
Causa y efecto no van de la mano en la brillante actualidad del Bizkaia. Sus logros deportivos, de primera magnitud continental, chocan con las condiciones en las que debe trabajar en el Bilbao Arena. Contrasta que el nuevo coleccionista de designaciones MVP tenga que entrenar con doce grados de temperatura en Miribilla, el mal humor y quejas constantes de los jugadores y la multiplicación de la posibilidad de que esas condiciones afecten a la salud de la plantilla, en forma de enfermedad o lesión.
La cara amable de la situación es la contundencia con la que los hombres de Fotis Katsikaris han resurgido tras tocar fondo en la Liga. Cinco victorias consecutivas, cuatro de ellas a domicilio, y dos de las tres más recientes con la nominación de D'Or Fischer como mejor jugador de la semana. Engarzada a la ACB, la evolución en el Top-16 de la Euroliga ha logrado su mayor expresión con el apalizamiento que se llevó el Real Madrid de Miribilla. Llegaba con la opción de certificar matemáticamente su pase a los cuartos de final de la mejor competición continental y se fue humillado y con la pelota de torneo ahora en poder de los hombres de negro, capacitados para sellar su pase a la antesala de la Final Four incluso la próxima jornada si amplían su serie de gestas ante el Montepaschi y el Unicaja da a su vez la sorpresa y agranda la herida por la que ha comenzado a desangrarse el Madrid.
La nueva perla de la cuenta incluyó la subida a los altares de Aaron Jackson. Vilipendiado por un sector de la afición madridista y de los medios de comunicación nacionales, el base de Hartford ya tiene en su currículo una nominación como MVP europeo tras su completísima actuación del miércoles, con dobles figuras (15 puntos y 10 asistencias) y una sensación de autoridad, liderato y plasticidad sobresaliente, saldada con 28 puntos de valoración y un muestrario de ataques dignos de la mejor videoteca.
Sobró el desenlace de ver al 'playmaker' forjado en Duquesne abandonar expulsado la pista de Miribilla. Se puede polemizar acerca de si tenía que haberse quedado con la última bola y dar la mano a Llull, aunque estaba en su derecho de intentar anotar la última canasta, azuzado por el ambiente y los gestos de sus compañeros. Y también se puede hablar sobre si fue o no desmedida su reacción ante el 'viaje' que le remitió el base menorquín. Las imágenes de televisión muestran con claridad lo que a todas luces podría ser considerada una agresión del madridista, entendible, que no justificable, desde la impotencia de la situación planteada. Lo mejor, si es cierto lo que dicen, es que los dos protagonistas han sido los primeros en zanjar el asunto y centrarse en los vitales compromisos que les aguardan a la vuelta de la esquina.
Lo que no parece que va a ser posible es que ciertos medios den su brazo a torcer, tozudos ellos en vender el 'blood sign' de Jackson como lo que no es. El gesto del hermanamiento, versión anteojo, fue utilizado por varios hombres de negro como reivindicación. Asunto zanjado desde Miribilla. Y el que lo quiera ver bajo un prisma que desvirtúa la realidad, allá él.
Con lo que no contaban Katsikaris y sus hombres es con las penurias a la hora de entrenar. La semana pasada se quedaron sin cancha en Bilbao, se beneficiaron de las facilidades dadas por el IMD de Barakaldo para trabajar un día en Lasesarre y acabaron adelantando el viaje a Madrid para poder entrenar en condiciones normales. De vuelta a Miribilla, se han topado con una cancha sin calefacción. «Las condiciones son lamentables y estamos más pendientes de que no caiga ningún jugador enfermo. No es lógico que un equipo profesional de este nivel tenga que trabajar así. Tenemos que solucionarlo ya. Hay hasta peligro de lesión. Los jugadores se quejan y pierden la concentración», critica Katsikaris.
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