Miribilla les mete en la gran final

Miribilla les mete en la gran final

Un parcial de 10-0 en el inicio del último cuarto le da al RETAbet el margen que necesitaba para adueñarse de un partido esquivo que el Melilla supo batallar

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Cuarenta minutos menos. Sólo quedan los últimos. Se acerca la bandera a cuadros y el RETAbet se niega a que nadie le tome el rebufo. En una carrera de eliminación llega a la vuelta definitiva. Estar es ya un triunfo que tuvo que sudar en el infierno. Pero es el suyo. El averno de Miribilla acaba con los intrusos. El Palencia fue despachado en el último set de la previa y el Melilla siguió la misma suerte, casi también en formato tie break. Sufrimiento, nervios, dudas, agobios y desesperación que fueron moderándose con el paso del tiempo, la imposibilidad del Decano para agrandar la herida cuando logró hacer que manara sangre y la recuperación de constantes como entereza, disciplina, implicación, decisión y solidaridad. Y la aportación desde unas gradas impregnadas de fe que acabaron siendo el factor determinante por el que los hombres de negro se saben ya en la gran final de su año oscuro.

Que ambos rivales han aprovechado bien el tiempo estos diez días es un hecho que habla maravillas de su capacitación. Pizarras bien enceradas con el rotulador mostrando rumbos, derivas y coordenadas. Nada quedó al pairo. Todo estudiado, buscado y analizado. Empates en los dos primeros cuartos y ligera ventaja (55-58) norteafricana en el tercero. Parecía arrimar Alejandro Alcoba el ascua a su sardina. El técnico de los azul royal había deseado en voz alta llegar al último folio del guion ganando. Ahí lo tenía.

75 Retabet

Schreiner (8), Brown (9), Matulionis (3), Demetrio (8) y Larsen (15) -cinco inicial-; Salgado (7), Rigo, Huertas (4), Edu Martínez, Cruz (6) y Lammers (15).

68 Melilla

Franch (13), Gilling (2), Agada (18), Gjuroski (5) y Dos Anjos (13) -cinco inicial-; Javier Marín (7), Txemi Urtasun (7), Rubio, Vucetic (3) y Balaban.

parciales:
18-18, 38-38 (descanso); 55-58 y 75-68 (final).
ÁRBITROS:
Palomo Cañas, López Herrada y Lucas Martínez. Eliminaron por cinco faltas a Dos Anjos.
INCIDENCIAS:
Segunda semifinal con lleno en Miribilla.

Para conseguirlo dinamizó una lucha de alternancias. La secuencia en los primeros diez minutos fue, en las tacadas, de 5-0, 0-9, 7-0, 0-4. Siameses ambos rivales en pros y contras, miedos y valentías. Se percibió, como ante el Palencia, que hubo individualidades espídicas, demasiado aceleradas. Matulionis fue el primer ejemplo, que obligó a Mumbrú a reclamarle en la banda para rebajar su taquicardia. Su concurso era vital en la marca sobre Agada que, como era un secreto a voces, concentró las opciones de su equipo.

Apagado y bien frenado el nigeriano, en cuanto espabiló y formó sociedad en la pintura con Dos Anejos activó la ambición melillense. Emergió un equipo disciplinado, negando su condición de convidado de piedra porque no lo era. La maestría de un ACB como Franch y la experiencia de Urtasun completaban una quiniela que durante dos tercios de la tarde amagó con consolidar el 2 en el casillero de la segunda semifinal.

En el bando local, las dos faltas prematuras de Schreiner alteraron la hoja de ruta inicial. Mumbrú activó a Rigo con protagonismo estelar defensivo y, aunque el balear se trastabilló de entrada, acabó por ofrecer esa verdad tan suya sobre el parqué. Brown y Urtasun se buscaban y rebuscaban y la contienda era imposible que se decantara por un dueño. Hasta llegó Alcoba a hacer trabajar la capacidad de reacción de Mumbrú cuando jugó sin bases. La orden era estricta. Balones a Agada y que se buscara la vida dado que su calidad crecía con la permisividad arbitral para no sancionar sus pasos constantes y sí las faltas a favor.

Sin apenas triples

El 1-11 en las visitas de unos y otros a la línea del castigo hasta el descanso preocupaban. En el segundo acto siguió sin romperse la baraja y la alternancia coincidió entonces con las ventajas que sacaron ambos a raíz de pedir tiempos muertos. Se jugaba a la piedra, un partido carente de triples (cinco en total al descanso). Tocaba pisar arenas movedizas. Y ver a qué se agarraba cada uno para salir del entuerto. Y cuando todo apuntaba a que el partido giraba hacia los vizcaínos su falta de tino desde los tiros libres les retrasaba y hasta convertía de nuevo en perseguidores.

Lammers muy superado, dejó su papel estelar para el trabajo a destajo de Larsen, un barrenador en la pintura melillense. Todo pasaba por encontrar un golpe de riñón para demarrar y coger metros de ventaja y aire limpio. Tampoco hacía falta mucho porque el peso del protagonismo hacía más mella en el Decano. Y fue una vuelta de tuerca con la que no se contaba.

Había activado Mumbrú a Huertas en los instantes finales del tercer cuarto y le mantuvo en pista en el inicio del último junto a Salgado y Rigo. Dos alimañas atrás y el de Santutxu para activar a Demetrio y Lammers, obligados los postes a dominar el rebote. Y surtió efecto. Salida en tromba para el prolongado sprint final. Miribilla en pie, apretando, aullando. Desde las gradas se le metió el miedo en el cuerpo al Melilla y los hombres de negro rompieron las amarras a bocados. Casilla de salida, un triple esquinero de Huertas y un dos más uno para Lammers en el que el cordobés también puso su huella. El RETAbet se amotinó. Parcial de 10-0 y un ejercicio continuado de control ejemplar. La lesión final de Agada les quitó un problema de la cabeza. Y los hombres de negro se vieron en la gran final, llevados en volandas por los que nunca les fallan.

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