Baloncesto

Un equipo más valiente

Un equipo más valiente
JORDI ALEMANY

El RETAbet gana poso en defensa, tutea al campeón y se queda a las puertas de la recompensa

J.M. CORTIZAS

De poco sirve lamentarse. No están los hombres de negro como para perder tiempo lamiéndose las heridas que ocupan buena parte de su anatomía. La potencia de los visitantes en Liga Endesa (Real Madrid, Barcelona y Valencia en el lote) ha limitado sus alegrías como local a una solitaria muesca ante el Zaragoza. Llegarán más. Sin duda. Al margen de lo que pueda mejorar su juego interior en el mercado -la demarcación no solo se salvó, sino que aportó lo suyo ante el campeón-, la premisa queda clara. Jugando con intensidad, rabia y valentía, las aguas volverán a quedar encauzadas. Porque en situaciones como la que nos ocupan, los de Carles Duran, aciertos, errores y decisiones al margen, demuestran que tienen sangre, que les hierve el cuerpo, que pueden provocar una sinfonía interminable de pérdidas al rival, que son capaces de someterle en el rebote durante buena parte del itinerario.

77 RETAbet

Fischer (5), Todorovic (16), Hammink (2), Hervelle (2) y Gladness (15) -cinco inicial-; Tabu (9), Redivo (4), Tomàs (7), Mumbrú (13), Vucetic (4) y Salgado.

81 Valencia

Vives (8), Green (19), San Emeterio (11), Thomas (6) y Dubljevic (5) -cinco titular- Van Rossom (4), Rafa Martínez (2), Sastre (11), Doornekamp (11), Pleiss (4), Abalde y Rudez.

Parciales
15-19, 36-34 (descanso); 50-46 y 77-81 (final).
Árbitros
: Benjamín Jiménez Trujillo, Rafael Serrano y Carlos Sánchez Monserrat. Eliminados por faltas a los locales Tabu (m.40) y Tomàs (m.40).
Incidencias
: partido correspondiente a la octava jornada de la Liga Endesa disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante 7.959 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Hasta tiene sus atenuantes el brutal último parcial encajado. 35 puntos cimentados en veinte visitas de los taronja a la línea de castigo. Y 27 anotados, con la mitad de tiros libres concedidos. Un despropósito que enfureció al público porque en pleno cara o cruz, Benjamín Jiménez sancionó una antideportiva tras un triple de Todorovic que había colocado el 74-75 con una docena de segundos por consumirse. Estamos en lo de siempre. Sí fue merecedora de ese rango de sanción. Pero uno puede jugarse el bigote a que repasando las últimas cuatro actuaciones del colegiado aparece una decena de acciones idénticas que se quedan en personales sin aditivos. Peor fue pasar por alto unos pasos clamorosos de San Emeterio antes de asistir a Doornekamp para que con un triple abriera una pequeña huella (64-67). Y mucho peor aún, no nos engañemos, la pérdida de un desquiciante Tabu con empate a 71 cuando iniciaba ataque en los 40 segundos finales. Eso sí que no son imponderables, efectos colaterales, intangibles. No. Eso es no estar a lo que se tiene que estar. Y no es un hecho aislado.

Una lástima que la recompensa se quede tan cerca, al alcance. Se pudo pensar con argumentos en hacer pasar por caja al campeón gracias a una evolución defensiva sobresaliente. Duran tuvo clara la línea argumental, aunque al final sobrara protagonismo para el base belga en detrimento de Fischer, aunque cargara con cuatro personales, o el propio Javi Salgado, al que no se le ha olvidado jugar y en los finales críticos nunca se sale de la partitura. Rotaciones constantes, automáticas cuando había falta y relacionadas con el racionamiento de oxígeno el resto. Garra, mucha, en la lucha por el rebote, una materia que el Valencia se apresuró prematuramente a entender aprobada con nota. Gladness y Vucetic en el cuerpo a cuerpo y Hervelle con todo lo que se movía, aplicado en las ayudas, limitaban a la mínima expresión el franqueo con destino a la pintura.

Los tiros libres

De 0-6 a 7-0. Dos tacadas en la puesta en marcha que auguraban un partido de equilibrio, de emociones, un pulso cerrado tal como había vaticinado Txus Vidorreta y nadie le creía porque sonaba a tópico del campeón. Su equipo estuvo fallón, muy despistado atrás, en los pases laterales. Llevaba 14 pérdidas en 23 minutos, pero si no se aprovechan como es menester, la suerte acaba volviéndose en contra. No falla. Era un partido planteado con el mando a distancia y ninguno de los oponentes amaneció con el punto de mira bien ajustado. Llevaba 1 de 8 el Bilbao Basket hasta que Pere Tomàs enchufó el segundo en el duodécimo intento colectivo y el Valencia estaba más descolgado aún en la estadística.

La buena labor de contención fue teniendo notables metas volantes. 19 puntos encajados en el primer cuarto, 15 en el segundo, 12 en el tercero. No iba a ser una matinal de sangría como tantas otras, la mayoría, antes. Al descanso, por ejemplo, había limitado los tiros de campo taronja a solo 24 intentos. 20-26 había sido su cota más baja y accedió al intermedio con emotivo mando en plaza (36-34). Y no regresó de los vestuarios con trazas de empanamiento, también con precedentes este curso. Supo moverse bien el RETAbet en un partido para entonces cerrado a cal y canto, en el que anotar suponía coger aires, apretar esfínteres y dar validez al catálogo de dioses universal, al gusto.

6-4 en seis minutos, generando pérdidas foráneas y el único pero de los problemas de faltas (cuartas ya para Fischer y Vucetic) y la mala ejecución del último pase, rosario de precipitaciones cuando se había hecho lo más complejo que es buscar huecos para armar la contra y llegar con ventaja posicional a la canasta rival.

Con una canasta en lanzamiento frontal de Vucetic se tocó techo (48-41). Y el encuentro se embarcó en el vagón de cabeza de una montaña rusa. Vértigo. Un triple de Vives colocó por delante al campeón (54-55) y la cosa ya tenía mala pinta porque el Valencia había montado un puesto de tiro permanente desde la línea de castigo, su arma secreta. Nunca se rindieron los de Duran, para entonces dirigidos con poca sustancia. Un dos más uno de Gladness (68-67) y un triple de Tabu (71-70 en lo poco decente que aportó al final) fueron las dos últimas veces en las que los hombres de negro hicieron pie.

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