uno de Brown a pecho descubierto contra los pívots del Palma, el triple porque yo lo valgo de Schreiner. Salgado dejándose el alma sabiendo que el ascenso le jubila. 9.000 infartados habitantes del infierno que seguirá abierto. Porque Miribilla es ACB. Con permiso de Hacienda. Y con la lección aprendida.

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