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El Bilbao Basket es generoso con el picante

Lammers se hace espacio para anotar ante el exACB Arteaga. /
Lammers se hace espacio para anotar ante el exACB Arteaga.

Gana en la prórroga en su debut en LEB Oro en Oviedo gracias a su margen de maniobra y a la combinación de galones y poder defensivo

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

En canchas como Pumarín es donde se cimentan los ascensos, donde ganar es muestra de solvencia, recursos y capacidad. Más allá de las diferencias que marque el termómetro del mercado, doblegar a un equipo guerrillero, en el sentido más loable de la palabra, que prefiere morir desangrado antes que claudicar, en una atmósfera asfixiante por la condensación de decibelios, converge en una tarjeta de visita apropiada para lo que se trae entre manos el RETAbet, que no es otra cosa que intentar salir pitando de la LEB Oro.

Un Bilbao Basket más debutante que nunca. Nadie en su séquito estaba en esta categoría un año atrás. Terreno desconocido, equipo en fase de formación. Pero, amigo, los galones se demuestran y el buen ojo a la hora de fichar no requiere de notas a pie de página. Se ve al instante. Como ha venido ocurriendo durante la pretemporada. Saldrán mejor o peor las cosas, pero si estamos celebrando que queda una victoria menos en busca del ascenso es porque este equipo tutela los partidos, tiene margen de maniobra y logra rectificar trazadas que inicialmente le conducían a la cuneta.

La primera al zurrón. Con prórroga, sinónimo de sufrimiento, y la sensación de alerta provocada por no saber cerrar el partido con el primer candado, cuando la última posesión de cinco segundos trazó un rumbo de triple fallado por Salgado y rebote autoritario de Matulionis que se fue a por la cesta y dudó entre reventarla a aro pasado o dejar una bandeja. Solo. Sin sombras siquiera a su alrededor. Se quedó corto en el impulso y el partido se fue así a un tiempo extra en el que Mumbrú supo mover fichas, dejó en el banco a los cinco partícipes de esa gran ocasión malgastada y puso el contador a cero para seguir haciendo bien lo que el equipo hizo sobre todo en la segunda parte: defender.

Por el camino, recovecos. Un inicio falto de intensidad, con Iván Cruz cazado una y otra vez por la muñeca letal del finlandés Nuutinen. Es lo que suele suceder cuando la marca es endeble, lejana, inexistente. El nórdico fue héroe entre los suyos hasta el intermedio. Pero de 20 de valoración que se apuntó no pudo ir más allá del 23 final cuando los ajustes hicieron mella y Martínez, Matulionis y Sinica le negaron el pan y la sal, o en los cambios se topaba con la envergadura de Larsen y Lammers, generosos como nadie en el trabajo sucio.

Tampoco fluía el ataque del RETAbet con la primera partitura de Schreiner. Javi Rodríguez se había ocupado muy mucho de poner precio a los puntos de Brown, un alma en pena para su capacidad, agobiado por una marca plena de contactos a la que no está acostumbrado. El referente ante el aro rival causaba baja por mérito del anfitrión, sometido por las piernas de Geks, ante todo atleta. El balance no era satisfactorio. Se encajaba de tres en tres y costaba al comienzo mucho anotar, si bien las rentas no se iban más allá de los ocho puntos. Gracias, sobre todo a que Larsen impuso sus kilos y buen juego de pies en la pintura y posteando hizo estragos.

Era obvio que había que salir de las trincheras y abrir camino con el cuerpo a cuerpo. Y que el plan A no iba a ser el que marcara la senda definitiva. Los triples, arma infalible del equipo durante la pretemporada, eran esta vez un comodín con un precio inalcanzable. Buenas posiciones combinadas con bombas desesperadas al límite de la posesión. Sólo tres dianas en 19 intentos, firmadas por Edu Martínez, Sinica y el afortunado acierto de Brown antes justo del descanso. Especialistas como Schreiner y Salgado se fueron de vacío del agobiante Pumarín sumando cero de diez.

Explorar recursos

Eso le hizo a Mumbrú explorar otros recursos, que los tiene. Y desde el segundo tiempo el RETAbet fue un equipo con autoridad. Se mascaba la remontada, que tomara el testigo para dominar el luminoso, adverso desde el intercambio de canastas inicial. Dos estilos en sus bases, idéntica eficacia. Tramo estelar de Salgado formando sociedad con Lammers -lo grande que se hace el ingeniero de Georgia Tech- en ese manual que tiene registrado el de Santutxu de cómo jugar el pick and roll y convertir a tus pívots en internacionales, adornándose con alley-oops que canjeó con mates, bandejas y hasta palmeos. Y Schreiner con otro concepto, llevando el reparto hasta el mismo felpudo de la casa. Servicio a la mano. Ocho por barba para el austríaco y el bilbaíno, con el desgaste extra de los interiores, que llegaban a esas situaciones tras partirse el pecho atrás.

Muchísimo mérito el de los jóvenes pívots, tan distintos y por eso tan enriquecedores para el juego coral. Bajaron la barrera del rebote en aro propio tras el descanso y fueron los firmantes del peor momento pasado por el Oviedo, que ya no vivía de su pareja finlandesa y sus recursos incluían una traza cada más detectable de prisa, mordaza y sufrimiento. Del tercer al cuarto actos, seis puntos otorgados en siete minutos. El sesgo estaba hecho. No pudo el RETAbet escapar, demarrar y fue generoso con el picante a la hora de permitir la prórroga. En ella, los galones mandaron.

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