Bilbao Basket

El Bilbao Basket ya está donde no quería

San Emeterio, el mejor del partido, disputa un balón con Mumbrú en su último partido en la Fronteta./EFE
San Emeterio, el mejor del partido, disputa un balón con Mumbrú en su último partido en la Fronteta. / EFE

Los hombres de negro suman en Valencia su sexta derrota consecutiva con un encefalograma cada vez más plano

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Agua que no has de beber... el refranero tiene pistas para marcarle el camino a un Bilbao Basket que cayó como se esperaba en la cancha fallera del campeón. Era una misión imposible, excesiva para un grupo desmadejado, al que Mrsic trata de inocular con un gen añadido de rabia, de vergüenza torera, de implicación. O no prende o necesita más tiempo de maduración. Claro que lo que no queda es eso, jornadas, balas en la recámara para volver a cobrar una pieza. Sexta derrota seguida y aquel derbi de octubre en Illunbe en el que se ganó por última vez a domicilio parece ya un capítulo de otra era.

Está claro que unas decenas de sprints no obran milagros. Tampoco las variaciones que durante cinco minutos y medio sí animaron a pensar en brotes verdes. Un RETAbet más móvil, creativo, con un primer trazo de posible solución a la parálisis organizadora de Tabu. Con Todorovic convertido en jefe, el base belga se liberaba de iniciar los sistemas y el serbio tenía lo que quería, la atención de las cámaras. Ni salió mal, ni bien, pero sí respondió ese tramo a lo único potable ofertado por los hombres de negro en La Fonteta. Y eso que el balcánico trenzaba un tapete con errores de bulto mayúsculos y aciertos que mantienen erguidos a los suyos.

Cinco minutos en los que había anotado todo el quinteto inicial, una novedad que podría apuntar a provecho. Repasando anteriores estadísticas salta a la vista cómo se acumulan los puntos en unos pocos renglones del roster. Ver un reparto más natural puede ser entendido como un ejercicio de intenciones. Pero todo es poco en un equipo angustiado, que en cuanto recibe un sopapo el efecto que muestra es como si le hubieran cruzado la cara. Y no es lo mismo. 11-14. Sin ser un espejismo fue lo que aguantó en pie el Bilbao Basket. San Emeterio campaba a sus anchas, Dubljevic fardaba de muñequita linda lejos de la cobertura de Gladness y Txus Vidorreta se tomaba la libertad de acumular tiempo sin un base en pista. Cuando llamó a filas a Vives y Rebic fue reclamado por Mrsic, la historia saltó como un vinilo maltratado. su fue directamente a los surcos finales.

Un parcial de 11-0 en 4’23 minutos hasta el final del cuarto, proyectado hasta un 16-0 al seguir la guadaña afilada de los taronja en el segundo capítulo. Punto final. Un ‘revival’, como ese gastado DVD recurrente que ocupa las tardes insípidas de sofá y manta. Lo mismo que ha venido padeciendo Mrsic en todos los viajes que ha hecho como patrón de los hombres de negro. El primero en el que su equipo vuelve sin tocar el cartón de la novena decena en puntos recibidos, aunque se quedó a un triple. Debe ser frustrante que no salga nada de lo que se intenta. Muchas veces por interpretaciones que se alejan del guion para adentrarse en el terreno de la improvisación.

Entre verde y osado

Tienen mucho de eso los tics de Dejan Todorovic, perceptibles en cuanto comienza a pedir bloqueos como los viejos guardias que se subían en el pequeño púlpito para dirigir el tráfico. O como cuando la excitación puede con Devin Thomas que hace lo más complicado, pelear y capturar un rebote en ataque, y lo dilapida buscando el aro sin compostura mientras las manos extendidas de sus compañeros superpoblan el perímetro pidiendo la bola. Erre que erre.

Los nuevos tuvieron, efectivamente, mayor presencia. Dio igual. Están lejos de poder ser determinantes en algo. Muy verde, como timorato, el base de Belgrado. Todo lo contrario el pívor ghanés, que ayer le echó hasta demasiada pasión ofensiva, a caballo entre su combatividad y una flojera de manos que delata su punto débil. Mumbrú también paga el peaje de la polivalencia. Ausente como alero, no le fui nada bien volviendo al cuatro ante un plantel rival muy físico y poderoso. y la espalda de Hervelle se quedó trabada a los seis minutos de partido.

En esas circunstancias nada se puede hacer. Y para acabar de no entender nada, Salgado, el mejor organizador la anterior jornada frente al GBC, limitó su actividad a reventarse las uñas en plan motosierra en el banquillo, inactivo, incrédulo. Cero en todo para un Bilbao Basket que cuando muestra un encefalograma tan plano ni siquiera es capaz de reactivar su pulso desde la línea mágica. Todorovic fue en ese apartado la gran esperanza blanca con tres cestas lejanas. Bentil, osado él, aportó la restante en la casilla del equipo.

La imagen era demoledora en el cuarto final. Mumbrú, Hervelle y Salgado, pegados hombro a hombro chupando banquillo, eran testigos de que tampoco la sangre fresca procura lo que Mrsic pretende. Cambios, variantes, bandazos... a ver si no van a hacer falta tantas alforjas para este viaje. Llegado el caso, la revolución. Mientras, esto lo sacarán adelante, si es posible, quienes todo el mundo sabe.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos