Con el ánimo por los suelos

Con el ánimo por los suelos

Un RETAbet destrozado, sin alma, se hunde a las primeras de cambio ante el Estudiantes y se empeña en complicarse la vida para lograr la salvación

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

No hay manera. Sin defensa, sin capacidad para cerrar el rebote, ni tampoco para anotar, sin fluidez, permisivos con el oponente... El RETAbet es un equipo sin alma, destrozado y con el ánimo por el suelos. Esa es la definición que se puede realizar ahora mismo de un Bilbao Basket que este domingo no ha tenido nada que hacer ante el Movistar Estudiantes. Salvo el pundonor del capitán Mumbrú, las gotas de inspiración de Javi Salgado –los veteranos–, y un Redivo capaz de anotar pero también de dejar que su oponente se luzca, el grupo de Veljko Mrsic firmó el manual del perfecto despropósito para una formación empeñada en complicarse la vida para conseguir la salvación. No es normal que, en su situación, se le endose casi 100 puntos, porque el primer paso para sobrevivir en la ACB es la defensa. Ya solo saca un triunfo al colista, el Joventut, y el basket-average con el Betis le salva de lucir la etiqueta descendido. Toca juntarse, unirse y el duelo del miércoles en Miribilla contra el Herbalife es ya más que una final: este grupo necesita un electroschock.

El RETAbet precisaba ganar como un girasol necesita del astro rey en su día a día para desarrollarse. Y más después del triunfo matinal del Burgos en Fuenlabrada, a 30 kilómetros del WiZink Center, el escenario en el que el Bilbao Basket había previsto redimirse de sus pecados, de la bochornosa derrota en Zaragoza y el amargo trago de Domingo de Resurrección ante el Iberostar Tenerife. En el que pretendía recuperar ese colchón que se ha esfumado en lo que tarda Usain Bolt en recorrer los cien metros. Sin embargo, salvo esos instantes iniciales de tanteo, con un Thomas enchufado (seis de los ocho puntos iniciales de su grupo), los hombres de negro no dieron ninguna sensación de mejoría, de haberse armado y saltado a la cancha con la intención de olvidar sus errores y comenzar la carrera definitiva a la salvación. Eran los mismos de siempre.

¿Por qué? Pues debido a que dejaban a Estudiantes anotar con facilidad –28 puntos en contra en el primera parcial, y 54 antes del descanso–, la fuerte defensa solo era una cuestión teórica, no práctica, y proseguía con esa falta de confianza y creatividad para anotar; y eso que Veljko Mrsic concedió de inicio la batuta a Javi Salgado –se le echaba en falta– y los vizcaínos fueron capaces de frenar a Landesberg –48 puntos la anterior jornada– durante siete minutos. Además, Thomas, puntal en la pintura, penaba con tres faltas demasiado pronto, y Redivo se lucía con tres triples consecutivos y, de repente, cometía imperdonables errores en la defensa de su canasta. De esta manera, es imposible que el Bilbao Basket domine los encuentros y los locales se pusieron por delante en el marcador para cerrar siete arriba el primer cuarto.

Y sin grandes alardes, a nada que forzó una pizca el motor, el Movistar arrolló a los hombres de negro para destrozar las distancias y colocarse +18 (48-30). Parecía que el partido ya estaba roto –hace quince días así sucedió en Zaragoza–, pero el grupo de negro no se entregó, no hincó la rodilla en la tierra en señal de rendición. Ni mucho menos. De la mano de Salgado, activado de nuevo por el preparador balcánico tras otorgarle un respiro, el RETAbet recortó distancias: dos triples del base de Santutxu ,otro de Hervelle, entre medias una canasta de dos. Había esperanzas, aunque los madrileños aún lideraban el encuentro (50-41). No obstante, de ahí al descanso, solo ocurrió una cosa, la peor para un equipo que parecen actores en busca de autor, perdidos en el parqué: el Movistar anotó cuatro puntos y, de nuevo, esa renta de más de diez puntos.

Solo maquillar el resultado

Que no hay forma, vamos. Porque a pesar del espectacular tercer cuarto en ataque de Mumbrú (14 puntos anotó el capitán en este parcial), los problemas proseguían. El Estudiantes, cómo no, continuaba por delante y, solo en una ocasión, los hombres de negro bajaron la distancia en contra de esa barrera de los diez puntos (72-63). Al final, doce abajo, una distancia, a priori, salvable, pero solo si el RETAbet fuera un bloque con confianza y esforzarse en pos de un triunfo que debía viajar a Bilbao. Pero es que el RETAbet nunca ofreció la sensación ni la esperanza de poder remontar, ni siquiera acercarse al Estudiantes. Y para mayor fatalidad, se activó el factor Landesberg... Vamos, que una voltereta se preveía tan complicada como que deje de llover en Euskadi.

Es más, solo hubo que esperar a los primeros pasos del cuarto final para percibir que el grupo de Mrsic no tenía nada que hacer. Aceleró una pizca el Estudiantes, tampoco es que fuera exagerado, y se fugó a casi 20 puntos (92-75, a falta de tres minutos). Solo les quedaba al Bilbao Basket maquillar el resultado, que el marcador luciera una derrota honrosa. Y en ese se aplicó en el ocaso del encuentro. Pero lo que queda es otro partido perdido, una nueva oportunidad tirada a la basura y, a falta de siete jornadas para el final, sigue empatado a victorias con el penúltimo Betis –solo el basket-average le salva del descanso– y una por encima del colista Joventut. La agonía sigue. El siguiente capítulo, el miércoles en Miribilla contra el Herbalife (20.00 horas). Ahí, la marea negra deberá ser un maremoto para espolear a su tropa hacia un triunfo que no puede esperar.

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