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El día estaba de que no

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Un momento del partido. / IGNACIO PÉREZ

  • Los pobres porcentajes de tiro y la defensa barcelonista hacen doblar la rodilla a un Dominion sin chispa

Con poco en ataque y mucho en defensa el Barcelona logró pronto encauzar el partido. Dos triples de Perperoglou más un tiro libre pusieron a los del Palau en ventaja 0-7 liberándolos así de cualquier conato de presión. Esa pequeña escapada en el luminoso acabó por convertirse en la tónica de un encuentro en el que los hombres de negro no encontraron el modo de activar su chispa.

Maniatados por la mejor defensa del campeonato, sumaban de punto en punto. La línea de castigo era su sustento en un duelo de pizarras esquivo con el espectáculo. La prioridad era mantener lo más cerrado posible el aro propio y en parte del temario el notable alto se mantuvo como la nota media hasta el último cuarto.

Aunque el Barça sólo tardó seis minutos en llegar a la decena de ventaja no pudo ir a más porque el Dominion también apretaba atrás lo suyo. Pero no facturaban los de Sito Alonso en ataque. Tres testimoniales canastas de campo en el primer cuarto y la renta blaugrana se mantenía porque se remontaba a aquellos siete puntos del alero griego. Sin ellos, el equilibrio era la realidad. Pero si algo perduró en los cuarenta minutos es que la bola no quería pasar por el aro. Picando piedra, variando los argumentos, el Bilbao Basket lo intentó todo.

Llegó a un momento en el que generaba en el juego medio, con Mumbrú organizando como base adelantado en el poste bajo. Desde allí, trató de activar a Bogris y el griego careció de muñeca ajustada. Lo mismo que todo el equipo cada vez que se zafaba del pegamento en los bloqueos y abría un hueco para soltar la mano desde el perímetro. Agua. Hannah firmó el primer triple a cinco minutos del descanso.

Creativos y valientes

La defensa local fue a más y calentó el ambiente. Asumido que era a eso a lo que había que jugar, el Dominion porfió siempre al rebufo, buscando arañar parte de la demora como los pilotos que cuentan con menos potencia y deben ser creativos y valientes en las zonas más ratoneras del trazado.

La clave llegó, posiblemente, en la segunda parte. Se acercaron los vizcaínos. A un punto, a dos. Y nada. Gozaban de posesiones para colocarse al mando pero la sombra de Tomic era demasiado intimidatoria. Pudieron competir hasta el final y buscar el triunfo, aunque para ello era indispensable que en algún momento lograran enviarle un recado a los blaugrana, que se vieran ellos a remolque para ver cómo reaccionaban.

Como no ocurrió, la urgencia apuntaba al Dominion. Si iniciando el último cuarto cinco puntos abajo (43-48) perdían el paso estaban perdidos. Y así fue. En un pis-pas el Barcelona volvió a contar su rédito con dos dígitos con el arranque de Ribas y una tacada estelar de Abrines. Se acabó lo que se daba.

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