Bilbao Basket - Valencia Basket La realidad más cruda del RETAbet

Incapaz de competir por la falta de efectivos y la flojera de algunos disponibles, el Valencia le pasa por encima sin compasión

Kjanic intenta el lanzamiento ante una maraña de manos rivales./Moisés Castel
Kjanic intenta el lanzamiento ante una maraña de manos rivales. / Moisés Castel
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Nada con lo que no se contara. Duele hasta escribirlo, pero es lo que hay. Se manifestó en el Bilbao Arena la realidad más cruda de un RETAbet bajo mínimos, a merced de un Valencia con pegada de equipo sin compasión. Otro de esos partidos que nunca llegó a existir, entendido como muestra de pugna entre dos escuadras rivales. Diez minutos fue lo que consiguieron aguantar los hombres de negro en un primer cuarto de intercambio de canastas. En adelante, un páramo lúgubre. Fue una barbaridad lo que se notó la ausencia de los cinco lesionados que poblaban la esquina de la izquierda del banquillo local. Rousselle, Balvin, Serron, Rigo y Hakanson, mascarillas en ristre, vestuario de paseo, inactivos. Pero no menos dramática resultó la casi desidia en la que cayeron algunos jugadores que acabaron hasta posterizados. Entendible por que ante la machacona anotación taronja el mal cuerpo invadía las anatomías de los de Álex Mumbrú. Pero nunca justificable que un proyecto de muy buen jugador como Pradilla sacara los colores como hizo en el último cuarto a cada integrante del bando vizcaíno al que se enfrentó en la zona de la verdad.

73 RETABET

106 VALENCIA

árbitros:
Peruga, Manuel y Sánchez.
incidencias:
Sin público en el Bilbao Arena de Miribilla.

Era la crónica de una derrota anunciada. Ni siquiera sirvió de alivio conocer que Ponsarnau se quedó sin los puntos de Prepelic al no viajar el esloveno a Bilbao por un asunto personal. Con Betolaza como titular para proteger a Brown de un posible inicio accidentado por las faltas –el bilbaíno acabó jugando 16 minutos–, sobre el parqué se medían el quiero y no me da para más versus una poderosa versión del Valencia de Euroliga, que ni tuvo que romper a sudar para anotarse su octava victoria liguera consecutiva. Tobey y Labeyrie sentaban las bases de un dominio al que colaboraba San Emeterio, agradecido el veterano jugador cántabro de que no se tratara de una jornada de exigencia física. De todos modos hasta salió airoso cuando recurrió en ataque al cuerpo a cuerpo. Mal parados Zyskowski y Reyes en ese apunte. El alero polaco se unió a Jenkins para ir dando respuesta a cada misil que recibían de los inquilinos de La Fonteta, pero acabó tan difuminado que se perdió todo rastro de jugador que le quedaba en la gélida tarde de Miribilla. La cosa se puso pronto seria (12-21 a los 6,30 minutos) pero tras un tiempo muerto el RETAbet ajustó la hasta entonces inexistente defensa, reboteó, corrió y estabilizó al enfermo para llegar indemne al primer control de paso (21-25).

Y punto final. Con Brown y Kljajic compartiendo el reto de subir la bola en el segundo cuarto, una salida en falso, fría, torpe, con tres pérdidas consecutivas y el desorden que acompañó a la puesta en escena de Huskic, todo se vino abajo. Más que margen de confort, el Valencia habitaba un parque temático de la comodidad con la virtud de ser un equipo que no atiende a condicionantes respecto a lo que ve ante sí. Asumió el pulso con el RETAbet como si los vizcaínos fueran gladiadores. Aunque no lo llegó a necesitar, ese plus de energía alcanzó también a la confianza de sus tiradores. Exquisitos haciendo llegar la bola a un lanzador liberado amagaban con romper la banca con tanto acierto. Ni en eso tuvo una pizca de suerte del Bilbao Basket. Incluso solos podían haber fallado, pero casi nunca fue el caso. Tres triples seguidos llevaron a los de Ponsarnau a una pantalla ya inalcanzable para el nivel de juego de los anfitriones.

Con 15 puntos de reta al descanso, los valencianistas se sabían ya ganadores. Podían prescindir de los veinte minutos restantes porque era físicamente imposible que los hombres de negro turbaran su feliz sobremesa. Recurrieron a mantener la presencia de dos bases en pista para maniatar de manera constante la fluidez del juego local y huelga decir que lo lograron. El tercer cuarto encumbró a un hasta entonces anodino Williams, con Kulboka contestando los puntos que cedía en defensa y Aminu como único pívot que ofreció algo a Mumbrú. El poste de Atlanta, rudo en sus formas, al menos facturó en la pintura hasta ser el máximo anotador de casa junto a Jenkins. Pero el Valencia no levantó el pie y consagró su paliza con el gran sprint de Van Rossom, Labeyrie y el citado Pradilla, que se construyó un carril de uso exclusivo por la línea de fondo. Todo ellos desde un 0-13 para estrenar el último acto.

La mayor desventaja llegó en varios momentos a los 37 puntos y sólo cedió muy ligeramente cuando desde ambos banquillos se recurrió a los más jóvenes. Por si fuera poco, Brown se marchó antes de tiempo doliéndose de un pie y Mumbrú acabó poniendo en pista a Betolaza, Del Val, Kljajic, Miniotas y Dos Anjos.

El consuelo, aunque cada vez lo es menos, llegó ya en el vestuario cuando se conoció la derrota del Coosur Real Betis en San Pablo ante el Hereda Burgos (76-85).

Un susto de Brown para añadir a la lista

Últimos minutos del encuentro, con el pescado subastado y vendido desde hacía mucho. Una jugada en apariencia fortuita hasta que Jaylon Brown tuerce el gesto, se lleva la mano a uno de sus empeines, se toca y parece buscar algo. Se debió llevar un buen susto el escolta de Indiana. Quizá algo le recordó a lo sucedido hace un año en Gran Canaria cuando una fractura en un pie le llevó a pasar por el quirófano y perderse el resto de la temporada. Su reacción fue instantánea. Tras el cambio se marchó de la pista hacia el vestuario ayudado por uno de los fisios sin poder pisar con la extremidad dañada. En principio parece descartarse que la cosa vaya a más y sea de gravedad, pero con la racha que atraviesan los hombres de negro es como para pensar en algún mal de ojo.