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Segunda victoria del Bilbao Basket ante casi siete mil espectadores

Varios jugadores luchan por el balón./IGNACIO PÉREZ
Varios jugadores luchan por el balón. / IGNACIO PÉREZ

La sociedad Salgado-Lammers pone la guinda y los puntos finales necesarios para enderezar un partido que recuerda al RETAbet dónde está

J. M. CORTIZAS

Son los nuevos 'influencer', la pareja de moda en la franquicia de Miribilla. Hay más, cierto y justo reconocerlo. Pero este miércoles, cuando la cosa se ponía muy malita por momentos, entre ambos y el empujón emotivo de la marea negra reventaron las costuras de un partido que se olvidaron de ganar con solvencia los hombres de negro mucho antes, cuando camino del descanso parecieron hartarse de la compañía y pusieron el +13 en el luminoso. El golpe de riñón sólo les permitió tomar ventaja en las metas volantes y tuvo que ser la sociedad Salgado-Lammers la que se llevó la recompensa de firmar de su puño y letra la resolución del entuerto, la segunda victoria seguida del RETAbet en esta LEB Oro de la que, créanlo, como decíamos para cerrar la crónica del estreno en Oviedo hay que salir pitando.

Porque cuesta mucho definir, orientar, reconocer lo que hay delante. Como con el Oviedo, respetos, honores y reconocimiento supino para un TAU Castelló que ya mosqueaba desde la lectura de su nombre. Los levantinos se sublevaron en Miribilla porque le echaron todo el coraje y brotes de calidad imaginados, pero su efecto lo potenció un arbitraje para el que hay que estar preparado. Dos reglamentos, intercambiables dependiendo de quién defendiera, imposibilidad de cargar el estadillo de faltas de los visitantes mientras el propio rebosaba. 5-0 en personales en ocho minutos. 11-5 al descanso, cuando los de Toni Ten habían pisado la línea de castigo en diez ocasiones. Ninguna los anfitriones. No es normal. Como la permisividad con un Juanjo García adalid de los del Ciutat. Sus recursos son más explosivos con barra libre. En dos jornadas en las que se ha ido más allá de los 50 minutos en pista se ha embolsado 11 personales del prójimo y sólo le ha caído una. Y no es apuntarle como un jugador dudoso, sombrío. Al contrario. Pero la simple permanencia en la zona caliente durante tanto tiempo implica, lógicamente, un reparto menos escandaloso en ese apartado.

87 Retabet

Schreiner (10), Brown (12), Matulionis, Cruz (13) y Larsen (14) -equipo inicial-; Rigo (15), Mendikote, Salgado (7), Edu Martínez (3), Sinica (3), Lammers (10).

78 Castelló

Faner (9), Chema García (4), Bas (6), Juanjo García (16) y Washburn (19) -equipo inicial-; Williams (10), Sabaté, Lucas, Fuzaro (14).

Parciales
20-24, 24-17 (44-41), 21-21 (65-62), 22-16 (87-78)
árbitros
Martínez Prada, Carpallo, Fernández Carretero. Sin eliminados.

Incluso con esa ventajosa posición para el jugador que comparte los galones en el Castelló con el retornado Washburn, el RETAbet debió superar el trance doliéndose menos, con una presión no tan aguda como la que por momentos le sacó del partido. Era realmente complicado saber a qué atenerse y el ansia le provocó cierta zozobra. Nada grave, pero sí peligroso, sobre todo cuando todos los apuntes positivos acumulados, que corroboran el presumible acierto en la confección de la plantilla, parecían quedar difuminados por los brochazos que repartía el visitante. Y con la entrada en el escenario de un hasta entonces Leon Williams algún foco pareció fundirse y se corrió el riesgo de que pa penumbra desluciese el acto final.

Triples

Hasta ese momento de alta tensión, siguió agradando, mucho, el poderío de Larsen en el poste bajo, con el ropaje del jugador hiperimplicado que todo técnico pretende. Brown seguía sin mostrar sus cartas. Juega con otra baraja que en la pretemporada, pero en cuanto atisba un milímetro de ventaja demuestra que es una centella. Y Lammers también fue generoso en el encofrado sobre el que sustentan los pilares de un buen pívot. Había vuelto el grupo a perseguir la senda triplista sin éxito (2 de 8 en el primer cuarto), pero Mumbrú cuenta con aristas invitados, que con el tiempo pueden cambiar de camerino para empolvarse junto a las estrellas.

Tomeu Rigo fue en esta ocasión el meritorio que dejó de serlo para meterse en el barro con el desatascador en la mano. Tres triples del balear casi seguidos y el primer maridaje Salgado-Lammers pusieron un parcial de 11-0 con el que hasta el arbitraje parecía menos nocivo de lo que realmente era. Instantes de vino y rosas, ilusiones tremendamente prematuras, pero en esos momentos reales de sentirse de paso, como en una pesadilla, en la pantalla de un juego al que no corresponde. Iván Cruz también enmendaba sus primeros pasos, estos mucho más sólidos.

La prueba de fuego estaba por llegar. Volver del descanso y que te piten dos personales al mismo jugador en los primeros trece segundos, llevando además al susodicho Matulionis a la cuarta muesca en su hoja de cargos, no es lo imaginado. Tampoco seguir con una antideportiva a Salgado cuando el de Santutxu fue el mancillado y hasta derribado. Tardaron los locales 23 minutos en acercarse a la línea de tiros libres. Vuelta a la sartén. Se quemaban ahora los hombres de negro, a remolque de los tirones secos del TAU Castelló. Larsen contuvo el desgaste y Brown, aún errático, colaboraba en la maniobra de control. Y demostrando su pésima preparación o lamentable mal día el trío arbitral cambiaba la brújula por otra imantada en el sentido hasta entonces contrario.

El partido se precipitó en un último cuarto perfecto para que Mumbrú y sus hombres mostraran sus credenciales. Triples de Rigo, Schreiner y Sinica. Fue la alfombra roja que pisaron Salgado y Lammers. El final para ellos. De tres, en alley-oop, con faltas recibidas y un tapón. Qué bien les supo la última cucharada.

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