Veljko Mrsic coloca la primera piedra

Veljko Mrsic coloca la primera piedra

El RETAbet traza en Belgrado la línea que cierra su maléfica racha y desde la que quiere iniciar su propulsión para recuperar el tiempo y la confianza perdidos

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Ya está. Colocada la primera piedra sobre la que sustentar la construcción del nuevo Bilbao Basket, la versión 2.0 en lo que va de curso. Los hombres de negro se quitaron más que un peso, una losa de encima ganando ayer en el Pionir. Hay que quedarse con el hecho en sí, y celebrar en su justa medida que llegó propiciado por una mejoría en todos los apartados ante un conjunto rival que tampoco estaba para florituras mentales, rumiando el despido de su entrenador la víspera y viendo la cancha más caliente de Europa con un aforo limitado a 1.600 espectadores, cifra oficial que contestaba la sensación del plano general televisivo. Un partido intrascendente, calendado para una hora después de un derbi futbolero contra el eterno rival Estrella Roja.

Veljko Mrsic sigue haciendo que sus hombres tiren de pico y pala. Les quiere musculados, sudorosos, entregados a la labor de zapa, de acoso y derribo. Busca el croata que la defensa sea una materia que se aprueba o suspende colectivamente y ayer saldó el examen de sus pupilos con una nota que indica que progresan adecuadamente. Por mucho que imperaran los rostros casi imberbes en el roster local, algo tuvo que ver la interpretación de la coreografía de contención vizcaína en el pobre 15 de 40 que firmaron los serbios en tiros de campo. Aplauso para la disciplina y voluntad, para querer convertir en pasos angostos las que el Partizan comenzó visualizando como avenidas hacia el aro vizcaíno. Queda muchísimo por avanzar, que nadie se confunda. Sólo dos recuperaciones según la estadística que le escatimó varios robos. Un factor a mejorar.

Tardó Mrsic más que en otros partidos para sacar a pasear la lectura zonal. Cada vez mejor ajustada o al menos minimizando que algún integrante del coro se quedara enganchado, como el mal o despistado defensa que anula el fuera de juego futbolero. Puso de salida a Mumbrú recobrando sus sensaciones de alero, algo que también ya había dejado ver, y le devolvió al cuatro con las rotaciones formando pareja primero con Devin Thomas. El norteamericano, después, compaginó el rol más interior con Hervelle cuando Gladness seguía el juego desde la banda.

67 Partizan Belgrado

(18+12+19+18): Williams-Goss (18), Aranitovic (5), Andric (5), Pecarski y Salic (5) -cinco inicial-; Miller (9), Tanaskovic (8), Velickovic (13), Tomic (4), Stevanovic y Tadic.

83 RETAbet Bilbao Basket

(22+16+15+30): Fischer (12), Todorovic (6), Mumbrú (5), Hervelle (11) y Gladness (15) -cinco inicial-; Salgado (9), Redivo (20), Hammink (3), Mendia y Devin Thomas (2)

Parciales
18-22, 30-38 (descanso); 49-53 y 67-83 (final).
árbitros
Seffi Shemmesh (Israel), Clemens Fritz (Alemania) y Semen Ovinov (Rusia). Sin eliminados.
incidencias
Partido correspondiente a la octava jornada del Grupo C de la Fase Regular de la Eurocopa, disputado en el Alexsandar Nikolic Hall de Belgrado (Sala Pionir) de Belgrado, ante 1.600 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Dice que lo tiene claro, que percibe qué es lo mejor que puede sacar de cada hombre de negro. Esta vez se corroboró una mejoría generaliza, abono para la esperanza. Fischer está más valiente y decidido y menos temeroso. Ya dio un paso al frente en Vitoria y ante el Partizan lo mantuvo. Como Salgado, quien reaccionó sobre la marcha a las primeras pérdidas no forzadas y acabó ejecutando su ración de triples y, sobre todo, recordando cómo se juega el pick and roll o cómo se abre el campo en busca de compañeros tiradores liberados. Las facilidades recibidas, que las hubo, no deben tampoco ningunear el trabajo de los hombres de negro.

Pequeña zozobra

Y eso que ni empezó bien la cosa (8-2 con amago de Williams-Goss de perturbar otra vez la paz de los de Miribilla) y se volvió a torcer tras el descanso después de que el RETAbet superara su pequeña zozobra de salida hasta escaparse con 13 puntos de ventaja. En esos tramos positivos Redivo fue un valor en alza. El argentino empezó buscando el mal ajeno desde distancias más cercanas al aro. En el rango de los cuatro o cinco metros se sintió cómodo, armó la muñeca y facturó. Con el paso del partido y las variantes buscadas por Mrsic se alejó ya como artificiero detonando a distancia. El bahiense es la imagen del propósito de mejora. Le saldrán o no las cosas, estará o no acertado, pero pocos como él agachan la mirada para buscar en sus adentros la fe, la convicción en el que el temporal pasará.

Durante los primeros seis minutos del segundo cuarto el Partizan sólo logró ver aro tres veces desde la línea de castigo. De hecho, acabó ese acto con dos solitarias canastas de campo para un total de una docena de puntos. Pero les aguardaba a los hombres de negro una prueba, un test para verificar si realmente son capaces de rehacerse, de superar los reveses inesperados. Desde que el luminoso mostraba un 21-34 que asfaltaba la ambición de los de Miribilla, el paso por los vestuarios y la continuación en el cambio de reglajes, en las probaturas de sistemas, cambió el panorama. Fue una salida en falso, un 10-0 que proyectado arrojaba desde el anterior instante un 22-6. El Partizan recuperaba el mando (43-40) y un tiempo muerto bastó para que Mrsic recompusiera la situación.

El efecto goma decantó la elasticidad en favor de los hombres de negro (0-12) y a otra cosa, mariposa. Hasta no pasó factura una pérdida de Fischer que le llevó en su ansia por enmendar el error a recibir una justa antideportiva. Hervelle y Gladness fueron los elegidos por el juego para reventar el partido, mientras Mumbrú descansaba, Todorovic se despistaba más de la cuenta y Mendia le abría la cabeza involuntariamente a Velickovic en la lucha por un rebote. La racha maléfica, cerrada. Ahora toca tomar propulsión y decirle al Estudiantes que este equipo no se rinde.

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