El Correo
Bilbao Basket

LIGA ENDESA

Lo malo de no entender nada

  • El Bilbao Basket desaparece en la segunda mitad al reproducirse su ya conocido abanico de carencias

Qué complicado resulta ser espectador de una situación en la que no se entiende nada. Asistir a un evento y no conocer de qué va. Presenciar un juego y carecer de la información elemental que verifique su seguimiento, la lectura e interpretación de lo que acontece. En eso se está convirtiendo Miribilla, en un foco de incomprensión que deja a las gradas frías porque no saben sus inquilinos a qué atenerse. Más allá de que salgan las cosas o no como se espera, de que el Bilbao Basket mantenga casi siempre durante el juego bazas que proponer, de que sean capaces los de Carles Duran de regresar del otro lado del túnel cuando ya se les ha oficiado el responso, es ese pellizco de insatisfacción el que acaba imperando. Decepción por la facilidad con la que los hombres de negro atrofian su juego con incidencia notable de quién esté en la pista, refugio cada vez más evidente de sombras que sin esconderse dan la sensación de perseguir su beneficio obviando los fantasmas que atrapan al colectivo.

Perder con el Gran Canaria entra en la horquilla de lo pronosticable. En esta Liga Endesa no es cierto que todos pueden ganar a cualquiera. Suceden, claro, resultados que desdicen la incidencia de la masa salarial, del dinero manejado por unos y otros. Son las menos de las veces. Pero tampoco es esa una cuestión de estado que decida lo que va a ocurrir. Lo grave -cinco derrotas en los últimos seis partidos se acerca a ese diagnóstico- es que la franquicia de Miribilla persiste en su travesía del desierto. Le cuesta leer los partidos mientras ante sí se alinean oponentes para los que la presbicia no existe. Y con el paso de los minutos, la carga que pesa más y la inestabilidad propia de quien va a remolque, tiende a diluirse sin remedio.

Hasta el descanso, ayer el RETAbet quiso y no pudo. Sobrevivió a un intercambio de canastas favorecidas por la permuta en la marca entre grandes y pequeños y pasó a trastabillarse con una secuencia casi periódica de llegadas hasta la línea de fondo vía pick and roll y puertas atrás. Ya se había comenzado a escribir otro episodio de la desconexión del equipo cuando le dirige Tabu, que además recibió pronto su segunda personal, agravado esta vez por un día horribilis de Borg. Las pérdidas y la debilidad reboteadora ampliaban la deriva y asignaturas que siguen pendientes se enquistaban.Una pérdida con label Todorovic habilitaba a Kuric para anotar el primero de sus tres triples y llevar la renta insular hasta los nueve puntos (18-27), cuota que se mantuvo como la más avanzada hasta el cuarto final.

Pero el Bilbao Basket es un equipo que juega con los sentimientos, las sensaciones. Invita a creer en él -a veces podrían llamarle locura- hasta cuando peor lo hace y más vulnerado está. Fue el caso. Se resarcía gracias a sus incombustibles titanes veteranos, que pueden fallar más que nadie, pero esos sí que tienen un corazón que bombea sangre en ebullición. Mumbrú y Hervelle minimizaban los daños. Su póliza era la que servía para ir reparando los desperfectos. Con la inclusión de Salgado se adivinó un conato de reacción, aunque fuera con el triple que anotó y la cara de rabia con que organizó en tres o cuatro posesiones a sus compañeros.

Carles Duran tenía otros planes y dejó en testimonial al de Santutxu para oponer a Llorente en la marca de Oliver. Con ese matiz cambió temporalmente el panorama. Las líneas de pase abiertas de par en par hasta entonces -el Herbalife llegó a firmar 17 de 20 en canastas de dos selladas ante la misma ventanilla bilbaína- ya no lo estuvieron con tanto descaro y los de Casimiro se toparon con el inconveniente de no tener acierto cuando les alejaron del aro. Fueron los mejores momentos de la tarde. La presión vizcaína funcionaba, el público se decidía a sacar las manos de los bolsillos en la nevera de Miribilla y el RETAbet lograba el premio de empatar antes de que O’Neale anotara el 44-46 sobre la bocina.

Un nuevo partido era posible. En apariencia. No en esencia. La canasta hacia la que atacaban los locales había sido ‘doblada’ por Ryan Hollis con un mate que obligó a su recomposición. Quedó tocada para los hombres de negro, erráticos en adelante sobre todo desde la derecha de su ataque. Poco bueno destapó el partido en la reanudación. Tres canastas de campo para ocho puntos producidos en el tercer cuarto por un conjunto ya con señales alarmantes de desmoronamiento. No bastaba con sus gallos, a los que el minutaje también pasaría factura. Su tirador (Bamforth)no tiraba, sus pívots no intimidaban, sus bases no creaban. Los reproches eran legibles, también algún gesto de desaprobación a pie de obra.

Duran tampoco encontró el modo de arreglarlo. Ni con tres pequeños, ni con Llorente y Borg en formato dúo, ni con el regreso de un Tabu cuyo aparente poco nervio intranquiliza a la parroquia. Pero había para todos. Un mal saque de fondo del base madrileño forzó una antideportiva de Mumbrú después de que Buva se hubiera declarado en huelga de brazos caídos en la defensa anterior. El Gran Canaria se envolvió para regalo el presente y ya es oficialmente equipo copero. Hablar de esa conquista, esa meta para los de Miribilla no sería cuerdo. Ni posiblemente justo.

Directo

FINAL EN MIRIBILLA: RETABET BILBAO BASKET 68- HERBALIFE GRAN CANARIA 82. Se esfuman las opciones coperas de los de Carles Duran, desaparecidos tras el descanso por la buena defensa rival. Mumbrú, con 19 puntos, máximo anotador del partido.

Los hombres de negro solo han anotado 24 puntos tras el descanso.

El Bilbao Basket cae derrotado ante el Gran Canaria, que se clasifica para la Copa del Rey.

Final: 68-82.

Anota el segundo. 68-82.

Falla el primero.

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