¡Qué bien se está en la ACB!

Un momento del partido jugado en Miribilla. /BORJA AGUDO
Un momento del partido jugado en Miribilla. / BORJA AGUDO

Partido de épico a agónico de un RETAbet que apresó al Valencia de Euroliga hasta someterlo sin complejos

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Bendito baloncesto que nos ha rescatado de un fin de semana que venía aciago. Gernika y Zornotza ayer abrieron la senda para que el deporte vizcaíno no acabara mancillado por completo, con la derrota del Athletic, Rahm sin pasar el corte en Escocia y Lejarraga cazado en el Bilbao Arena por un ruso con ADN de alimaña. Había dudas, hasta temor, de que las malas noticias continuaran en la matinal dominical. Pero no. Los hombres de negro no querían fallarse a sí mismos, ni emborronar el homenaje de despedida a Javi Salgado. Se enfrascaron en un partido épico, tan excelso en su inicio como agónico en el desenlace. Y el RETAbet consiguió hacer doblar la rodilla a un Valencia con vitola de Euroliga, un rival con un fondo de armario interminable. Casi 500 días después de su última apertura de puertas a la Liga Endesa, Miribilla estallaba gracias a un equipo que invita a soñar en pasarlo bien, en disfrutar, en que el retorno a la ACB no sea testimonial.

Mumbrú tiene claro su quinteto de gala. Como el hecho de que cuando las rotaciones entran en juego el cambio de cromos no alterará una máxima, la implicación, el desgaste, la carencia de egoísmos. Cada pieza encaja en un estuchado y todas juntas hacen que la maquinaria funcione. Tan simple, tan difícil de ver. Liberarse de tensiones es parte del oficio y hacerlo sin perder tiempo, lo ideal. Arrancada soñada de los hombres de negro. Un triple de Rafa Martínez, en quien se clavaban todas las miradas por su pasado taronja, puso en marcha un mecanismo que durante veinte minutos incluyó una precisión quirúrgica. Encelada con el aro, sin importar la distancia, la tropa local abría hueco en solo dos minutos (9-2). Las metían de colores y apretaban atrás sin conceder rebotes.

83 RETAbet

(28+25+18+12): Rousselle (9), Rafa Martínez (16), Bouteille (13), Kulboka (14) y Balvín (7) -cinco inicial-; Schreiner, Brown (6), Sergio Rodríguez (5), Cruz (8) y Lammers (5).

79 Valencia

(18+16+23+22): Van Rossom (14), Abalde, Marinkovic (3), Doornekamp (3) y Dubljevic (10) -cinco titular-; Quino Colom (2), Vives (15), San Emeterio (7), Sastre, Labeyrie (4), Motum (13) y Tobey (8).

Parciales:
28-18, 53-34 (descanso); 71-57 y 83-79 (final).
Árbitros:
Carlos Peruga, Rafael Serrano y Cristóbal Sánchez.
Parciales:
28-18, 53-34 (descanso); 71-57 y 83-79 (final).
Incidencias
Partido correspondiente a la segunda jornada de la Liga Endesa, disputada en el Bilbao Arena de Miribilla ante unos 8.000 espectadores

Espejismo

Podía ser un espejismo, un simple desajuste de los taronja que con el paso del tiempo sería corregido. Hasta el descanso no dio nunca esa sensación. Porque llamara a quien llamara Mumbrú para pedir el cambio en la mesa de anotadores se topaba con un jugador leal a la causa. Repartida la anotación, los rebotes, las asistencias, un coro que sonaba celestial. Sin complejo alguno. Al contrario. Cuando el margen llegó por primera vez al doble dígito fue con un cinco en pista con reciente pasado LEB. Schreiner, Brown, Sergio Rodríguez, Cruz y Lammers lograban más que poner firme a un Valencia que tampoco mejoraba moviendo sus brillantes fichas. Este cinco le ganó el pulso al integrado en ese tramo por Vives, Sastre, San Emeterio, Labeyrie y Tobey. Las comparaciones son odiosas.

