Bilbao Basket

Más cruel imposible

Con el pulso disparado. El banquillo del Bilbao Basket protesta una decisión arbitral ayer en Santiago, donde los bilbaínos vivieron un auténtico drama./PATRICIA SANTOS
Con el pulso disparado. El banquillo del Bilbao Basket protesta una decisión arbitral ayer en Santiago, donde los bilbaínos vivieron un auténtico drama. / PATRICIA SANTOS

El RETAbet enfila hacia la LEB tras no aprovechar una renta de 17 puntos en el descanso y ser fulminado por un triple de Sàbat a dos segundos del final

JOSÉ MANUEL CORTIZASEnviado especial. Santiago de Compostela

Que no. Que no se puede arreglar lo que no tiene solución. Este curso el Bilbao Basket estaba llamado sin saberlo a pastar entre las llamas. Es imposible que un equipo marcado sepa lo que es la bondad. Se ha ganado por sus déficits enfilar el camino a la LEB. Cuando ha querido reaccionar, además de tarde, ni un ápice de fortuna se ha apiadado de él. Merecido o no, nadie debería pasar por el trance vivido en el Fontes do Sar. Las carencias propias de la mala formación del grupo le impiden jugar como tal, sobre todo cuando la cosa se pone fea, aprietan los rivales hasta lo indecible y las canillas y muñecas tiemblan como si tuvieran vida propia. Pero si algún mal fario persistente se encarga de dotar a la tragedia de un daño mayúsculo, apaga y vámonos. Dejar pasar 17 puntos de ventaja al descanso es una catástrofe en sí. Ser acuchillados por un triple a dos segundos del final, incalificable.

Hubo cambio y no fue baladí. Un Bilbao Basket desconocido, felizmente competitivo, con la motivación empapando su uniforme, un grupo tremendamente armado para lo que nos tenía acostumbrado. Por unos minutos se creyó en que quizá a la tercera era la vencida con la ocupación del banquillo y de la mano de Jaka Lakovic el equipo se despojara de sus miedos, carencias y obviedades para soltar lastre, crecer en desparpajo, en intención y fe en sus opciones. Con el 20-37 que campaba en el luminoso al descanso se había progresado un gran trecho. Con tal ventaja y la autoridad con que se movían en la pista, los hombres de negro tenían su futuro donde querían, dadas sus aún enormes estrecheces. De no saber gestionar ese margen trabajado combinando la maza y el cincel no merecerían preservar sus esperanzas de permanencia.

Para llegar a esa estación de paso con el billete sellado para la totalidad del trayecto, mostraron sus nuevas credenciales. Energía, actividad constante en pista, el balón pasando por muchas manos para no caer en el error de ser interceptado su portador y posesiones casi siempre llegando a la veintena de segundas. El factor diferencial fue que la bola entró, que con paciencia y el GPS bien calibrado tuvieron un crédito enorme en el lanzamiento. Con la primera oferta, que contó con actores del anterior reparto (Tabu, Todorovic, Tomàs, Hervelle y Thomas fue el primer quinteto inicial firmado por Jaka Lakovic), el RETAbet profundizó más en las arenas movedizas bajola canasta santiaguesa.

¿Cambio de rumbo?

Thomas se forraba rematando el 'pick and roll' que jugaba con tino junto a Tabu y Todorovic, Pere Tomàs era un poderoso pegamento que lo unía todo y con las rotaciones Mumbrú, Redivo, Salgado y un poderoso Bentil mantenían a flote la propuesta. Los coruñeses concentraban su poder en Matt Thomas (vaya lío ayer con tanta repetición del nombre) y Pustovyi. En cuanto el ucraniano cobró su segunda falta y al 'iceman' de Illinois le dejaron acudir a renovar su bombona de oxígeno, el Bilbao Basket vio la puerta abierta y entró sin llamar.

Así, el segundo cuarto concentró todo lo que los de Miribilla llevaban meses buscando sin encontrarlo. Rigor, saber a lo que jugar y contar con la serenidad para ejecutarlo. Sin la torre ucraniana del Obradoiro el dominio cobró forma y sentido. El partido se frenó con dos triples seguidos de Salgado y el rebote hacía el resto. Eran los locales penitentes incapaces de guiarse en el plano modificado por Lakovic. Una canasta de dos en ochos minutos y medio de los gallegos. Los 200 seguidores vizcaínos se pellizcaban, pedían la hora, no querían ni imaginarse asistir a un cambio de rumbo en la reanudación.

Vaya si lo hubo. Una réplica al partido de Miribilla en el que los santiagueses pasaron de ser un muñeco de trapo a forrar sus costuras hasta convertirse en irrompibles. Se había quizá confiado el conjunto de Miribilla en su eficacia en el perímetro y no necesitó, o no encontró, el hueco para tirar dedos entre los minutos 10 al 20. Se sabía que el Obradoiro iba a echar el resto, que iba a convertir su cancha en un polvorín con una de las defensas más extremas que se pueden ver en ACB. Que le quedaba activar la bala de Corbacho, su héroe nacional.

Maldita predicción, infalible tratándose de este RETAbet en su año moribundo. Un corte en la colchoneta y el silbido del aire saliendo asustaba a un equipo que fue viendo cómo la noche se cernía sobre su futuro. Remontaron los locales 15 puntos en el tercer cuarto y, lo que es peor, marcaron una tendencia corrida con un parcial de 20-2 (del 35-48 al 55-50) que le devolvía al mando desde un casi olvidado 8-7. El balón comenzó a ser de plomo, los contactos del todo vale jugaban en contra del rival más atemorizado y aún así entre Redivo, Thomas, Mumbrú y un triple de Hervelle (63-67) hubo la opción de arreglarlo, de colocar un parche para llegar con aire a la orilla. Partido igualado a 67 y Redivo anota dos tiros libres. La LEB o un gran paso hacia la esperanza estaban a 5,36 segundos de los hombresde negro. Al Obradoiro le sobraron dos para rematar un partido, un equipo y quizá un proyecto.

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