
Los aledaños del Bilbao Arena están ya desalojados. Apenas quedan aficionados y familiares a la espera de los últimos rezagados. Entre un grupo destaca por altura y sonrisa Martin Rancik. Se acercan a él con el típico gesto de pleitesía. «Noooo, por favor», solicita. Con la congestión en el rostro por el esfuerzo realizado hasta media hora antes, el pívot eslovaco aleja la mirada cuando se le habla con extrañeza de la falta de ofertas que le mantienen, «hasta el miércoles» como jugador temporal en el Bilbao Basket. Parece que ni su gran actuación de ayer impedirá lo que sabía que sucedería, un cambio de aires en cuanto Axel Hervelle esté operativo. Y parece que será ya. El belga trabajó junto a Javi Rodríguez en la misma pista del partido mientras los dos equipos se encontraban aún amparados en la protección de los vestuarios. Ejercicios de carrera y tiro supervisados por Pere Romero a pie de cancha. Ambos parecen cercanos a su condición de aptos.
Periodistas valencianos aprovechan la oportunidad para tirar al plato. Le recuerdan a Rancik que el Power Electronics busca un pívot que supla al lesionado Augustine. El poste de Nitra ríe y remite el interés «a mis representantes». Atraviesan por su mente sensaciones dispares. «Claro que estoy muy contento, figúrate», rebobina para referirse a la ovación cerrada, con el público en pie, que se llevó de premio ya antes del descanso. Repetiría ración con la victoria ya bajo el brazo.
Fue el MVP de los hombres de negro haciendo de Marko Banic. Las faltas mermaron al croata y el eslovaco acabó siendo el jugador más utilizado del partido (33 minutos). Se fue hasta los 18 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias para una valoración global ACB de 21. Lo bueno es que dejó constancia de una realidad. Que a sus 32 años tiene cuerda, que están no solo olvidados sino reconducidas las consecuencias de sus viejos problemas físicos, aquellos que en su anterior etapa como hombre de negro dejaron ver su 'demasiado corazón', juego de palabras que desvelaba a un hombre que se toma la vida con ansia. Bueno, lo hacía hasta que el pasado año, sabático, recondujo y ordenó sus prioridades.
Rancik tiene previsto hablar de su futuro estos días. Su compromiso con el Bizkaia concluye el miércoles y el abanico de posibilidades para que prosiga en Bilbao es muy limitado. Quizá para darle algún día más de adecuación a Hervelle o quedarse como una bala en la recámara ante cualquier contingencia en forma de lesión. Su mirada es ambigua. En ella se confunden la excitación tras el partidazo y las muestras de afecto y la nostalgia por despedirse de tan hermoso panorama. Se ha ganado a pulso tener suerte. Ha trabajado como un jabato. Pero también en un equipo de baloncesto existe el aforo limitado.
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