En el momento óptimo de madurez

Demetrio salió en el quinteto inicial y aportó 12 puntos para la victoria del RETAbet/Fotos: Brais seara
Demetrio salió en el quinteto inicial y aportó 12 puntos para la victoria del RETAbet / Fotos: Brais seara

El RETAbet ya está en los play-off y mantiene abierta su mejor racha del año

J.M. CORTIZAS

Álex Mumbrú debe ser un entrenador envidiado a estas alturas de la función. Ha conseguido -algo de mérito deberá llevarse el barcelonés- reunir en torno a una idea, a una forma de juego, a un grupo que funciona como tal, como una manada en la que la genética ha distribuido los roles, las tareas a realizar. Ayuda, sin duda, que el RETAbet regrese de Ourense tras firmar su mejor racha de la temporada, cinco triunfos consecutivos que llegan, además, en ese momento en el que ganar es sinónimo de acercarse cada vez más al objetivo final. De momento está garantizado el primigenio, algo con lo que ya se contaba pero que conviene cerrar cuanto antes. Los hombres de negro ya están en los play-off y quizá no necesitarán nada más para asegurar su condición de cabeza de serie.

Volviendo al planteamiento inicial, la de ayer ha sido la victoria más elaborada en lo táctico, lo que incluye la consiguiente plusvalía. La opinión generalizada es que, sin tocar techo, el RETAbet podía perfectamente caer en el Pazo Paco Paz. Visitaba a un rival que ha superado todas sus expectativas, seguro ante los suyos, entrenado por uno de esos preparadores a los que se le reconoce cierto don para alterar la realidad, para ofertar pantallas que parecen nuevas incluso para el jugador más avezado. Hasta eso le salió bien. Atinó con una variante que guardaba para el final mientras Gonzalo García de Vitoria -el 'coach' bilbaíno de los gallegos- quemó sus naves antes de tiempo y se quedó demasiado expuesto para acabar doblando la rodilla.

70 Ourense

Ferguson (6), Ott (8), Rodríguez (2), Van Wijk (9) y Rozitis (8) -cinco incial-; Vidal (6), Zamora (18), Muratovic (2), Watson (9) y Pluta (2).

82 Bilbao Basket

Schreiner (10), Brown (14), Edu Martínez (6), Demetrio (12) y Larsen (7) -cinco inicial-; Matulionis (1), Cruz (7), Salgado (13), Huertas (3) y Lammers (9).

PARCIALES
16-18, 21-15 (37-33); 16-21 (53-54) y 17-28 (70-82).
INCIDENCIAS
Partido correspondiente a la xx jornada de la liga regular disputado en la cancha Pazo Paco Paz.
ÁRBITROS
García León, Garvín y Pazos. Sin eliminados.

Va mejorando el Bilbao Basket en las puestas en escena. Ayer con la novedad de Edu Martínez en lugar de Matulionis, reservado el lituano para convertirse en la sombra de Zamora. Un buen primer cuarto que incluyó una rotación prematura para lo habitual. Salgado, pese a llevar una rodilla con el cartel de peligro, entró en liza a los cuatro minutos. El 2-7 en la arrancada era el mejor ambientador. Proporcionaba un aroma a criterio, intuición y confort, palabra que en nada está reñida con la entrega, excitación e hiperactividad. Coralmente el grupo se movía con las bases fundamentales de la coreografía programada. Individualmente, había notas sordas, ahogadas, suplidas por otras mucho más sostenidas.

El exceso de potencia estaba evitando que las ventajas se ampliaran a favor de los de Miribilla. Era tal el celo con el que se protegía la bola cada vez que había que penetrar -Matulionis fue el ejemplo más claro- que el remate acababa carente de precisión. Pero nunca faltaba una respuesta individual para equilibrar el desánimo. El nivel, con el listón bien arriba, lo marcaron Larsen y Demetrio. El danés haciéndose fuerte ante un gigante como Rozitis y el de Curitiba con una acción epatante para colocar el 11-14. Pueden parecer hechos aislados, pero no lo son. Vinculan, conectan con la masa madre. El brasileño lanzó un triple oculto en la esquina. El hierro repelió la bola y él se replegó en una transición a toque de corneta para llegar a tiempo de taponar a un rival. Y de nuevo emprendió el camino hacia la canasta rival para reivindicar premio a sus tres esfuerzos seguidos con una canasta a tabla. Cuando alguien, sin ser el único, te marca un ritmo así ni osas siquiera pensar en no seguirlo.

Momento de inestabilidad

Haber hecho los deberes ante la pizarra y el vídeo comenzaba, también, a ofrecer sus frutos. Cada vez que el Ourense enredó con la zona se encontró con lo que no quería. Al menos al principio. Un robo en esa tesitura puso a los hombres de negro con un 11-18 que afearon en las posesiones finales del primer cuarto. Bombita de Zamora y triple de Vidal para dejar el parcial en 16-18 y la sensación de haberlo dejado sin exprimir. Sin saber a qué atenerse y con el Ourense sacando todo su arsenal sin vacilar, el encuentro derivó a un gramo de inestabilidad. Arenas movedizas que iban atrapando a los vizcaínos. Se liberaban como podían, con un triple de Schreiner o un acierto de Brown cual agobiada víctima que agarra con todas sus fuerzas una rama tendida desde fuera de ese letal arenal.

No bastaba. La succión hacía su trabajo y a menos de cinco minutos para el descanso la diferencia en el marcador se medía con doble dígito (34-24). Se dolió el RETAbet y actuó azuzado por el escozor de la vara que le estaba castigando. Tacada de 3-9 para aliviarse y llegar al vestuario con rasguños en vez de heridas. Y preocupación. Porque dos pilares básicos como Cruz y Lammers no se acercaban a su 'modus operandi', intranquilos e incómodos ante los kilos que les caían encima cada vez que recibían, lo que acabó hasta limitando su confianza en el colectivo.

Ese desequilibrio se mantuvo en la reanudación. Estiraba la goma el equipo gallego y se revolvía como podía un Bilbao Basket sin tino, además, desde la línea de castigo. Pero se había superado un conflicto sin aún saberlo. A los anfitriones no les quedaba nada más que la omnipresencia de Zamora y los de Miribilla, como hormiguitas, iban colaborando, haciendo cadena, dando relevos. Dos triples de Salgado no solo sacaron del atolladero al equipo. Se vio el RETAbet de nuevo con propulsión, máxima potencia. Y la aprovechó. Solo permitió al Ourense una alegría póstuma con un triple (62-61) y Mumbrú volteó la pizarra. Enseñó lo que había reservado, una variante zonal que fue tela de araña para el Ourense. Y decisión máxima en el uno contra uno buscando el aro porque los árbitros se tuvieron que tragar los silbatos. Cruz y Lammers regresaron a la vida y firmaron la defunción gallega.