Baloncesto

Y de repente, ya no están

La efusividad en el juego de Todorovic se topó esta vez con el peaje arbitral y acabó eliminado por personales./ACB Photo / A. Pérez
La efusividad en el juego de Todorovic se topó esta vez con el peaje arbitral y acabó eliminado por personales. / ACB Photo / A. Pérez

Los hombres de negro competían bien en Tenerife hasta volatilizarse en el último cuarto

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Males que se creían superados. Heridas, por lo visto, mal cicatrizadas. El Bilbao Basket vuelve a las andadas, aunque sería mejor hablar de que desanda el camino. Un cuarto, el último, en el que desaparecen sus virtudes y se convierte en un oponente chollo, vulnerable, dormido en el bloqueo directo, incapaz de apretar atrás cuando su rival apostó cuanto tenía a hacer circular la pelota por los confines de la línea de tres. 32 puntos encajados en el parcial clave, en un sprint final al que nunca se enganchó. Llevaba tres cuartas partes de la etapa bien rodadas, con luces y sombras, pero siempre con signos de vida y actividad. No era el acierto un salvoconducto fundamental, pero el trabajo, la constancia defensiva, el uso de manos, equilibraban el balance. Por eso cuesta más asimilar el pésimo desenlace, una tacada de diez minutos en los que los hombres de negro se quedaron más pálidos que su segunda indumentaria.

83 Iberostar Tenerife

(20+13+18+32): San Miguel (9), Richotti (14), Ponitka (16), Abromaitis (11), Vázquez (6) -inicial-, Bassas (11), Vrabac (-), Niang (4), Tobey (2), Allen (1) y Beirán (9).

68 RETAbet Bilbao Basket

(17+14+17+20): Tabu (16), Todorovic (4), Kempton (-), Hervelle (2), Gladness (3) -inicial-, Fisher (3), Tomás (15), Hammink (7), Redivo (2) y Mumbrú (16).

Árbitros:
Jiménez, Aliaga, Cabellero. Eliminado, Dejan Todorovic.
Incidencias:
Se guardó un minuto de silencio por las víctimas de los incendios que han asolado Galicia y Asturias.

Aunque se quejaba Carles Duran de que sus hombres no estuvieron finos en la toma de decisiones en ataque, lo que posiblemente sea cierto, su falta de puntería hasta el descanso fue eso, no tener el día. La circulación era correcta, lo mismo que las ventajas sacadas en las penetraciones. Eso es lo complicado de conseguir, así que la hoja de ruta pintaba bien. Porque, además, se mostraba muy pegajoso el equipo en la marca. Mención especial al trabajo destajista, abnegado, imprescindible de Axel Hervelle como cinco. Lo de verle en el quinteto inicial de alero junto a Kempton y Gladness fue un simple accidente a la hora de dar el quinteto inicial en la mesa de anotación. Un error subsanado en unos segundos que no va más allá del apunte curioso.

Pero era el belga quien daba sentido a la estrategia, al plan con el que el RETAbet pretendía asaltar una cancha que en esta ocasión, pese al desenlace, dio la impresión de ser menos inaccesible que cuando Txus Vidorreta custodiaba sus llaves. Apostado en la pintura, salía hasta alejar, sobre todo a Niang, a límites desde los que no podía hacer daño para ipso facto derivar hacia la zona caliente y darle el relevo o la ayuda al compañero más necesitado. No era un buen partido, no había porcentajes que auguraran una posible fractura en el marcador, se fallaban incluso algunas acciones en las que el error era exponencialmente más complicado que el acierto. Pero, con todo, el Bilbao Basket estaba en el partido, competía y no había nada que animara a suponer que algo iba a cambiar a peor.

Las claves

Físico.
Está siendo costumbre que los vizcaínos bajen su rendimiento de manera notable en la recta final
Triples.
Los de los hombres de negro no entraron y el Tenerife lo castigó con seis en el tramo definitivo

Quizá se esté convirtiendo en muy previsible este equipo porque va limitando sus efectivos hasta hacer cotidiano el jugar con esos cromos cambiados, alternativos, que seguirán siéndolo por la falta de confianza del técnico en la calidad, capacidad o estado de forma de Kempton y Salgado. Lo de Vucetic es otro tema, una apuesta que parece obligado a mascar aunque el serbio o no juegue o cuando lo hace es todo voluntad y mucho menos academicismo. A favor de los planos que sustentan el juego, que se reparte el protagonismo-egoísmo. Sí, los de siempre tiran lo que entienden que deben hacer, posiblemente más de la cuenta. Pero ver asistir a Mumbrú en plena transición, o en el poste bajo, o amagar para atraer la atención habilitando así a otro compañero es una bendición para la vista y seguro que para el valor del juego.

Cuesta abajo

Como cuatro sus galones siguen intactos. Se demuestra cuando llegan las rotaciones y se queda en pista para hacer de pegamento y jefe. Junto a Fischer, Redivo, Hammnik y Gladness, por ejemplo. Además del capitán, Jonathan Tabu tuvo esos ramalazos de autoridad con los que suple los problemas para hacer llegar la bola a su destino. Cuando él decide que se basta por sí mismo no le suele ir mal al equipo y este sábado volvió a pasar. Y para profundizar en los motivos que animaban a entender esta visita como propicia, Pere Tomàs se movió hiperactivo en ataque, cada vez más suelto, aunque luego lo paga atrás acabando por repartir el premio con su par.

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La apuesta generalizada era que el partido avanzaba hacia un cara o cruz en el que siempre es un alivio saber que en el bando contrario no está operativo White, que algún partido ya le ha birlado de tal guisa al conjunto vizcaíno. Cierto, sin citar a los Todorovic, Fischer o Redivo, incluso a Gladness -brillante en momentos de intimidación, pero sin la pegada necesaria para ser el boss en ataque-, la cuesta parecía empinarse. Y lo hizo. El serbio, que había pasado sin pena ni gloria por una cita que chocó contra su efusividad, fue eliminado en los albores del último cuarto, un tramo que había arrancado con un aspecto pobrísimo.

El atasco en ataque venía de atrás, tanto como la inferioridad en el rebote. Pero a partir de ese instante maridó con la nula efectividad de una defensa zonal y la barra libre en el bloqueo directo de la que se beneficiaron los insulares. 5-0 en un minuto y la ventaja que supera la decena (59-48) en la siguiente posesión. Facturaban los de casa como posesos (seis triples) y el RETAbet tardaba cinco minutos y medio en consumar la primera canasta de campo. Se acabó. Cuesta abajo y sin frenos, los de Duran se precipitaron, desfigurados, hacia una derrota que revive males del pasado.

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