El Bilbao Basket no puede con la Copa

El Bilbao Basket no puede con la Copa
Fernando Gómez

Tras un comienzo esperanzador del RETAbet, el Betis ajusta su defensa y se impone en la final disputada en Sevilla

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Músculo. Mucho. Demasiado. Fue el argumento, unido al juego, claro, que el Real Betis puso sobre la mesa de la partida final y el RETAbet se quedó sin fichas para nivelar la apuesta. Se supo siempre más duro el anfitrión y, tras verse sorprendido en el arranque, entendió que los experimentos se hacen con gaseosa para que no haya daños o lesiones. Lógica aplastante. Si soy más poderoso, notablemente más duro que el otro candidato, para qué dejarle culebrear a riesgo de que en una de esas te des un pescozón y quedes sonado. Nada de eso. Mazo en mano y si sus resortes aguantan ya habrá tiempo para indagar sendas alternativas. Si llevan los béticos ahora 19 victorias seguidas es por algo. Los hombres de negro han vuelto a recordar el motivo. Soñaron con ser guerreros y lo fueron, pero su bravura no bastó para tumbar al gigante sevillano.

Otra final al garete. Tampoco han sido tantas, vale, pero mantener la secuencia perdedora duele. Porque amparándose en tomar el duelo copero como un elemento independiente, ajeno a la Liga, el Bilbao Basket reivindicaba su capacidad para competir y ganar contra cualquiera. Se puso en marcha tocando las narices al prójimo, haciéndole pensar, con la guardia cambiada. La experiencia dice que son más los perdedores que los ganadores quienes trampean antes. Pero la argucia motivó a los vizcaínos. «Ya estamos», se dirían los béticos cuando tras ganar el salto inicial se toparon con una defensa en zona. Lo que no se alejó de la previsto fue la colección de candados con que quisieron cerrar el acceso a su pintura. Y poco le importó, entonces, a un RETAbet que se reencontró con la puntería.

80 Real Betis

Dani Rodríguez (12), Borg (2), Bropleh (16), Malmanis y Stainbrook (12) -cinco inicial-; Costa (9), Olumuyiwa (6), Almazán (10), Johnny Dee (5), Enechionyia (3), Samb (5).

70 Retabet

Schreine, Brown (23), Larsen, Matulionis (3) y Demetrio (13) -cinco inicial-; Salgado (6), Cruz (10), Huertas (4), Edu Martínez, Rigó (3), Lammers (8).

Parciales:
20-19, 20-16 (40-35), 21-11 (61-46) y 19-24 (80-70).
Árbitro:
García León, García González y Lema. Eliminaron por personales al local Stainbrook (min. 40) y al visitante Lammers (min. 40).
Incidencias:
Casi lleno en el San Pablo con unos siete mil espectadores, entre los cuales había dos centenares de seguidores bilbaínos.

Tanto que solo anotaba de tres en tres, convirtiendo la línea mágica en una mesa puesta. Brown, Matulionis, Brown de nuevo. 4-12 en el luminoso con 4 de 6 desde la marca más lejana al aro. Fue una ventaja importante que no tuvo continuidad, pero que alertó a Curro Segura sobre lo que se le podía venir encima. Porque en el Betis solo el a la postre MVP Thomas Bropleh daba la verdadera dimensión de integrante de un equipo que arrasa por donde pasa. Tiró el de Denver del carro andaluz y los tiros libres completaron la cuestación para que el primer cuarto no concluyera con sobresaltos. El 1-5 en faltas señaladas (recibió la única el anfitrión a los siete minutos y medio) tampoco era un apunte contable que favoreciera a los de Miribilla.

Ambiente espectacular

Los números, en cualquier caso, le iban saliendo a Mumbrú. Tenía 'on fire' a Jaylon Brown, Demetrio ponía la intensidad y el resto remaba más o menos al compás. Para entonces, ambos equipos se habían hecho al ambiente espectacular. Cumplió su palabra el Betis de tener un lleno técnico en su aforo (6.444 aficionados) entre los que los integrantes de la marea negra siempre se dejaron sentir, cerca del banquillo vizcaíno. Pero había temor a que se prolongara esa cierre de frontera interior, ese embudo que evitaba que una posesión sí y otra también llegara a la zona caliente cerca del aro. Un tempranero alley-oop de Lammers y poco más.

Había coronado el primer puerto el Betis por media rueda. Sólo dos ventajas en el cuarto, 18-17 y el 20-19 final. Mucho rédito y una evidente recuperación anímica para lo mal que lo pasó. El vehemente Almazán abrió el segundo melón con un triple y comenzó a acabarse lo que se daba. Quedaba un mundo, la goma mantuvo hasta el descanso su elasticidad y lo amagos vizcaínos no pasaban de eso, de avisos, espasmos, el sempiterno querer y no poder. La defensa bética se armó de pinzas y los chasquidos pasaron a formar parte del soundtrack en escena. Las marcas sobre Salgado y Schreiner, de denuncia por acoso. Y el muro interior seguía cogiendo altura. Los locales manejaban un reglamento que ampliaba en uno los pasos aceptados -una tacada de cinco puntos seguidos en dos acciones corricolaris de Olumuyiwa- y en cuanto a contactos mejor no hablar. Lo hacían por sí solas las secuelas cromáticas en los brazos de Cruz, Demetrio y Lammers. Y al mirar el contador de personales aparecía un inverosímil 8-16 en favor del que más cera repartía, que además era el más poderoso en músculo y energía.

Hubo tics de quedarse atrás. Los arreglaba un triple de Rigo, otro de Salgado o la habilidad de Demetrio para estar donde y cuando debe. Todo ello fruto de su inagotable voluntad. Pero el Betis comenzaba a parecerse al conocido, esperado y temido. Esa propuesta, aceptada, del casi todo vale dejó al RETAbet profundamente tocado, dubitativo, vulnerable. Buscaba caminos de base a pívot y todos permanecían cortados. Al descanso, la demora de cinco puntos era casi anecdótica para un equipo que llevaba 4 de 5 y 8 de 22, de dos y de tres. Así, o las metes de colores desde fuera o estás muerto. Lo segundo. Porque en la reanudación todo se duplicó, la intensidad de la defensa, el agobio sufrido y el castigo recibido. Con tres faltas Salgado, Brown y Lammers, la línea de flotación quedaba a la vista para que los torpedos hicieran blanco. Se escapó hasta a 17 puntos el que tiraba para atrás del tufo a campeón que desprendía y con el pataleo, el amor propio y los coletazos de orgullo herido, la reacción, sin serlo, llegó al sucedáneo de rebajar el doble dígito. Una cima inalcanzable.