
Se fueron calientes ambos equipos del Palacio de la Comunidad. Unos por el escozor de la derrota y otros aupados en el subidón del éxito. Conviene recordar que suele ser habitual que chirríen las maquinarias cuando coinciden en los mismos raíles en viajes con una frecuencia tan reducida. Hubo ya un rifi-rafe durante el partido en el que se buscaron Sergio Rodríguez y Axel Hervele, tanto monta, monta tanto. No se trata de fiscalizar a nadie, pero llama la atención que quienes pasaban por allí se lleven la peor parte.
Concluido el encuentro, mientras la mayoría de rivales se saludaban, algo sucedió. La boca, siempre compleja de cerrar. También algún gesto. El canario y el belga de nuevo al lío. En esos momentos, si alguien amagaba con dar un paso adelante se arma el taco. Y pasó. En esto que Aaron Jackson se ofreció como mediador, barrrera humana, física, para evitar que alguno llegara al vestuario con los mocos bien sonados. No esperaba el de Hartford que le surgiera del tumulto una pareja de baile. Fue Singler el que le buscó las vueltas, ardiente como estaba el 'rrokie' tras un mal partido.
El resto no conllevó más elementos innovadores. Bravuconadas, amagos de soltar brazos y multitud de ellos cerrando filas en favor de la paz. Empujones, tozudo el 'Chacho' Rodríguez para no dejar así las cosas y al final cada uno a su nido. Rueda de equipos y a calmar la temperatura bajo el agua de la ducha.
Tampoco hay que rasgarse las vestiduras con la reacción popular. Pero llamó la atención la facilidad con la que dictó sentencia. El culpable no era Hervelle, que minutos después se sacaba fotos con los aficionados en la calle, junto al bus. Era Aaron Jackson. «Jackson muérete» fue desde ese instante la banda sonora en uno de los fondos en el que se acumulaba la mayor representación de las peñas madridistas.
D'Or Fischer interviene
El base del Bizkaia quería correr, saltar y contestar las delicadezas. Para evitar males mayores, D'Or Fischer le placó. Exjugador blanco, quería, seguro, evitarle mayores disgustos. Le sujetó los brazos mientras las manos trataban de reflejar lo que parecían aplausos. Liberado del abrazo del oso, Jackson fue generoso y exclusivo en su lenguaje gestual. Sólo sus anteojos, esa suerte de gesto de triple que popularizó José Manuel Calderón. No hace falta explicar que el público local se lo tomó como lo que no era y no tardó en mostrar su enojo y mucho, demasiado más, a través de las redes sociales. También hubo ración para Gorka Arrinda. El máximo accionista del Bilbao Basket, mientras charlaba en el antepalco, fue insultado por un espectador que le llegó a acusar en el colmo de la legalidad y la locura de que «patrocinas la kale borroka».
Más calmados los ánimos, Aaron Jackson salía del vestuario sin ganas de ahondar en la movida. «No hay que darle muchas vueltas. Dos jugadores que se ponen a hablar y otros que nos metemos por medio. No tiene importancia quién habla primero en ese momento, sino quién habla en el campo y todos intentamos serlo nosotros».
El jugador reconocía a sus allegados sentir la plasmación de la revancha. «Claro que ha sido una venganza, pero no contra nadie. Es algo más personal. Me he vengado yo mismo por un mal partido. También ha sido una revancha para el equipo. El miércoles no se vieron muchas de las cosas que nos caracterizan y debíamos cambiarlo».
Quiere el 'playmaker' , como su equipo, que crezca ese ánimo d erevancha ante lo que se jugarán ambos equipos el miércoles. «Con victorias como ésta demostramos que estamos capacitados para seguir aspirando a lo máximo. Y sabemos que el miércoles nuestro ejército también va a estar en las gradas».
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