
Ser asiduo al BEC va a comenzar a ser incluido como factor de riesgo coronario. Por segunda semana consecutiva, el respetable tuvo que gritar, agobiarse, tirarse del pelo, estirar el cuello, taparse la cara, sufrir para después gozar cuando el aliento ya le era ajeno. Ante el Murcia fue la famosa canasta de Salgado, lo que en Italia llaman la del 'Ave María'. Ayer le tocó el turno a Blums con un par de triples menos extremos en lo temporal, pero con idéntica carga crítica por la desventaja en el luminoso. El letón marcó la equis en su esquina favorita y descerrajó dos disparos que tumbaron a un Cajasol que cometió sólo un error: creerse ganador antes de tiempo. Así, un partido que los locales llevaron a contra corriente durante 39 minutos y 2 segundos lo convirtieron en su sexta victoria consecutiva. Un dogma en toda regla.
Al menos en algo nadie salió defraudado. Se preveía un encuentro complicado, incómodo. Así es la propuesta del Cajasol de Joan Plaza, un técnico sectario cuando se habla de la defensa. Es su predicamento, lo que busca que hagan sus hombres. Lo que hicieron durante casi todo el partido. Cerraron líneas, apretaron, incordiaron y le echaron toda la casta del mundo, provocando robos y segundas acciones ante la desesperación de una parroquia que se temía lo peor, que en este caso era que la flor se marchitara. Pero, por lo visto, aún le queda buena parte del abono que le ha suministrado Fotis Katsikaris.
La fórmula sevillana encajó como un guante en la disputa. Con un arbitraje lamentable, que pasó de hiperactivo a pasivo en un santiamén -es un desprecio al estamento que Arteaga siga siendo considerado el número uno del ránking-, el Cajasol fundamentó su dominio tras una técnica con que Santi Fernández clavó dos faltas a Mumbrú a las primeras de cambio. La protesta del internacional fue en adelante repetida en ambos bandos con total impunidad, pero propició el primer despegue para los andaluces.
Mientras los hombres de negro dejaban ver su lado débil, especialmente en ataque, los cajistas comenzaban a sentirse a gusto y Plaza se permitía el lujo de economizar el gasto entre algunos de sus teóricos pesos pesados, hasta el punto de afrontar un par de fases del encuentro sin un base en pista. Al Bizkaia le devoraba la oscuridad, agravada por un fallo en el reloj de posesión de la canasta a la que atacaba, que le mantuvo 'a ciegas' los dos primeros cuartos. La misma carencia la padeció el visitante en la reanudación. Pobres porcentajes de tiro y muy escasa producción anotadora. Seibutis anotó el primer triple tras nueve intentos, cuatro de ellos de Salgado. Warren capturaba los rebotes que Moiso dejaba huérfanos. Indefinición a espuertas.
El aspecto de la herida no descartaba el riesgo de gangrena. Era necesaria una alternativa quirúrgica agresiva. Y llegó tras el descanso. Fue como si ambos equipos cambiaran sus esencias. Visto el decorado, los árbitros miraron al tendido y el Bizkaia lo aprovechó. Warren era un catalizador cuando los bases traspapelaban el plan de vuelo y Mumbrú volvía al ruedo tras recoser los galones. El equipo debilitado en ataque dejó de serlo. Anotó cinco de cinco en sus primeras tentativas y ello dio origen a la manida frase de 'hay partido'. Pero el Cajasol, sorprendido por la que se le venía encima, no acababa de claudicar, no dejaba hueco para que le entrara el estoque de descabello. Mostraba su egoísmo al negarse a ceder el mando en el luminoso.
Demoledores
Pareció todo perdido cuando los vizcaínos se colocaron a tres puntos (54-57) con cinco minutos por delante. Los siguientes 180 segundos fueron demoledores. Sin anotar, aunque los sevillanos sólo sumaban una canasta más. Todo dispuesto para la muerte súbita. En ella emergió Janis Blums. Dos triples seguidos y con el segundo primera ventaja en todo el partido (60-59) a falta de los 58 segundos. Y la histeria reinó en el BEC, que ayer reunió contra pronóstico -puente festivo y Athletic- a más de ocho mil fieles. Porque eso son, creyentes. Con sólo dos faltas de equipo, todo estaba a favor. Aún hubo que devorar un buen número de uñas, cuando Arteaga dio tres tiros libres a Kirksay por una falta de Mumbrú en la que el contacto se produjo con el balón a la altura de la cadera. El 'killer' del Bronx falló los dos primeros. Y el tercero, que lo tiró a errar, lo enchufó. Y más inquina. Falta sobre Salgado que el de Santutxu no concreta en dos puntos más. Se le quedó un lanzamiento desde la línea de castigo en el aire. Ellis dispuso de un balón para empatar, pero lo repelió el aro. Y colorín colorado, sexto triunfo seguido para un Bizkaia de fábula, por lo imaginario.
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