
El BEC estalló a las 22:05 horas. Tras un último cuarto muy dañino para los que sufren del corazón, el Bizkaia Bilbao Basket saltó de alegría. Personal antideportiva del Donetsk. ¡Se acabó! A la siguiente fase. Pocos esperaban una noche de máxima angustia. «Son demasiados partidos seguidos perdidos. Parece que algo falla», decía Rafa antes de sentarse junto a su amigo Jon en una de las tribunas del BEC, sin esperar tanto sufrimiento posterior. «Si no se ponen hoy (por ayer) las pilas, chapamos la persiana», subrayó Iñaki tras la primera canasta de Javi Rodríguez.
Aunque en menor número que en ocasiones precedentes en el BEC, el público entendió la trascendencia del choque ante los ucranianos. Con el 4-0, con sólo dos minutos jugados, ya cantó el «A por ellos», que suele escucharse más allá del descanso. La ocasión lo merecía. A 6:17 para el final del primer cuarto la ventaja ya estaba neutralizada. 9-0. «Venga, ahora a perder tiempo», soltó con humor Markel, un joven aficionado.
Pero no, esto es baloncesto y no iba a resultar tan fácil. Y tanto. La salida de Moiso también reforzó la unión entre afición y equipo. Ovación. «No sé lo que pasa con este chico, pero no es normal. Y estas cosas pasan factura en los resultados», había comentado una chica, con bufanda negra al cuello.
El volumen de decibelios subió de nuevo en el segundo cuarto, con el 29-19. «Hoy sí están defendiendo algo más», se escuchaba. No había comentarios dañinos. Ni demasiados nervios. Sobre todo porque el 'marrón' de Donetsk se despejaba poco a poco. 53-31 al descanso. «No digas nada hasta el final del partido, que eres un gafe», gritó un aficionado al encontrarse con un conocido. «Joder, son 22 puntos», le respondieron. «Déjate, déjate», concluyó el primero. «¿Cuánto le metió el Madrid al Bilbao Basket el otro día en el segundo cuarto? 30-10 ¿no? Pues ahora el Bilbao Basket le ha metido 30-12 a estos», recordó Ramón.
Suspiros
Las caras de los aficionados que iban durante el descanso al servicio, a por un refresco o a comer un perrito caliente, transmitían relax. Algunos hasta suspiraban de alivio al encontrarse con amigos o al mirar a compañeros de localidad. Era cuestión de ir jugando con las ventajas. Pero el tercer cuarto resultó nefasto (12-29). Gestos de incredulidad entre los aficionados. Y los suspiros, desde entonces, fueron ya desufrimiento.
Los pataleos y gritos de ánimo tuvieron que multiplicarse. «Creía que estaba ganado pero no», se oía en las gradas del BEC. El último cuarto fue de infarto. La afición estuvo de diez en esos momentos claves del partido. Hubo hasta quien miró al cielo y se santiguó. Otros no querían ni mirar. Demasiado sufrimiento. El público remontó.
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