El placer de volver a respirar

El placer de volver a respirar
JORDI ALEMANY

El RETAbet da un paso de gigante hacia la permanencia al mostrarse ante el Betis agresivo, decidido y solidario

JOSÉ MANUEL CORTIZASBilbao

Da gusto volver a respirar. Tras semanas en que la congestión le llevaba a la asfixia, el Bilbao Basket ha logrado rellenar sus pulmones de oxígeno puro. Siguió los pasos del tratamiento ideado por Veljko Mrsic y, aunque hay hábitos grabados a fuego, en líneas generales se apartó de las cunetas y avanzó con soltura, decisión y valentía por el centro de la calzada. Un viaje agradable, cuarenta minutos sin que el Real Betis lograra ese tic mental de verse por delante en el marcador. Los hombres de negro atravesaron todo tipo de situaciones e imperó, mucho más que otras veces, la agresividad, el sentido común y un acentuado compromiso como equipo. Victoria imprescindible. No hay nada hecho aún, pero el salto dado es de bota de siete leguas.

93 RETAbet Bilbao Basket

(24+17+26+26): Tabu (11), Todorovic (13), Tomàs (10), Hervelle (10) y Gladness (8) -cinco titular-; Salgado, Rebic (2), Redivo (11), Mumbrú (14), Bentil (6) y Thomas (8).

79 Betis

(15+22+26+16): Booker (18), Nelson (3), Schilb (7), Kelly (7) y Anosike (21) -cinco inicial-, Uriz (8), Franch (2), Zagorac (11), Golubovic y Cruz (2).

Parciales
24-15, 41-37 (descanso); 67-63 y 93-79 (final).
Árbitros
Benjamín Jiménez, Rafael Serrano y Martín Caballero. Sin eliminados.
Incidencias
Partido correspondiente a la vigésimo tercera jornada de la Liga Endesa disputado en un Bilbao Arena de Miribilla cerca del lleno y con 9.470 espectadores en la gradas, según datos del club.

Se vio desde el salto inicial -brincó en falso el equipo sevillano- que había brotes de hiperactividad entre los locales. Con Pere Tomàs motivadísimo y estrenando en Miribilla su condición de aita con un triple en la primera posesión, el RETAbet no tardó en darle trabajo al manipulador del luminoso. 7-0 en dos minutos, sinónimo de que esta vez el equipo despertó a su hora. Gladiadores en el rebote, con Hervelle como en los mejores tiempos repartiendo dentelladas por hacerse con cada balón sin dueño, los hombres de negro iban abriendo camino. No faltaban episodios de duda, de autoatropello por no ensamblarse la ambición con la cautela. Ansiedad que se tradujo en pérdidas y amagos de desajustes.

Pero hubo, más que en otras ocasiones, remedio para cada mal. En ataque, Redivo entendió su papel de especialista. Como en las pelis de guerrillas, apuntar, disparar y ocultarse. El argentino entró enliza rabioso, eléctrico, con las piernas poderosas. Velocista en busca de ese metro de margen que le convierte en infalible. Clavó los dos primeros triples que intentó y Tomàs se apuntó al festín con el que era el segundo del balear. 20-9 como colofón al primigenio entre varios momentos dulces que celebró una marea negra por fin ajena al agobio y los miedos.

Anosike era el único eslabón suelto. El poderío interior del portento nigeriano era, de momento, un incordio asumible si se seguía dominando la situación en el resto de variables. Sumó ocho de los quince puntos sevillanos del primer cuarto. Había que esperar en qué momento reaccionaron los verdiblancos, aún con la pólvora mojada de los Booker, Nelson, Schilb y Kelly, lo que se traducía en un sobresaliente como nota para el trabajo de los de Mrsic.

El segundo cuarto fue una pantalla distinta. Terreno inhóspito, más espeso. Tocaba adecuarse a la posibilidad de que se invirtieran las inercias. No llegó a suceder, pero nunca se sabe. Menos con un equipo que si de algo ha adolecido hasta la fecha es de inseguridad. Se sabía que el oleaje aparecería en algún momento de la singladura y estar prevenidos era una obligación. El acierto iba y venía. Lo mismo Todorovic ni tocaba aro desde la línea mágica que en el siguiente intento - el serbio no se cortó un pelo- clavaba un triple que aliviaba al equipo tras arrancar con un 0-6 y tres minutos sin anotar.

La rotación de Mumbrú no fue eficaz y Tomàs volvió a pista. Atrás, Gladness tenía el radar especialmente ajustado con manos que provocaban recuperaciones, Tabu era un capataz que adiestraba bien a su cuadrilla y todo animaba a pensar en positivo. Buen trabajo general, interpretación coral, sin egos dañados por ceder la batuta. La ventaja llegó a la docena (39-27) antes de que entre Booker y Uriz ajustaran el marcador con un 0-8 que dejó al RETAbet corto de beneficios (41-37) tras una primera parte en la que por juego y sensaciones los dos dígitos de margen debían explicar lo ocurrido. Extraño poso,no haber sacado más rédito a los minutos en los que Quintana buscó la voluntad de Uriz y Franch para paliar el descafeinado despertar de Booker y Nelson.

Intercambio de golpes tras el descanso

De vuelta del vestuario, el partido se precipitó a un intercambio de golpes con ambos equipos desarbolados, aceptando el reto como si no les esperara un mañana. Huelga apuntar la peligrosidad extrema de ese canje de puntos en el que si alguien podía salir ganando era el Real Betis ya que es en esas procelosas aguas en las que sus torpederos podían venirse arriba. Lo hizo booker, con siete puntos en tres minutos y reapareció Anosike, dueño y señor del poste bajo, que llegó a facturar al ritmo en el que entran los billetes en la registradora de una tienda el primer día de rebajas.

Una pérdida pueril de Bentil -fue de lo poco que hizo mal el bravo guerrillero ghanés- dejó a Thomas condenado a hacer una antideportiva. El primer punto de Mumbrú era el 60 del equipo y Mrsic reclamó a Salgado porque los sevillanos estaban ya ocultos en el rebufo (60-59). Buenas vibraciones, no obstante, porque el capitán había dado el paso adelante que nunca dejará de ofrecer. Seis puntos seguidos para evitar el adelantamiento visitante y el partido visto para la sentencia del cuarto final.

Era el momento crítico, con los fantasmas reclamando su regreso a Miribilla, pero los desterró un equipo de nuevo homogéneo, bien llevado por Tabu, pero convencido de que su potencial es colectivo. Solo cuando algún hombre de negro se salió tímidamente del guion emergió la enérgica reacción de Mrsic desde la banda para recordar la torpeza, injusta para el grupo. No tuvo que cortar cabezas. Un parcial de 10-0 con ocho puntos de Mumbrú y la guinda de un alley-oop firmado por Gladness abrió de par en par la espita del bendito oxígeno. El público certificaba el final feliz con la marcha de ‘Aida’ y, por fin, Miribilla y su equipo volvieron a ser lo que eran. Ganadores.

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