El Barça sigue la línea del abrefácil

RETAbet Bilbao Basket - Barcelona: Partido de la ACB 2017-18./
RETAbet Bilbao Basket - Barcelona: Partido de la ACB 2017-18.

En tres minutos los culés de Sito Alonso ya tenían hecho el equipaje para una victoria inapelable ante el Bilbao Basket

JM CORTIZAS

Impotencia. Querer y no poder. Imposible. Barcelona y Bilbao Basket habitan en las Antípodas, en dos planetas distintos, dos mundos que no comparten ni atmósfera. Sucedió lo que cabía esperar porque, pese a la bonanza de los antecedentes (llevaba 5-1 a su favor la franquicia de Miribilla como local desde 2012), esta ocasión estaba marcada, prohibida. Quizá lo mejor fue que no tardaran nada los hombres de Sito Alonso en meter la directa, romper los precintos por donde indicaba claramente la línea punteada del abrefácil y dejar sentenciado un partido sin retorno. Le bastaron a los del Palau tres minutos para medir las distancias con dos dígitos (4-14) y al RETAbet para cerciorarse de que era una batalla inalcanzable. Punto.

No hace falta mucho scouting para saber cómo hacer daño a los hombres de negro. Aunque pueda guerrear, jugar con equilibrio y despejar algunas incógnitas por el perímetro y el juego medio, cuando se trata de afrontar la pintura aparece el brote alérgico. En ataque y defensa. El sarpullido delata el mal y el marcador lo refleja. Y lo grave es que no hay cura más allá de la resignación y, quizá un trasplante, un cambio de miembros, léase pívots. Consta que en el entorno de Kempton se ha hecho llegar adonde corresponde la incomodidad del jugador por su escaso protagonismo. Es de esperar que haya sido el club quien haya contestado de igual modo, con el mismo argumento en sentido inverso. Segunda titularidad para el vecino de Jon Rahm en Scottsdale y una presencia limitada a 3’53 minutos, justo lo que necesitó Seraphin para ningunear su marca y anotar diez puntos sin fallo con total autoridad. Hubo un brote, un espejismo, cuando el de cinco de Arizona le devolvió la primera canasta desde cuatro metros. Datos que sólo perduran como anécdotas.

Y no, no hay que buscar culpables en jugadores concretos. Sería hipócrita y, sobre todo injusto, hacerlo en una situación tan desigual. Más de 400 partidos NBA y una anatomía desbordante en peso, la del internacional francés, frente a la bisoñez del que acaba de dejar el nido y no entiende aún muy bien en qué mundo le ha tocado vivir. Lo va descubriendo sobre la marcha, pero no hay tiempo. El equipo no puede esperar a nadie y como tampoco hay un relevo natural con el voluntarioso Vucetic el ancla sigue en contacto con el fondo. Hasta parece perderse el efluvio que supuso la llegada de Gladness, cada vez más terrenal y en consecuencia secundario ante los postes más poderosos de la competición. Que el meritorio serbio, que de haber seguido en la LEB el Zornotza allí tendría su ubicación natural, firme los mismos minutos que su compañero de Alabama confirma el fregado en el que la composición de la plantilla ha metido al equipo.

El caso es que ese enorme déficit agujerea las velas del Bilbao Basket y así resulta imposible ya no sólo obtener velocidad de crucero. Cuesta hasta avanzar. Lo dicho. Seraphin siguiendo la línea marcada para abrir el envase sin cortarse. Siguiente paso lógico, tratar los anfitriones de dificultarle la vida con ayudas, de intentar llegar una décima antes o multiplicar los brazos y los kilos en la formación de su barrera personal. El Barcelona lo esperaba y jugaba cómodo, de memoria. Sólo tenía que posicionar sus piezas y la calidad se encargaba del resto. El imán del guyanés dejaba libres las líneas de pase hacia afuera. Aparecía Hanga y clavaba dos triples. Rotas las costuras. Eran los blaugrana un colectivo tocado por las hadas de la puntería. Hasta Moerman y Koponen anotaban de tres en finales de posesión con malos pases y dificultades para el control.

8 de 10 y 4 de 6, un cuaderno de tiro demoledor. 29 puntos encajados en el primer cuarto. Aunque siendo sinceros fuera algo que se podía vislumbrar, duele, escuece lo suyo. La entrada en escena de Álex Mumbrú fue como una trasfusión. Sangre, vida. El alero, pasado de vueltas, sabe cómo alterar el orden establecido. O al menos intentarlo. Guerra de guerrillas, jaleo, una vuelta de tuerca, descenso a tumba abierta. El mal ya estaba hecho y el sobreprecio era perder de paliza. Merecía la pena el intento ya que de lo contrario el sopapón era igual de inevitable.

El capitán se quedó demasiado aislado en su partitura solista. Necesitaba otro kamikaze a su lado. Todorovic (seis pérdidas) era un MVP que dejaba su efímero reinado superado por la responsabilidad, pero lo intentaba con dos triples. Hervelle también apareció con otras dos muescas desde la línea mágica para acercarse a doce puntos (25-37). Las faltas penalizaban a Hammink, por dentro no se rascaba nada y de la conexión sudamericana aún no había noticias, lo mismo que de un Tabu que se quedó inactivo toda la segunda parte.

Ejercicio de intenciones, de nobleza. Volvería a repetirse en el tercer cuarto cuando los de Duran encontraron la versión más latina con Redivo y Fischer. El argentino, valiente, abrió vías de entrada y con siete puntos seguidos cerró un parcial de 14-2 que sólo llegó para acercarse a catorce puntos. Fueron instantes, más que momentos, de eficacia atrás, de presión total sobre la línea de pase y control del rebote con el botín de las recuperaciones. Pero eran diferencias insalvables. Redivo y Mumbrú soportaron el mentón en alto más por dignidad que otra cosa. El Barça no se relajó. PArece mentira que fuera el mismo equipo que el viernes cerró una sangría de cinco derrotas seguidas. Hasta Navarro ofreció una imagen inusual por favorable. Y Ribas colocó el 104 con un triple sobre la bocina. El pasado pesa y manda. Pero no tiene incidencia en otros asuntos, como en el segundo regreso de Sito a Miribilla con una sospechosa banda sonora en la megafonía. “Como te atreves a volver”, rezaba un estribillo que no forma parte del play list habitual.

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