Fue un chute de confianza. El 28-18 del primer cuarto validaba lo que pretendía Mumbrú. Una barbaridad de puntos endosados a un equipazo. Y ese núcleo duro llegado de la segunda unidad mantuvo el tipo y el listón pese a la entrada en liza de Quino Colom y todo lo que tenía Jaume Ponsarnau, al que comenzó a apretarle el cuello de la camisa. El RETAbet quería y por el momento podía. Hacía daño con balones dentro, habilitando a sus tiradores y jugando a la mano. Eran demasiados frentes abiertos para los de La Fonteta, incapaces todavía de ir calafateando su estructura. La sangría creció y en el descanso había que pellizcarse para creer que era real el 53-34 que mostraba el luminoso. Además, la temperatura era volcánica porque el acierto llevaba unidas acciones atrás de gran mérito. Y para colmo valencianista los jugadores locales enfilaron el camino al vestuario tras celebrar un tapón de Lammers a Labeyrie.

Que iba a costar mantener el ritmo y la eficacia era un hecho con el que se contaba. También con la reacción del Valencia. Algo debía hacer para no regresar abofeteado por un recién ascendido. Anotando primero en la reanudación, el Bilbao Basket estableció su mayor ventaja, 21 puntos. Palabras gruesas, mayores. Con el intercambio de canastas los visitantes fueron reduciendo el margen, pero nunca se acercaban lo suficiente para marcar el punto de inflexión. Cada vez que amagaban surgían las muñecas de Bouteille, Rafa Martínez o Kulboka, el equilibrio en el rebote y los latigazos de Rousselle o Brown enfilando el camino más directo hacia el aro.

Un momento del partido.
Un momento del partido. / BORJA AGUDO

Contención

Ya no era tan solvente el RETAbet como el de una primera parte que remató con 16 de 22 en tiros de dos y 6 de 12 en triples, anotando entre 5 y 8 puntos todos sus jugadores salvo Schreiner, reboteando todos menos Brown, y asistiendo todos menos Brown, Sergio y Cruz, que se afanaban en otro frente, el de la contención. Era imposible seguir en tal estado de acierto. Así que el sentido del juego viró hacia un intercambio de canastas que le permitió, pese a dejarse algo en el cambio, llegar a la última meta volante con 14 puntos de ventaja y el subidón anímico de un déjà vu, otro gorrazo soberbio de Lammers a un Labeyrie que tendrá pesadillas protagonizadas por el ingeniero texano.

Lo que quedaba por experimentar era el alcance de la resistencia, del sufrimiento, la caja que le restaba a los hombres de negro. Se le veía venir al Valencia de lejos, desde hacía rato. Y su inercia atropelló al RETAbet. Aunque sería más propio hablar de que fueron los hombres de Mumbrú quienes amagaron con inmolarse. Cierto es que los taronja apretaron, se toparon con un arbitraje que metió a los de casa en bonus en dos minutos y recuperaron el olfato para anotar. También lo es que la errática transformación bilbaína tuvo más que ver con la mala puntería que con las dificultades encontradas. Una lluvia de tiros librados que repetían impacto en el hierro.

El agobio crecía y se desbordaba. Pasaban las posesiones y sólo se presentaba en la ventanilla de canje el Valencia. Parcial de 0-12 en 6'15 minutos para que el marcador se apretara hasta un asfixiante 71-69. El pulso otrora descompensado llegaba a un final liquidado a la piedra. Tardó, pero la máquina de enchufar fue reactivada a tiempo por Bouteille y Kulboka, con la inestimable aportación de Rafa Martínez tirando del carro y Balvin creciendo en la pintura para cerrar el espacio aéreo. Lo más sufrido mejor sabe. Fue la sensación que perduró en unas gradas modélicas en el impulso definitivo. Así Salgado tuvo su merecido homenaje con las mentes despejadas y un cosquilleo ya olvidado. ¡Qué bien se está en la ACB!