
Hay margen. De confianza, de movimiento, de tiempo. Lo tiene un equipo solvente y el Bizkaia BB reclama su derecho a serlo. Le ha visto tanto las orejas al lobo que está harto de la cercanía con el cerumen canino. Busca espacio, aire, un terreno menos abrupto en el que edificar su futuro. Todo pasa porque sea capaz, como ayer, de hacer valer el sentido común, de establecer pautas de comportamiento atrincheradas en la lógica. Sin experimentos. No está el laboratorio como para dar más partes al seguro.
Poco a poco va entrando en la mollera que la defensa es el pilar de la filosofía baloncestística. En Europa es un dogma de fe y el técnico griego se declara fiel seguidor de dicha doctrina. Combinando sus juncos trenzó una jaula que detuvo los ímpetus manresanos. Con aparente facilidad. Buena señal. El peor equipo reboteador se merendó (22 capturas más) a un rival que se las da de dueño de la pintura. El feudalismo cambió de manos y así fue posible la apertura, la democracia -la palabra helena más universal por su significado-. Katsikaris tuvo el tacto de un bregado pescador de caña. Supo dónde colocar el señuelo y logró que su equipo jugara con el carrete a la hora de cobrar la pieza. Ahora con energía, después dando línea y de nuevo con firmeza. Y el Manresa al zurrón. Buena captura.
Sólo hizo falta ver la plenitud con la que Katsikaris enfiló la ruta al vestuario, con la frente alta, mirando al tendido y agradeciendo con un aplauso los olés recibidos. Estaba satisfecho. Había ganado en Europa por partida doble, pero necesitaba sacarse el clavo oxidado de la ACB. Dolía. Le incomodaba más de lo que se podía apreciar. El alivio ya es su nuevo compañero de viaje.
Tardaron los hombres de negro en cincelar el bloque remitido desde las canteras manresanas para dotarlo de su forma elemental. Hubo apuntes que invitaban a un prematuro optimismo. La segunda personal de San Miguel a los dos minutos que dejó sin luz el faro barcelonés; la capacidad de Mumbrú para llevarse al huerto a Grimau en el poste bajo; la orden de busca y captura que Chris Warren firmó con Montañez como destinatario. Pero el dominio no aparecía. Empate en el luminoso, pocas opciones de ataque y un equilibrio peligroso de contar con continuidad.
Todo empezó a cambiar con la colocación en el tapete de la ficha con el número 14. Sí, la de un Javi Salgado ayer vituperado y hoy alabado, un base que cuando se siente jugador es como los toreros de ley. Javi Rodríguez no había prosperado en la creación y el de Santutxu tomó su relevo. Además, Blums salió a la pista de baile al unísono con ganas de marcha. Quizá sea que le 'pone' escuchar desde las gradas el canto de guerra del 'Daddy cool'. Es la señal que anuncia la llegada de su ira triplista. Con su primer acierto, de los seis que acumuló, más la réplica aportada por Salgado, el Bizkaia comenzó a mostrar su vena de anfitrión mandón.
Estribillo polifónico
Marcada la senda, el resto de los locales se dedicaron a seguir el estribillo aprendido. Mumbrú y Banic se apuntaron como segundas voces para alcanzar la polifonía. El coro sonaba realmente bien. El público, siempre soberano -y más cuando se deja llevar por la batuta de las peñas y tira de gritos, aplausos y aplaudidores-, quería más. ¡Bueno es! Así, murmuraba y llegaba incluso a desesperarse al percibir el brazo enjuto de Markota, diezmada su otrora conocida ansia lanzadora por algún extraño motivo. Hasta Katsikaris y Pueyo le reclamaron con gestos desde la banda que soltara la mano. En su defensa cabe apuntar que pecó de espíritu colectivo, lo que no siempre es bueno. En el tercer cuarto arregló la situación con dos triples seguidos desde la misma marca que visualizó en una esquina.
El Manresa caminaba ya cabizbajo por el parqué de Ansio. Los zarpazos de Cusworth cuando no tuvo delante a Moiso eran su único recurso ante el toque de ataque que interpretó Blums. Eso y los tiros libres (lanzó 25), la batalla sin tregua que casi hizo en solitario Montañez y salpicaduras de la calidad de Gladyr. La defensa vizcaína había alcanzado la sala de máquinas de los de Ponsarnau. El hundimiento catalán era inevitable. Para que no faltara de nada, Katsikaris logró alinear a todos sus jugadores y cada uno de ellos aportó torpedos. Defensa y puntos, el menú del día. Hervelle mejor cerca que lejos del aro; Rodríguez llegando desde atrás para entrar en meta sin perder segundos; Moiso revitalizado por la generosidad de Salgado que le regaló dos 'alley-oops'; Paco Vázquez activo y con olfato desde la línea mágica; y Seibutis probando su maltrecha espalda. Ignición y despegue, confirmados.
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