Bilbao Basket

El Bilbao Basket decide vivir

El Bilbao Basket decide vivir

El RETAbet se comporta como un bloque, supera al Herbalife y toma aire en su comprometida situación espoleado por un genial Redivo y Miribilla

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

El Bilbao Basket lo tiene claro: ha elegido vivir, seguir una temporada más en la Liga ACB. Espoleado por un maravilloso Lucio Redivo, en su mejor partido del curso, el RETAbet se ventiló al Herbalife, un grupo que aspira al play-off, gracias a que se comportó como un bloque que se dejó todo en defensa y recuperó el acierto en la canasta contraria. Necesitaba ganar el grupo de Veljko Mrsic, era fundamental, y salvo un segundo cuarto horroroso, los hombres de negro ofrecieron toda una lección de baloncesto. El enfermo estaba en la UCI, los médicos no le encontraban el pulso... Pero la victoria en el Bilbao Arena reanima a los vizcaínos, que pasan a planta.

La emoción de Javi Salgado antes de irse al vestuario cuando acabó el partido, un hombre que siente a esta escuadra como si fuera su hija, deja clara la trascendencia de este triunfo. Todavía quedan siete jornadas y está claro que no se puede tener la sensación de obra culminada, de salvación recaudada -sería un error como sucedió tras ganar al Betis-, pero ya se aleja a una victoria del descenso y empata con el Zaragoza. La sangre vuelve a fluir por las venas de este vestuario.

Los hombres de negro habían captado el mensaje. La afición también. Miribilla tenía que ser un volcán y los jugadores en la cancha protagonizar un tratado defensivo, el pilar de este deporte, para adquirir confianza a partir de ahí. Y eso ocurrió en el primer cuarto. Selló el Bilbao Basket su guarida -solo encajó 13 puntos- y pisó el parqué una escuadra comprometida, unida, en la que todas las piezas encajaban y se movían al unísono, sin que nadie desentonara. De hecho, Tabu protagonizó quizá la mejor entrada en un partido de esta temporada, Redivo tenía la mano caliente y el Herbalife Gran Canaria las pasaba moradas para anotar. Ésa era la idea. Perfecto por la parte de la plantilla y también del público, que convirtió el Bilbao Arena en el volcán de las grandes citas. Con un acierto del 53% en los tiros de campo y solo trece puntos en contra, el grupo vizcaíno maniató al séptimo clasificado de la ACB (24-13).

Pero todo había sido un espejismo. Uno de esos maravillosos sueños, como el de Charlie y la Fábrica de Chocolate. Brotaron todos los males del RETAbet en el segundo parcial. Sin defensa, con el Gran Canaria anotando a su antojo, con un ataque destrozado -Balvin intimidaba bajos los aros-, y también, todo hay que decirlo, con un par de extrañas decisiones arbitrales, el Bilbao Basket descarriló. Se marchó del encuentro. Salvo los dos puntos iniciales de Gladness, los vizcaínos tardaron casi seis minutos en volver a anotar. Mientras tanto, los de Casimiro veían la canasta del tamaño de una portería de balonmano, y cerraron el segundo cuarto nueve puntos por delante (35-44), tras colocar un parcial de 11-31. Los pecados atrás, la falta de concentración, la tensión por recortar distancias y las consiguientes pésimas decisiones comenzaban a modelar una nueva derrota de los vizcaínos. Porque así no había forma.

Solo existía un método para sobrevivir, para que esa victoria tan ansiada se quedara en Bilbao: recuperar las esencias de la primera sesión. Esto es, agarrarse los machos en su zona, recobrar la fortaleza y estar atinados en el aro contrario. Y poco a poco lo logró el bloque de Mrsic. Sobre todo con dos hombres, Tabu y Redivo, actores protagonistas de un parcial de 10-0 que igualó el encuentro (58-58). Miribilla seguía volcado y el equipo no era ni una pizca parecido al que deambuló el domingo en el WiZink Center. Se podía ganar o perder, pero al menos la sensación distaba tanto como Bilbao de Melbourne. Uno abajo, y el tópico 'todo por decidir' (62-63) en el ambiente.

La dirección de Salgado

Y el que más decisión mostró fue el cuadro anfitrión. Con el argentino que seguía 'on-fire' -sacó su lado defensivo además de destrozar la canasta insular-, y la magistral dirección de Javi Salgado -¡cómo controla los tiempos el base de Santutxu!-, ayudados por Tomàs, conseguió poco a poco cincelar una distancia que provocaba una enorme sonrisa (74-67, a falta de 5'54''). Se teñía de negro el encuentro. El banquillo local, un rosario de nervios los 40 minutos -el lesionado Todorovic estuvo todo el partido de pie apoyando a sus compañeros-, festejaba cada robo, cada asistencia, cuando el rival agotaba su posesión... Era una fiesta. Por fin. Porque ayer el Bilbao Basket, un bloque, en comunión con la grada, eligió vivir. Queda trabajo por hacer, por supuesto, pero ya se ha logrado triturar esa losa que impedía respirar.

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