El celebrado regreso de Rafa Pueyo

Rafa Pueyo./
Rafa Pueyo.

Su fichaje como director deportivo del Bilbao Basket hace justicia a su gran trabajo y discreta salida tras el peor año en la historia del club

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Hace unas semanas comentaba en las páginas de EL CORREO cómo había sido su duelo tras dejar los banquillos de la élite. Naturalidad fue la palabra que más utilizó Rafa Pueyo para referirse a la transición de una década de dedicación en cuerpo y alma al Bilbao Basket a los nuevos caminos que abrió a base de esfuerzo e insistencia para seguir vinculado al mundo del baloncesto. Por eso, su regreso a la franquicia de Miribilla sólo puede despertar sentimientos de celebración. Por merecimiento y por su valía.

Nadie es capaz de acercarse a imaginar lo que tuvo que ser su último año en el club, como entrenador jefe de unos hombres de negro declarados en huelga, con varios meses con las nóminas impagadas y una planta noble que se temía que ya había llegado su hora por los movimientos que comenzaron a percibirse a su alrededor. Había puesto en práctica lo aprendido y ejecutado como mano derecha de Txus Vidorreta y Fotis Katsikaris y en el curso más inestable y traumático de la historia del club en la ACB –lo fue más que el que concluyó hace meses con el descenso a LEB– lo saldó con un balance de 13 victorias y 22 derrotas en Liga Endesa y superávit en la Eurocup (9-8).

A partir de aquel instante, su marcha fue discreta. Sólo con el tiempo reconoció la tristeza que le procuró «que no se valorara el trabajo de aquel año y de muchos otros», porque la opción de continuidad en el banquillo nunca existió, con los nuevos gobernantes de la entidad engatusados con el proyecto que les había presentado Sito Alonso. A lo sumo se le ofreció a Pueyo un puesto de índole técnico con una oferta económica que quedaba incluso lejos de su sueldo cuando era asistente ACB. Vamos, lo que viene siendo un enunciado que en sí mismo provoca la respuesta negativa.

Aún en caliente, cruzó el Atlántico animado por un hermano que vive en Estados Unidos y estuvo asistiendo a entrenamientos y sesiones de trabajo en el Boston College y en Salem University. Aunque le tentó alguna franquicia ACB como segundo, no quiso pagar el peaje de cambiar de ciudad y volver a la selva de la Liga Endesa y comenzó una senda que le llevó a compaginar programas de tecnificación con la empresa Improve Basketball, tomar las riendas del Igualatorio Cantabria Estela llevándolo dos años seguidos a la fase de ascenso a LEB2, y adentrarse en la docencia, en la Universidad Europea del Atlántico y en Kirolene, grado medio de FP desarrollado por el Gobierno vasco.

Su recién estrenada paternidad coincide en el tiempo con el acuerdo alcanzado para responsabilizarse de un área vital para el desarrollo futuro del Bilbao Basket, como es su dirección deportiva. Huelga decir que la franquicia tiene muy claro, revisando las dos últimas campañas, lo que no se debe hacer a la hora de planificar y confeccionar una plantilla. Y Pueyo, también.

Más gente de la casa

También es una buena noticia para el basket vizcaíno que no se haya recurrido al mercado exterior para dotar a Álex Mumbrú de un asistente. Es otro regreso el de Jorge Elorduy al club en el que estuvo a las órdenes de Txus Vidorreta, si bien a su camino desde entonces no le ha faltado prácticamente nada. En competiciones FEB ha formado parte de cuerpos técnicos en la EBA (Patronato, Santurtzi, Lan Mobel), LEB 2 (Aguas de Calpe, Gijón) y LEB (Cantabria Lobos, Melilla). Hace cuatro años quiso probar en el mercado sudamericano y migró a Paraguay para dirigir primero a su selección femenina y al Libertad de Asunción, para después hacerse cargo de los conjuntos masculino y femenino del Sol de América. Su retorno a España le hizo pagar el peaje en Logroño, donde su etapa al frente del Campus Promete en la Liga Dia se saldó antes de lo previsto con un balance de 2-15. Como Rafa Pueyo, su vínculo que las federaciones vasca y vizcaína le otorgan el rango de perfecto conocedor del baloncesto de base.

 

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