Derrota en Madrid de un Gescrap Bizkaia muy blando. Nunca puede ser obligatorio sacar un resultado positivo en una cancha tan complicada, pero sí debe serlo el competir con mucha mejor actitud que la demostrada ayer por un Gescrap que ayer acusó demasiado la nula participación en el juego de Jackson y D'or Fischer.
FACILIDADES
Cuando se tiene enfrente a un equipo como este Real Madrid de Pablo Laso, con una idea de juego muy clara y jugadores de calidad, o consigues sacarle del ritmo en el que se siente cómodo o las opciones de victoria desaparecen. Si algo tienen los madrileños es que son previsibles en la mejor de sus acepciones. Sabes que van a jugar un baloncesto alegre, con muchos tiros y saliendo al contraataque a la mínima ocasión. Solo hay que ver los 50 puntos encajados por el Gescrap al descanso para confirmar que los de Katsikaris no fueron capaces de poner la más mínima dificultad a los locales. Uno de los mayores beneficiados de este nuevo estilo del Real Madrid es sin duda Sergio Rodriguez. El base canario, una vez liberado del corsé tejido por Messina, disfruta en la cancha y hace jugar a su equipo. Ayer, sin excesiva presión defensiva sobre él, dirigió con mucha comodidad a su equipo mientras que Aaron Jackson no fue capaz de sacar provecho de su punto más débil: la defensa del uno contra uno. Incluso los continuos cambios defensivos realizados por el Gescrap con objeto de incomodar el ataque madrileño se convirtieron en facilidades, al buscar con acierto los locales la ventaja en los desajustes entre hombres interiores y exteriores.
GESTIONAR
Tras el descanso apareció el acierto desde la línea de tres puntos, sin el que los bilbaínos se encuentran muy desvalidos, pero seguían los de Katsikari si elevar lo suficiente su nivel de intensidad defensiva, con Sergio Rodríguez dirigiendo y anotando a placer y sobre todo divirtiéndose sobre la cancha, algo muy peligroso para sus rivales. Con Jackson y D'or Fischer desaparecidos en combate la cosa no pintaba especialmente bien para el Gescrap, pero de repente una ramalazo de genio que pilló a los de Laso con el pie cambiado supuso un parcial de 0-10 que colocó el 69-65 en el marcador al comienzo del último cuarto. Pero el sueño se volvió pesadilla enseguida, repitiéndose por enésima vez una horrorosa gestión de los minutos finales en los que casi tan importante como pelear por la victoria era no perder por un resultado demasiado abultado. Precipitaciones, tiros sin sentido y sobre todo nula actividad defensiva sobre el base rival son excesivas concesiones para un Real Madrid que en un abrir y cerrar de ojos resolvió el choque y puso muy caras las opciones bilbaínas de clasificación.
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