Hasta que la apisonadora se activó

Dejan Todorovic con el balón ante el alero lituano del Real Madrid Jonas Maciulis . /EFE
Dejan Todorovic con el balón ante el alero lituano del Real Madrid Jonas Maciulis . / EFE

El RETAbet, con una actitud valiente, aguanta el tipo un cuarto de hora en su visita a un todopoderoso Madrid que se desató mediado el segundo cuarto

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

La lógica se impuso este domingo en el Wizink Center. El RETAbet Bilbao Basket recibió una tunda del líder de la Liga Endesa, de un equipo que solo ha perdido un encuentro y que luce un roster espectacular, envidioso: ¿se imaginan un banquillo con Randolph, Doncic, Rudy y Carroll? Pues esos cuatro 'monstruos' aguardaban en ese lugar contra la escuadra vizcaína, tocado de nuevo en el juego interior por la baja de Mickael Gladness. Después de la derrota en el cierre de la primera vuelta contra el Obradoiro, no era el mejor oponente, el Real Madrid, para que los hombres de negro sanaran esa herida dolorosa que les provocaron los gallegos. Y se demostró. Verdad es que los pupilos de Velkjo Mrsic mantuvieron el tipo y dieron una bella imagen durante más de un cuarto de hora. Vivieron por delante en el marcador, minimizaron al gigante Tavares... Pero el conjunto blanco está construido para arrasar a poco que encienda su maquinaria. Y así fue. El Bilbao Basket aguantó hasta que la apisonadora de Pablo Laso entró en acción. Se puso las pilas la escuadra local, salieron a pista sus mejores hombres exteriores... Y los hombres de negro no tuvieron nada que hacer.

Mediado el segundo parcial, a falta de cinco minutos y medio para que se echar el telón de ese acto, el marcador señalaba un goloso empate: 31-31. Los visitantes aguantaban, e incluso habían liderado el marcador con cierta solvencia (19-23 terminó el primer cuarto). Sin embargo, el excelente trabajo efectuado hasta entonces –posesiones largas, ayudas en defensa, unos buenos porcentajes de tiro...– saltó por los aires. Doncic, ese jugador que Mrsic elevó el viernes a los altares –«es mejor que Kukoc y Petrovic a su edad», afirmó el croata–, Rudy y, sobre todo, el francotirador Carroll –vaya exhibición desde la línea de tres– propinaron un bofetón de realidad a un voluntarioso Bilbao Basket, sostenido por Mumbrú, en su último partido contra el Madrid, y un Todorovic sin miedo nada. Desde ese 31-31, en el que destacó el desparpajo de Yusta en los blancos, las pulsaciones vizcaínas desaparecieron, su corazón dejó de latir, y en poco más de cinco minutos se toparon con un parcial de 17-3. Golpe de realidad.

Sin virtudes para la machada

Por supuesto que ganar en su casa al maillot amarillo de la Liga Endesa, que sólo ha cedido ante el Barcelona, era una proeza similar al 'Macaranazo'. Y no se disfruta ahora el Bilbao Basket de las virtudes necesarias para este tipo de machadas. Además, con una baja en el juego interior como la de Gladness frente a un equipo que goza del 'techo' Tavares, que cogía rebotes como lo hace un adulto en el parque cuando juega contra un niño. Enfrente, un grupo descomunal, que suma nueve victorias en enero, si se suma la ACB y la Euroliga. Vamos, que era algo así como un imposible. Si alguien creyó que el partido iba a caminar por esa igualdad que tomó en los primeros compases, con los vizcaínos siguiendo a la perfección el libreto de Mrsic, Carroll se encargó de destrozar su sueño antes del descanso: tres triples consecutivos sumó el alero, sin fallo, igual que Rudy, en esta primera mitad. Boom, boom, boom. Catorce abajo (48-34).

A partir de ahí, la cuestión era minimizar daños. Estaba claro que el Madrid había roto el partido, destrozado a un RETAbet que acusó el golpe. Tanto moral, como en el parqué. Ya no había fluidez de ideas, las buenas elecciones de tiro se evaporaron, los porcentajes se igualaron, las pérdidas aumentaron (nada más arrancar el tercer parcial ya eran doce cuando lo habitual son 13 en todo un encuentro), el cansancio se hizo notar, y cada jugador empezó a hacer la guerra por su cuenta, síntoma de cierta desesperación... Y se produjo el estirón del conjunto blanco en el marcador para ahondar un poco más en la herida bilbaína. 61-36, cuando no se había alcanzado la mitad del tercer parcial, cerrado con un 73-47. Solo le quedaba al RETAbet evitar el sonrojo, esquivar una paliza.

La misión bilbaína

Pero no pudo. El Madrid aflojó una pizca –por ejemplo, pudo anotar el Bilbao Basket un 0-7 en el último cuarto–, pero el trasantlático blanco disfruta de un potencial tremendo, con un hombre como Reyes fuera de la convocatoria y Llull en proceso de recuperación de su grave lesión. Fueron minutos para hacer pruebas, para sumar puntos, para que Mumbrú, a falta de ochenta segundos, recibiera una ovación de la afición que fue suya, de la gente de su antiguo hogar. Pero poco más. Recibieron un fuerte golpe los hombres de negro, aunque para nada debe dejar consecuencias en su motivación y en su mentalidad. Su Liga, su competición, es otra, ésa que habla de evitar el descenso y nada de pelearse con una colección de estrellas como es el Madrid. Ésa es su misión y, tras asumir que el paso por el Wizink Center era una caja de cerilas que había que tragar, a ella se debe aplicar.

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