
El 'efecto Miribilla' tiene un radio de acción reducido. Lástima que no pueda ser embotellado de algún modo para que los hombres de negro pudieran disponer de sus cualidades también cuando se transforman en un equipo viajero. Dos partidos lejos de Miribilla saldados con derrotas. Tres al amparo de los suyos y pleno de victorias. El tropiezo de ayer era hasta cierto punto imaginable. Se unía la entidad de un Barcelona de nuevo con una plantilla de ensueño y las menos de 48 horas transcurridas desde el emotivo estreno en la Euroliga y la energética victoria ante el Olympiacos.
La ocasión contaba, además, con un lastre emocional. Sería muy complicado sacar algo en claro de Roger Grimau el día en el que, como quería, se despedía del Palau tras ser uno de sus iconos, el protagonista de la recepción de nueve de los trece trofeos ganados por los blaugrana en su estancia en el Palau. No, no es un eximente, sino una simple anotación a pie de página para verificar que no se trataba de una jornada especial.
El Barcelona comenzó mandón, duro en defensa y excelso en la puntería. Dominó la pintura, que era el eje, el centro de operaciones que ambos entrenadores perseguían, aunque con muy distinto alcance en la munición. Se arrancó Lorbek por peteneras. Le siguió en el relevo Perovic. El agujero estaba hecho y por él iban cayendo los puntos del lado culé. ¿Y quién se iba a encargar de engrandarlo, de darle aún mayor diámetro? Pregunta sencilla, no lo nieguen. Juan Carlos Navarro, el que decían que estaba un poco espeso. Su densidad se midió con 27 puntos en 24 minutos. Sin comentarios.
Lo intentó farragosamente el Bizkaia, pero si además de lo que tiene enfrente se topa con un día nublado en la mente de Jackson, problemas de faltas incipientes de nuevo para Blums, un Banic en modo diésel y Mumbrú reñido con la efectividad en el poste bajo, cualquier indicio de recuperación estaba condenado al fracaso. El último llegó cuando los de Katsikaris se colocaron a seis puntos tras haber cedido trece. Espejismo. El de siempre, el que porta el 11 de los antaño extremos izquierda futboleros dijo que no era el día, en el 40 aniversario del Palau, de dar facilidades. Martillo pilón, desescombro y a sus órdenes Mickeal, Perovic, Fran Vázquez y Lorbek a lo suyo.
Anotaron todos los de Miribilla, Hampl siguió creciendo por necesidad en el guión. Tomémoslo como una inversión para otra cita histórica: el primer partido de Euroliga a domicilio en Nancy.
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