El RETAbet pierde el thriller de Santiago

El RETAbet pierde el thriller de Santiago

El Bilbao Basket cae con el Obradoiro tras dos prórrogas y varios finales de infarto y encaja su primera derrota de la temporada

ROBERT BASIC

Al terminar el partido en el Multiuisos Fontes do Sar, un estruendo puso fin a un encuentro eterno y agónico. Había caído un gigante. Vestía de negro y no podía seguir de pie. El Bilbao Basket ha perdido este sábado después de dos prórrogas, varios finales de infarto y ha sufrido así su primera derrota de la temporada. Nada que objetar a los hombres de negro, puro carácter y corazón, que se vaciaron en la casa del Obradoiro y tuvieron la victoria en su mano. Llegaron a acariciarla y a sentirla físicamente. No solo una vez, sino varias, pero faltó cerrar el puño y evitar que se escurriese entre los dedos. También es verdad que estuvieron casi sentenciados en el tiempo reglamentario, pero un triple estratosférico de Arnoldas Kulboka reanimó a la franquicia de Miribilla. Los guerreros de Álex Mumbrú dispusieron de las últimas dos posesiones en ambos tiempos extra para ganar, para regalarse un triunfo épico, pero la bola no quiso entrar. Los aros escupieron sus tiros y sonrieron a los locales.

No hay ninguna duda de que el Bilbao Basket juega sin complejos. Acierta y se equivoca, pero respeta la hoja de ruta y cumple con las consignas de su entrenador. Lo que más cuesta en un equipo, y más en un recién ascendido, es dotarlo de una identidad definida, y los hombres de negro empiezan a tenerla. Evidentemente, faltan cosas por pulir, aristas que limar, pero el equipo actúa como un bloque indivisible y es justo ahí donde radica la esencia de su baloncesto. Ganará y perderá partidos, como el de este sábado, una derrota que escoció en el alma, pero lo hará con el corazón en la mano. Errar está permitido. Arrugarse, economizar el esfuerzo o dejar que los brazos encojan en el momento de la verdad, no. Con esta actitud saltó el conjunto vizcaíno al parqué del Fontes do Sar, una cancha complicada –solo ha ganado allí dos veces en sus nueve visitas– en la que enseñó los dientes y acabó dejándoselos en la pista gallega. Es lo que pasa cuando uno muerde hasta ver las estrellas.

Brown, Kulboka, Balvin...

Con la primera unidad en la pista, el RETAbet solo dejó que el Obradoiro se pusiera dos veces por delante en los 20 minutos iniciales. Con el 2-0 de Daum y el 3-2 de Czerapowicz. Los hombres de negro amurallaron su aro y obligaron a los gallegos a jugar al límite de la posesión. Kulboka, Rafa Martínez y Balvin guiaban una tropa que desbrozaba su camino. El equipo se fue pronto seis arriba (3-9), pero los locales hacían la goma y se colgaron del brazo de un viejo conocido como Kostas Vasileiadis para no perder contacto con la franquicia de Miribilla. El trabajo de los de Mumbrú fue gremial y solidario y dio sus frutos en una primera parte solvente en la que llegaron a marcharse diez arriba (29-39), justo en la recta final del segundo período. Entonces apareció la metralleta Magee, quien con tres triples seguidos en apenas un minuto cosió la brecha. El americano había despertado y cada poco cogía su fusil para agujerear el aro vizcaíno –paró el contador en 25 puntos–, un hombre que resultó clave en las prórrogas junto a Brodziansky, Kravic y un Calloway infalible desde la línea de castigo.

Incluso con Magee 'on fire', el RETAbet consiguió marcharse al descanso tres arriba. Jaylon Brown había llegado para quedarse, al igual que dos colosos como Balvin y Lammers, un triángulo que se volvió mágico con Kulboka. Falló la dirección de Rousselle y Schreiner, pero el corazón seguía latiendo. El lituano empezó el duelo con una canasta de dos y otra de tres. Luego desapareció, regresó y sostuvo a los hombres de negro con lanzamientos que hicieron tragar saliva a la hinchada local. Tras un mal tercer cuarto, en el que los bilbaínos encajaron 26 puntos y firmaron siete pérdidas, resucitaron en el último. Remaron como galeotes y lo vieron todo perdido a falta de tres segundos para el final (73-70). Entonces Kulboka mandó un misil y llevó el duelo a la prórroga.

El Bilbao Basket siguió mordiendo y pudo ganar en la primera prórroga, pero el palmeo de Balvin no quiso entrar. Tampoco el de Lammers en el segundo tiempo extra. Ambos sobre la bocina. Una vez más Kulboka había resucitado a los suyos –con el 96-91 metió un triple y dos tiros libres–, pero los hombres de negro acabaron cayendo. Con estruendo, como hacen los gigantes.