Palencia 61 - Bilbao Basket 57

Miribilla decidirá el miércoles

Javi Salgado abandona la cancha del Palencia con el gesto serio./BORJA AGUDO
Javi Salgado abandona la cancha del Palencia con el gesto serio. / BORJA AGUDO

En un partido sin acierto, el RETAbet se condena a jugarse el pase a la Final Four a una carta

JUANMA MALLO

Miribilla decidirá el miércoles. El RETAbet, en un mal partido, fallón en exceso ante el aro rival, se ha condenado este domingo en Palencia a jugarse el billete a la Final Four de Bilbao a una carta. No queda otra. Los castellanos fueron los menos malos en un partido pleno de errores y desajustes, y obligan a los vizcaínos a ganar dentro de dos días en una pabellón que debe ser la caldera habitual para que el sueño del ascenso a la ACB, del regreso a la máxima categoría, no se transforme en una bella ilusión que termina en pesadilla.

Empleó Mumbrú el mismo quintento que el viernes, con esa variante de Salgado, Lammers y Cruz por los habituales Schreiner, Larsen y Demetrio. Y, de inicio, el Bilbao Baket salió con otra cara, una más alegre, que evitó la desconexión sufrida en el tercer duelo de la serie. Porque, si hace tres días, el Palencia estrenó el encuentro como un torbellino, este domingo los hombres de negro evitaron la sorpresa. Aunque tampoco es que abrieran hueco en el marcador. Porque los castellanos eran conscientes de lo que se jugaban y que una renta abultada de los vizcaínos podía colocar una excesiva presión sobre un equipo que no tenía más cartuchos que ganar. Por eso, se agarró al duelo y luchó para que el Bilbao Basket no demarrara en el marcador. Lo consiguió, aunque los de Mumbrú terminaron el primer acto por delante (18-19).

El segundo parcial resultó otra historia. Algo así como un naufragio, un hundimiento. Sin acierto en ataque, con unos paupérrimos porcentajes de tiro (33% en intentos de campo) y tampoco los vizcaínos atrapaban rebotes en ataque para disfrutar de una segunda opción. Y claro, el Palencia se labró una ventaja considerable al descanso. Influyó también que Javi Salgado estuvo inactivo durante este periodo de tiempo. El Palencia se ha planteado en toda la serie evitar que los bases bilbaínos impartieran su magisterio sobre la cancha, y, desde el primer minuto, la consigna fue sacar al director de juego de Santutxu del encuentro. Hizo pronto una falta personal; Urko Otegui, su amigo y compañero de la selección, le trató de provocar... Y la grada la tomó con él. Fue el héroe el viernes, y este domingo quiso, lo intento, pero no pudo.

El RETAbet, por supuesto, lo notó. Y al no hallar una fórmula para crear peligro, se volcó, sin acierto, el método de los lanzamientos exteriores. Para llorar: 4 de 19 al descanso (8 de 32 al final). Y así es imposible. Si a Edu Martínez le entró todo el viernes, este domingo erró sus cinco lanzamientos, igual que Matulionis en tres ocasiones y Cruz en otra tantas. Un desastre. Había que coger aguja e hilo y coser las costuras para que la serie no regresara a Bilbao.

Todo sale mal

Pero no es que el tercer cuarto amaneciese con sol para los hombres de negro, aunque es cierto que el Palencia, que cumplió con su trabajo, tampoco hizo méritos para abrir más la herida. De hecho, en los ocho primeros minutos, producto de los nervios, de todo lo que había en juego, los fallos se autoinvitaron el encuentro. Un dato, diez puntos, cinco cada uno, añadieron los equipos a sus cuentas. Hubo todo tipo de errores. Por ejemplo, Larsen se botó un balón en el pie con la consiguiente pérdida. Desde la banda, Huertas le animaba y pedía cabeza. Fue un parcial para comer cerillas, sin nutriente. Cuatro tiros libres, un par de Matulionis y otro par de Brown, acercaron a los hombres de negro (45-41). De repente, sin embargo, el Palencia se activó: un mate, una antideportiva a Matulionis -muy discutida por sus compañeros- y un tiro libre de Kone le concediron su máxima renta (50-41). Y ahí le salió el alma de capitán a Salgado para anotar un triple y dejar con vida a su escuadra (50-44). ¡Qué pena que no continuara en ese papel! Diez minutos para remontar.

No pintaba bien el asunto. Porque el aro seguía siendo pequeño para los hombres de negro. No encontraban el acierto, como si se lo hubieran dejado en el encuentro del viernes, cuando entraba casi todo. No obstante, a base de sufrir, las cosas comenzaron a coger un tono visitante. Rigo y Brown colocaron al grupo vizcaíno a cinco puntos a falta de cuatro minutos (57-52), y Lammers en defensa colaboró en que el oxígeno no se agotara para Mumbrú y sus jugadores. «Bilbao Basket, Bilbao Basket», tronaba la marea negra. Se podía (57-54), y tiros libres para Cruz a falta de 148 segundos. Erró los dos, pero Lammers arregló el desaguisado con el rebote y el madrileño anotó. A uno. Menos de dos minutos. Se podía. Sin embargo, todo salió mal. Anota Otegui, vuelve a abrir hueco. Brown a la línea de tiros libres y yerra el primero. Así no. Se le escapa un balón de las manos a Lammers... Y a todo esto, los vizcaínos solo habían realizado una falta cuando quedaban segundos para que terminara el duelo. Eso les penalizó. Tuvieron que buscarlas. Otegui, a falta de tres segundos, anota dos tiros libres. Cuatro abajo. Solo un milagro podía evitar el quinto partido. Y, por supuesto, no ocurrió. Miribilla decidirá.