Mucho toro hasta para un entrenamiento

Mucho toro hasta para un entrenamiento
BORJA AGUDO

El RETAbet sabe competir durante media hora antes de verse anulado por el Lokomotiv

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Lo mejor, o al menos lo más inteligente, que se puede hacer con las imposiciones es aprovecharlas, buscar el recoveco, su lado bueno, que casi siempre lo hay. Por mucho que les guste vestir de corto y acceder al parqué, maldita la gracia que habrá hecho a los hombres de negro tener que jugar un partido basura en términos clasificatorios. Y les queda otro, la próxima semana en Berlín. Lo mismo sería imputable a las sensaciones de los ferroviarios de Krasnodar que han cruzado Europa para hacerse un bolo en Miribilla. Al margen del resultado, de las probaturas y del magno entrenamiento de exigencia en que derivó la velada, la primera buena noticia se percibió en las gradas. 4.382 aficionados, un tesoro impagable el que tiene esta franquicia como cimiento imperturbable.

Hablando entre los informadores que nos hemos pateado el continente con el equipo durante una década, surgían los recuerdos de cien personas en el gimnasio ateniense del Panellinios, de menos de 2.000 enfadados seguidores en el Oaka con rango de Euroliga porque los seguidores tenían un mosqueo de órdago con los dueños de la entidad al rebajar el otrora brutal presupuesto por debajo de la línea de las nubes del Olimpo. De otras muchas canchas en las que cuando tocaba devolver visita los oponentes alucinaban con lo que sentían en el botxo.

69 RETAbet Bilbao Basket

23+16+18+12): Salgado (3), Hammink (5), Todorovic (21), Hervelle (5) y Gladness (2) -cinco inicial-; Fischer (7), Redivo (8), Pere Tomàs (2), Mumbrú (8), Devin Thomas (6) y Vucetic (2).

91 Lokomoiv Kuban Krasnodar

(20+22+22+27): Ragland (17), Baburin (3), Collins (6), Broekhoff (17) y Elegar (4) -cinco inicial-; Lacey (13), Babb (21), Qvale (9), Levshin (1) y Gerasimov.

Parciales:
23-20, 39-42 (descanso); 57-64 y 69-91 (final).
Árbitros:
Marcin Kowalski (Polonia), Sinisa Herceg (Croacia) y Saulius Racys (Suecia). Sin eliminados.
Incidencias:
Partido correspondiente a la novena jornada del Grupo C de la Fase Regular de la Eurocopa, disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante unos 4.382 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Una introducción para poner en valor a lo que nos enfrentábamos, a una cita programada como una sesión extra de trabajo, con público, árbitros y un sparring con más pegada. Una oportunidad para seguir modelandolo que Mrsic atisba en su grupo, en el material con el que trabaja. Era obvio que nada iba a ser como contra el Partizan y Estudiantes, no frente a un Lokomotiv Kuban con quince millones de euros invertidos en su misión de regreso a la Euroliga, capaz de situar en las casillas a cuatro norteamericanos y un australiano de primera línea que por carecer lo hacen del rubor y la sensación de que aquello no importaba.

En el listado de cosas a rescatar y valorar positivamente, los tramos de partido, básicamente hasta el descanso y algunas pinceladas iniciales en el tercer cuarto, en los que los hombres de negro se gustaron, pelearon de igual a igual ante los rusos porque respetaron sus propias normas y con ellas fueron alternando el dominio en el luminoso y en aspectos del juego en los que su evolución es reclamada como imprescindible. Una puesta en escena valiente, noble, en la que parecían darse ambos equipos una tregua en el cuerpo a cuerpo, dejando para más adelante la conquista de las tierras profundas. El recurso del triple saltó como un automatismo en ambas canastas. En los primeros cuatro minutos los locales lanzaban un tiro de dos y seis triples, y en el bando ruso la proporción era de dos y cuatro, respectivamente.

No le iba mal al Bilbao Basket en esa subasta. No necesitaba testar su posible inferioridad física -aunque los de Krasnodar no epaten por sus centímetros y kilos- y con el dominio del rebote lograba romper amarras, correr y anotar con la solvencia tantas veces añorada este curso. Sus ventajas en el marcador fueron constantes hasta el cénit de los nueve puntos (21-12), marca que el ‘Loko’ entendió ya como excesiva y varió su ritmo e intensidad para reducir el diferido. Eso sí, no cambió su insistencia exterior y con ello el RETAbet se llevó la primera buena nota de la velada al dejar al visitante sin anotar de dos en siete intentos. Cinco triples y otros tantos tiros libres compusieron su botín.

Desde el segundo cuarto la cuesta se empinó. Los de Krasnodar, con Ragland y Lacey como muñecos diabólicos, voltearon la situación. Se pusieron por delante por primera vez con el 33-34 y así envidaban a la mayor a los anfitriones. Eligieron bien las coordenadas para torpedear la línea de flotación del Bilbao Basket. Buscaron la sumisión de los bases y los de Mrsic lo acusaron, perdiendo a borbotones la esencia de un juego que hasta esos instantes había convencido. Cambió también la titularidad del rebote y ante la imposibilidad de cerrar espacios el Kuban sacó el premio especial con su agresividad sobre el balón, lo que convirtió un puñado de finales de posesión en una suerte de lotería, de buscar el azar a la desesperada.

Más motivos para albergar esperanzas de futuro llegaron tras el descanso. Con 39-42 como punto y seguido, el RETAbet se marcó un 7-0 llevado hasta el 10-1 con una tacada nutrida por Fischer y enriquecida por Hammink y una espléndida interpretación defensiva que duró, dio la sensación, lo que quiso el Lokomotiv. El extraordinario jugador aussie que es Broekhoff cogió el testigo tras un tímido aunque excitante mano a mano con Mumbrú, remontó la posición y de nuevo en cabeza los rusos se lo cedió a Babb para que cerrara el partido.

Sobró el último cuarto en el que el molde de los vizcaínos no resistió más y se deformó al tiempo que la ambición de los ferroviarios quedó patente y buscaron, pese a hacer debutar en Europa a a Levshin y Gerasimov, la constancia de la novena referencia en la fase de grupos que hablara de su pegada. Inconscientemente, los hombres de negro bajaron los brazos con la misma frustración que sentían al ver el aro como un repelente de sus lanzamientos mientras en defensa ya no atendían a la coreografía pactada. Tenían vestido de blanco ante sí demasiado toro incluso para un entrenamiento.

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