El primer tramo de un largo viaje

Sufrida victoria de los hombres de negro en Amorebieta. /Borja Agudo
Sufrida victoria de los hombres de negro en Amorebieta. / Borja Agudo

El Bilbao Basket arranca ante el Gipuzkoa Basket los bolos con carencias en la pintura que compensa con quilates en el juego medio

J- M. CORTIZAS

Prueba superada. La primera. Cumplido un test sin lecturas concluyentes, como corresponde al inicio de los experimentos estivales. Ahora es cuando se puede y debe trabajar con gaseosa sin importar lo que ocurra. Una toma de contacto para un equipo, el RETAbet, al que le falta lo suyo en aspecto y juego, nada reprochable tratándose de este tramo aún con marcado sabor estival, lo que le llevó a superar con apuros a un más que digno GBC.

Había interés, curiosidad, por ver en persona a parte del elenco al que los aficionados deben acostumbrarse. Y ellos al juego, claro está. Sacar conclusiones es mala idea porque no hay elementos de juicio por lo que puedan dar de sí un grupo de casi aún desconocidos reunidos en un puñado de minutos. Por líneas, los hombres de negro tienen la tarea más avanzada, controlada, en el juego medio, allá donde intervienen los doses y treses. Y los cuatros como el reconvertido Mumbrú. El triángulo formado por el capitán, Todorovic y Pere Tomàs sustentó a los de Miribilla, un pilar que se sabe ya dará mucho juego.

Porque a las virtudes del campeón del mundo -fiel a su querencia por el tiro lejano combinada con terminaciones y lecturas de pase para sus compañeros- se une la madurez de un Todorovic que se gusta y recrea, ahora en apariencia con más solvencia y seguridad. Asume una cuota importante de protagonismo en ataque a caballo entre esa necesidad casi visceral de querer romper el aro y su buena mano, que esta vez firmó cinco triples en seis intentos. Y Tomàs confirma lo que el planeta basket sabe, que goza de un físico envidiable y una capacidad para estar cerca de todas partes que nutre su incidencia en el juego, quedando la sensación de qué pasaría si dispusiera de más descaro.

En la organización, luces y sombras. Fischer es un llevador correcto, pero es el de base un rol que exige de la mayor de las precisiones. En su primera estadística como hombre de negro equilibró sus ocho asistencias con siete pérdidas. A Salgado le tocó bailar la cara B con lo que ello conlleva. Tener como alternativas a los jugadores más inexpertos y con menor rodaje le arrastró también al de Santutxu a una primera rotación descontrolada.

Hammink nunca encontró su ritmo, aunque mostró su tendencia saltarina, dicho en el buen sentido, en su capacidad para intimidar y desviar lanzamientos. Llegó lesionado y lleva una semana de relativa normalidad física. Mendia se repartió el puesto con Mumbrú y es de agradecer que al menos trate de darle intensidad al bolo de turno.

Peor bajo los aros

Quizá se esperaba más en la pintura, siempre con todas las reservas propias de la pretemporada. Kempton, McKay y Vucetic resultaron un trío de postes sin capacidad para imponerse cerca del aro. El universitario se quedó casi siempre escaso de de verticalidad tras rebote en ataque y el de Milwaukee alejó su físico y acción de los minutos musicales que circulan por la redes sociales junto a su apodo de showtime. Eso sí, cada vez que corría el campo apuntaba con el índice al cielo. Ahí quiere que le sirvan la pelota. Ayer no sucedió ni una sola vez. No pudieron nunca con el experimentado Norel y se les venía el mundo encima al enfrentarse a los kilos y corpulencia de Agbelese.

El partido, que arrancó con retraso al no funcionar los relojes de posesión, fue un ejercicio de alternancia. Ambos equipos se repartieron seis veces el mando en el luminoso y fue el RETAbet el que dispuso de la mayor renta (12), el doble que el margen que llegó a atesorar el GBC. Los donostiarras apretaron en la recta final hasta colocarse a un punto (79-78) tras una pérdida infantil de Kempton que provocó una furiosa reacción de Carles Duran.

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