
Los caprichos del calendario son cíclicos. Imaginen una situación estrambótica, que el señor Murphy ya habrá reparado en ella y alguna de sus leyes la convertirá en realidad. ¿Posibilidades de que coincidieran dos equipos españoles en el mismo grupo del Top-16? Tres en el lote. ¿Verse las caras en un tramo inmediato? Bizkaia y Real Madrid engarzan tres partidos en una semana. Es en lo que está ocupada la mente de los hombres de negro, en readecuarse, resetear sus circuitos y programas para volver a su ser, para dirigir hacia la batalla abierta a un equipo combativo que no lo fue como se esperaba el miércoles en función de rango continental. Porque cuatro días después, las propuestas de Pablo Laso y Fotis Katsikaris volverán a ser evaluadas sobre el parqué del Palacio de la Comunidad.
Desperdiciada la munición europea, los de Miribilla han hecho acopio del mismo material para esta ocasión. Sus armas son las que son y cambiarlas sería poco práctico. Deben, eso sí, ser usadas con otro tempo, en otro tipo de circunstancias de las mostradas en el Top-16. Mucho tendrá que ver en ello la elección de tiro y si el dichoso cuero naranja tiene a bien pasar por el aro con mayor asiduidad que el pasado miércoles, negado una y otra vez a superar el diámetro del hierro durante la primera parte cuando fue remitido desde la línea de tres. También tendrá que ver si esos lanzamientos son, como mandan los mandamientos iniciales, con la garantía de poder luchar por su rebote, lo que tampoco sucedió entonces. Ello, entre otras cosas, derivó en lo que no querían los vizcaínos, que los blancos corrieran desbocados haciendo de la velocidad un factor desencadenante de su notable superioridad.
También han reprogramado los vizcaínos su materia defensiva. Morder, apretar, aturdir, ser verdaderos inquisidores ante el predicamento madridista. Las líneas de pasa deben ser cerradas a cal y canto con puestos de peaje. Físicamente tienen que sentir los de Laso que no están solos en la pista y hasta entender que si se les pone cuesta arriba el envite, su guerra está más allá de lo que suceda esta tarde en Madrid. Da cierta sensación, de hecho, como de tratarse de un partido de relleno, no despreciado, pero sí dejado en un estante con las mercancías devaluadas. No debería. Desde luego, no para el Bizkaia, que llega con su serie de triunfos ligueros abierta con cuatro muescas esculpidas consecutivamente. Puede caer la quinta que certificaría su regreso a los puestos de play-off.
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