Baloncesto

Pues eso, que haya dos peores

Bilbao Basket y Tenerife en un partido anterior./
Bilbao Basket y Tenerife en un partido anterior.

El RETAbet reincide en limitar un partido a su segunda parte, pasa de la demencia a la heroicidad y se queda sin premio

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

67 RETAbet Bilbao Basket (12+12+21+22):

Tabu (10), Redivo (19), Tomàs (5), Hervelle (5) y Gladness (2) -cinco titular-; Salgado (11), Mumbrú (7), Thomas (8), Bentil, Hammink y Rebic.

74 Iberostar Tenerife (18+21+14+21):

San Miguel (8), Borg (3), Beirán (4), Abromaitis (8) y Tobey (15) -cinco inicial- Bassas (7), Akognon (10), Vasileiadis (4), Ponikta (11), Rosco Allen (4), Fran Vázquez y Niang.

Parciales:
12-18, 24-39 (descanso); 45-53 y 67-74 (final).
Árbitros:
Martín Bertrán, Aliaga y Olivares. Eliminado por faltas Thomas (m.40).
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésimo quina jornada de la Liga Endesa disputado en un Bilbao Arena de Miribilla ante 7.842 espectadores, según datos del club bilbaíno.

Pues eso. Que haya dos equipos menos entonados aún que un Bilbao Basket, que cuando quiere no puede y eso ocurre cuando se percata de que está jugando un partido vital. Si ante el GBC no le sonó el despertador hasta la visita al vestuario, contra el Tenerife fue como si los hombres de negro tuvieran una deferencia con su visitante y aguardaran esa hora de desfase en el huso para que no les tildaran de ventajistas. Y como ante los donostiarras, tratar de arreglar en medio partido tanto desperfecto acumulado. De Pascuas a Ramos puede sonar la flauta, no este año y en Miribilla. Derrota, otra. Dura, otra. Basada en los deméritos que provocan tener que remar contra la corriente dejándose las entrañas para nada. Otra.

Es cansina la sintonía que va y viene por el Bilbao Arena. Pegadiza por reincidente, no por amena. De hecho, asusta al personal, aunque esté ya en ese estado de catarsis, de ni sentir ni padecer, narcotizado a la espera de despertarse el 24 de mayo por la noche, pellizcarse y corroborar que todo fue una pesadilla y que, efectivamente, hubo dos 'paganinis' que le echaron un cable a un equipo que empequeñece por momentos al extremo de despertar una gula instantánea en cualquier rival que le pongan delante.

Se mira el calendario y aparece grapada la pregunta del millón. ¿A quién van a ganar estos hombres de negro tan vulnerables? Un colectivo que no se respeta a sí mismo, o no le queda ya nada por ofrecer. No se explica de otro modo esa apatía con la que fue pasto de un Tenerife que se encontró ante una ganga en el escaparate de Miribilla. Efecto especial de Tabu en los primeros lances, como el torero que sale decidido pero al tercer pase ve algo que no le convence y se refugia en la soledad de las tablas. Dos triples librados de Abromaitis. Barra libre desde el perímetro y con las rotaciones, afortunadamente, el duelo se embarró. Pero duraría poco.

Vergonzosa primera parte

Justo lo contrario que el terreno yermo en el que se adentraron los de Mrsic. Habían cerrado el primer cuarto sin anotar en los últimos tres minutos y prolongaron la abstinencia hasta los 7’19. Más. En un tramo de 10’50 sólo se echaron a la boca una mísera canasta y, huelga decirlo, el partido quebró. Primero a ritmo de punto de demora por minuto hasta la sima máxima del 16-37 camino de un descanso que nadie mereció entre los de casa. Vergonzosa primera parte que Redivo acertó a maquillar. Con 15 abajo hasta el mal parecía menos. Pero echar un vistazo a la estadística acomplejaba aún más al RETAbet. Su 27 por ciento en tiros de dos era contestado por el Tenerife con un 80. Desde la línea mágica, porcentajes de 20 versus 50. Y la guinda envenenada aparecía en el apartado de rebotes: 9-22. Sin comentarios, al menos emitibles en horario infantil.

Como pasó ante el GBC, la respuesta estaba en espabilar, tener dolor de corazón por lo que se le estaba ofreciendo a 7.842 espectadores que habían acudido al templo del Bilbao Basket para celebrar la resurrección de su equipo. Los más animados, pocos y los de siempre, se esforzaban con el «sí se puede». El efecto Redivo colaboraba para un parcial de 4-0 que pudo cambiarlo todo. Era el Iberostar ahora el despistado, el sin sangre. Mrsic acudió a esa apertura que tanto le cuesta activar pese a que no deja de ofrecerle dividendos en forma de mejoría en el juego. Javi Salgado a la palestra. No por convicción, sino por la tercera personal de Tabu y tras no dar nada Rebic en los cuatro minutos acumulados sin romper a sudar.

Además de cómo lee el equipo la coreografía con el base de Santutxu marcando el compás, su presencia contagia al público y se crea un ambiente milagroso. No es una ciencia exacta porque este grupo lleva meses demostrando su desequilibrio, pero hay que agarrarse a los pocos hechos probados que quedan. Se puso el buzo con 28-40 y con Redivo lideró la revuelta. El bahiense estaba sobreexcitado y su persistencia lo agradecía. Con dos jugadores pequeños tildados de limitados atrás, el Bilbao Basket hizo una loa a la defensa colectiva, táctica, sin hacerle ascos a la anticipación, a la ayuda, a esa mano trilera que rebaña el balón de su confiado receptor.

Sentido suicida

De la incredulidad a la duda razonable. De ella a la confianza. El Iberostar hacía aguas y se pasaba ocho minutos sin canastas de campo, soportando desde la línea de castigo los chuzos que le bombardeaban. Nervios insulares frente al todo o nada, al sentido suicida de los anfitriones. El atenuante a su mérito es que no les quedaba otra, pero aún así se vinieron arriba al punto de volver a mirar a los ojos a los laguneros. De aquel infame 16-37 a un 43-44 que inundaba de primavera el Bilbao Arena. Sí, con ese tal Salgado sujetando la batuta. Un parcial de 27-7 que devolvía el coche volcado a los raíles del scalextric.

Los tinerfeños habían acumulado nueve tiros libres antes de recuperar parte de lo perdido con cinco puntos seguidos del recuperado Akognon. Se había llegado hasta ahí con el gancho haciendo estragos. Volvió Mrsic a dar las riendas a Tabu y coincidió con una secuencia de malas decisiones que iban a acabar en concentrar tantas pérdidas en el cuarto final como en el resto del partido.Dos seguidas de Thomas, después además de dos tiros libres errados que apenas rozaron el aro, llevaron al RETAbet a la indefinición. De vuelta a lo que funcionó, entre Salgado y Redivo otra vez invocaron a los espíritus. El arbitraje de los becarios de Martín Bertrán causó daños irreparables, que no debían ser suficientes para un Katsikaris que no dejaba de ‘comerle la oreja’ al colegiado principal. A tres (67-70) antes de que Redivo perdiera el último balón. Qué injusto es el baloncesto. Aunque cada uno está en la tabla donde merece. En este caso rezando para seguir viendo dos rivales por el retrovisor.

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